En el fútbol, Argentina es campeona del mundo. Pero hay otro partido, uno que se juega todos los días y sin cámaras, donde el país pierde por goleada: el del ambiente. Y el marcador, según el informe más completo del año sobre el tema, es lapidario.
La Fundación Ambiente y Recursos Naturales (FARN) presentó el IAF 2026, su informe anual que radiografía el estado ambiental del país con datos duros, compromisos incumplidos y un diagnóstico que incomoda. La conclusión es clara: Argentina llega al tramo decisivo hacia 2030 sin haber hecho los deberes.
El primer dato que golpea: según el último Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero, en 2022 el país emitió 401 millones de toneladas de CO₂ equivalente. El sector energético concentró aproximadamente el 50% de esas emisiones, y más del 80% de la matriz energética primaria sigue dependiendo de combustibles fósiles. No es una tendencia nueva, pero tampoco hay señales serias de que vaya a cambiar pronto.
El informe usa lenguaje mundialista para describir la situación, y no es casualidad: «El VAR no deja lugar a dudas», señala la FARN, citando el Emissions Gap Report 2025, que ubica a Argentina entre los países del G20 con menor probabilidad de cumplir sus compromisos climáticos para 2030. Una sentencia difícil de ignorar.
¿Cuánto más puede deteriorarse el panorama? Bastante. Argentina no presentó su tercera Contribución Determinada a Nivel Nacional (NDC), que vencía en 2025, profundizando la incertidumbre sobre la hoja de ruta climática del país. Tampoco cumplió con la obligación de presentar su Reporte Nacional de Biodiversidad ante el Convenio sobre la Diversidad Biológica, cuyo plazo venció en febrero de 2026. Dos incumplimientos internacionales en menos de un año.
En materia de biodiversidad, el cuadro es igual de preocupante. Las áreas protegidas terrestres representan apenas el 13% del territorio continental, y las marinas el 7% de la plataforma submarina. El Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal exige llegar al 30% en ambos casos. Estamos muy lejos.
La Administración de Parques Nacionales (APN) gestiona 55 áreas protegidas que abarcan 18,48 millones de hectáreas, pero la designación formal no alcanza si no hay recursos para gestionarlas. Y acá viene el dato que más duele: el presupuesto destinado a la APN cayó un 32,3% en términos reales respecto a 2023. Menos plata para cuidar más territorio. La ecuación no cierra.
El problema de la tierra también es crítico. Cerca del 70% del territorio nacional corresponde a tierras secas, y más del 80% de ellas muestra algún grado de degradación. La destrucción de bosques nativos acelera el proceso: a menor cubierta vegetal, mayor erosión, mayor pérdida de nutrientes, mayor desertificación. Un círculo vicioso que avanza sin freno visible. A escala global, hasta el 40% de las tierras del planeta ya están degradadas, afectando a más de 3.200 millones de personas.
Argentina ratificó el Acuerdo de París en 2015 y construyó una arquitectura institucional que, sobre el papel, parecía sólida. Once años después, esa arquitectura muestra grietas profundas: desfinanciamiento, retrocesos normativos y el avance de proyectos que comprometen los bienes comunes. La FARN lo dice sin rodeos: hay que «parar la pelota y cambiar la estrategia».
El tiempo no sobra. El hito de 2030 está a menos de cuatro años, y los compromisos asumidos ante la comunidad internacional siguen sin traducirse en políticas concretas y sostenidas. En el fútbol, un equipo puede remontar un partido en los últimos minutos. En el ambiente, los tiempos son otros, y los goles en contra se pagan caro.

Comentarios (13)
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Impresionante cómo en el fútbol somos los mejores del mundo y en esto somos de los peores del G20. Dos caras de la misma moneda: cuando hay plata y voluntad política, se puede. Acá no hay ninguna de las dos.
Che, pero esto no es de ahora. Todos los gobiernos anteriores también prometieron y no cumplieron con París. No me vengan a cargar las tintas solo a este.
Nadie dijo que los anteriores lo hicieron bien, Tano. Pero bajar el presupuesto de Parques Nacionales un 32% en plena crisis climática es una decisión activa, no una herencia. Hay diferencia.
Y encima no presentaron el informe de biodiversidad que vencía en febrero. O sea, ni siquiera el papelerío cumplieron. Una vergüenza.
Trabajo en educación ambiental hace 15 años y esto que describe el informe lo vemos en el territorio todos los días. El 80% de las tierras secas degradadas no es un número abstracto, es el campo de la gente que ya no puede producir.
Lo que más me preocupa es lo de las tierras secas. El 70% del territorio nacional y más del 80% degradado... eso es una bomba de tiempo para la producción de alimentos. ¿Alguien en el gobierno está leyendo estos informes?
Siempre con el alarmismo. El planeta lleva millones de años cambiando, esto es un ciclo natural.
Con todo respeto, eso que decís es exactamente lo que los negacionistas repiten hace 30 años mientras los datos van en la dirección contraria. El IPBES, el IPCC, la NASA... todos dicen lo mismo. En algún momento hay que escuchar a la ciencia.
Yo soy del interior y veo cómo se queman los campos cada verano. Antes no era así. Que me vengan a decir que es un ciclo natural cuando mi viejo perdió animales en el último incendio.
El río Paraná bajó a niveles históricos hace unos años y todavía no aprendimos nada. Seguimos igual. Esta nota debería estar en todos los portales, no solo acá.
Hay que reconocer que la FARN hace un trabajo serio y sostenido. Ojalá los funcionarios leyeran estos informes con la misma atención con la que miran las encuestas.
401 millones de toneladas de CO2 y el 80% de la energía de combustibles fósiles. Eso no cambia de un día para el otro, pero tampoco cambia si nadie hace nada. Necesitamos un plan serio de transición energética ya.