Una bolsa de ropa llega. Alguien la recibe, anota el pedido, pone en marcha la máquina. Más allá, con cuidado y precisión, otra persona dobla una sábana recién lavada. Podría ser una lavandería cualquiera de Rosario. Pero en Tucumán 2807, casi esquina Ovidio Lagos, en el barrio de detenidos.html" class="auto-link">Pichincha, pasa algo mucho más profundo.
Ahí funciona Coopelav, una cooperativa de inclusión sociolaboral integrada por diez personas que reciben atención en el Centro Regional de Salud Mental 'Dr. Agudo Ávila'. Desde noviembre de 2023, trabajan, cobran una remuneración, se reparten las tareas, participan de reuniones y toman decisiones sobre su propio emprendimiento. Son trabajadores. Y también son socios.
El proyecto nació impulsado desde el servicio de Salud Mental del Agudo Ávila, en el marco de la Ley Nacional de Salud Mental 26.657, que promueve la construcción de dispositivos sustitutivos al encierro manicomial y apuesta por la inclusión social y comunitaria como parte del tratamiento. En ese espíritu, Coopelav no es solo un emprendimiento productivo: es una apuesta política y terapéutica.
María Victoria D'Oliveira, trabajadora social y socia de la cooperativa, explicó el origen de la iniciativa: «Es necesario pensar en otras cuestiones, además del tratamiento, como lo habitacional y lo laboral. Surgió esta inquietud de cómo incluir a las personas con un padecimiento subjetivo en un espacio laboral que puedan sostener, acorde a sus posibilidades, y que tenga la característica de que sea un trabajo colectivo».
El camino comenzó con una capacitación en el Club Juventud Unida, donde los futuros socios aprendieron el oficio de lavandería y, al mismo tiempo, los principios del cooperativismo. Luego llegó el inmueble de Tucumán, una beca del programa Nueva Oportunidad y un subsidio que permitió comprar las primeras máquinas e insumos. Hoy Coopelav cuenta con lavadoras y secadoras eléctricas y a gas, funciona de lunes a viernes de 9 a 18 y atiende a vecinos, familias, estudiantes y también brinda servicio de blanco a hoteles y restaurantes.
La ubicación no es casual: Pichincha es un barrio con fuerte presencia universitaria, cercano a las Facultades de Medicina, Ciencias Bioquímicas y Farmacéuticas y Odontología de la UNR, lo que garantiza una demanda constante de clientes jóvenes que necesitan el servicio.
Las tareas se distribuyen según las posibilidades y los gustos de cada integrante. Hay quienes se ocupan de la atención al público y la caja, otros trabajan con las máquinas, y algunos lavan, secan o doblan. Todos son parte: Patricia, Sonia, Roberto, Fernando, José Luis, Emiliano, Juan José, Luciano, Ana y Juan.
Patricia, una de las socias trabajadoras que transita un tratamiento ambulatorio en el Agudo Ávila, definió a Coopelav como una posibilidad «superadora»: «Es un trabajo remunerado y estamos bajo la tutela del Agudo Ávila. Le damos un servicio a la comunidad; lavamos la ropa y percibimos una remuneración por mes». Trabaja los martes y jueves, como el resto de sus compañeros en sus días asignados.
Pero el espacio de Tucumán es todavía más amplio. En el mismo edificio funcionan talleres y propuestas de formación vinculadas al Centro Cultural Gomecito del Agudo Ávila, y en la planta alta opera una Casa Asistida para acompañar los procesos habitacionales de quienes lo necesitan. «No solo es garantizar el tratamiento en salud mental, sino también la cuestión habitacional, laboral y otras dimensiones de la vida», sintetizó D'Oliveira.
El proyecto cuenta además con el acompañamiento del programa Germinando, una iniciativa del Ministerio de Igualdad y Desarrollo Humano de la provincia de Santa Fe orientada a facilitar el acceso al trabajo y fortalecer emprendimientos colectivos. La cooperativa continúa formando nuevas personas en el oficio con perspectiva cooperativista, con la intención de seguir creciendo y sostener el proyecto en el tiempo.
En un contexto donde la salud mental sigue siendo una deuda histórica del sistema de salud argentino, Coopelav demuestra que el trabajo colectivo, la autonomía y la dignidad laboral pueden ser, también, una forma de sanar.

Comentarios (13)
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Qué proyecto hermoso. Esto es lo que debería multiplicarse en toda la provincia. El trabajo dignifica y más cuando es colectivo. Ojalá el gobierno le dé más presupuesto y apoyo.
Muy lindo el proyecto pero ¿cuánto les pagan? Porque si es una miseria tampoco es tan superador. Que quede claro cuánto cobra cada socio.
Respondo al que pregunta por el sueldo: en las cooperativas la remuneración se llama 'retiro' y depende de lo que factura el emprendimiento. No es un sueldo fijo. El punto no es solo el dinero sino la inclusión, la rutina, el sentido de pertenencia. Eso también tiene un valor enorme para alguien que transita un tratamiento de salud mental.
Sí, entiendo todo eso, pero la dignidad también pasa por cobrar bien. No me vengan con que el 'sentido de pertenencia' reemplaza un ingreso digno. Ojalá que les vaya bien y puedan crecer.
Conozco el Agudo Ávila de cerca, tengo un familiar que se atiende ahí. Proyectos como este hacen una diferencia enorme en la vida de las personas. No es solo lavar ropa, es tener un motivo para levantarse, para salir, para relacionarse. Gracias a todos los que lo hacen posible.
Y mientras tanto los hospitales públicos se caen a pedazos, falta medicación, los psiquiatras se van al privado porque no les pagan. Muy lindo el proyecto pero que no tape los problemas estructurales del sistema de salud mental en la provincia.
Totalmente de acuerdo con lo anterior, pero no son cosas excluyentes. Se puede aplaudir esto Y exigir más presupuesto para salud mental al mismo tiempo. No hay que elegir.
Vivo en Pichincha y la verdad que no sabía que existía esto. La próxima vez que necesite lavandería voy a ir ahí. Doble motivo para elegirlos.
¿Y por qué solo en Pichincha? Esto debería replicarse en los barrios del oeste, en el sur, donde hay más necesidad todavía. Que no quede solo en el centro.
Soy trabajador de salud mental y puedo decir que proyectos como Coopelav son exactamente lo que la Ley 26.657 tenía en mente cuando habló de dispositivos sustitutivos. El problema es que dependen de subsidios y voluntades políticas. Necesitan financiamiento estable y permanente.
Patricia, Sonia, Roberto y todos los demás: ¡fuerza! Que sigan adelante. Esto es más valioso de lo que mucha gente entiende.
El programa Germinando de la provincia es una buena herramienta pero hay que ver si tiene continuidad con los cambios de gestión. Ojalá que este tipo de proyectos queden blindados de la política y sigan funcionando pase lo que pase.
Me emocione leyendo esto. Que bueno que existe gente que piensa en los que más lo necesitan. Abrazo grande para todos los de Coopelav.