Lo que dejó Miguel Ubaldo Ignomiriello no se mide solo en partidos ganados. Se mide en futbolistas que crecieron bajo su mirada, en estructuras que él construyó cuando nadie pensaba en eso, en una forma de entender el fútbol que en Argentina todavía era novedad. Este viernes 7 de agosto, el fútbol argentino se despidió de uno de sus grandes formadores: Ignomiriello murió a los 99 años, y la noticia llegó con el peso de una historia enorme.
Su nombre está grabado en varios clubes, pero en Rosario Central tiene un lugar especial. Llegó a Arroyito en 1967, convocado por el entonces presidente Adolfo Boerio, con el encargo de reorganizar las divisiones inferiores. Pero Ignomiriello era de los que no se quedan en la mitad: pronto tomó las riendas del primer equipo y se quedó hasta 1969, dejando una transformación que el club todavía recuerda.
Fue un adelantado. Cuando la mayoría de los técnicos argentinos improvisaban, él implementó dobles jornadas de entrenamiento, pretemporadas, concentraciones y un Departamento de Fútbol que modernizó la estructura del club. Hasta dispuso que el equipo entrenara en la cancha de Argentino de Rosario para preservar el césped del viejo estadio. Esas cosas hoy parecen obvias. En el '67, eran revolucionarias.
Pero su mayor legado fue el que se vio en la cancha. Ignomiriello apostó por los jóvenes cuando apostar por los jóvenes tenía costo. De su ciclo emergieron nombres como Miguel Bustos, Raúl Castronovo, Alberto Fanesi, "Hijitus" Gómez y Roberto Gramajo. Y consolidó a figuras que después serían leyenda canalla: Aldo Poy, Aurelio Pascuttini, Ricardo Palma y Luis Giribet. Una generación entera pasó por sus manos.
Los números también lo respaldan. En el banco de Central dirigió 107 partidos, con 47 triunfos, 36 empates y 24 derrotas. Una de sus mejores campañas fue el Nacional de 1968, cuando el equipo quedó a apenas un punto de Vélez, River y Racing, que luego definieron el título en un triangular ganado por el conjunto de Liniers. Estuvo ahí, a un punto de la gloria.
Y hay un registro que durante décadas fue orgullo canalla: bajo su conducción, Central permaneció invicto en sus primeros ocho clásicos ante Newell's. Una marca que recién fue superada por Miguel Ángel Russo en 2014. Casi cincuenta años después.
¿Cuántos técnicos pueden decir que su huella duró medio siglo? Ignomiriello puede.
Su historia no se agota en Central. En Estudiantes de La Plata fue el creador de la célebre "Tercera que Mata", ese equipo de juveniles que se convirtió en semillero de una generación brillante. Y a nivel selección, tuvo un rol clave en la preparación para las Eliminatorias del Mundial de 1974: fue parte de la recordada "Selección Fantasma", el grupo diseñado específicamente para adaptarse a la altura antes de los partidos decisivos. Fue en ese contexto donde un joven Mario Alberto Kempes tuvo sus primeras experiencias internacionales bajo su dirección técnica. El resto, como dicen, es historia.
Ignomiriello nunca cortó el vínculo con Rosario. En septiembre de 2023, a sus 96 años, volvió a la Ciudad Deportiva de Central para dar una charla a futbolistas, técnicos y coordinadores de inferiores. Lo acompañaron dos de sus discípulos: "Hijitus" Gómez y el "Flaco" Landucci. Al final de la jornada recibió una plaqueta por sus "años de dedicación y amor" al club, y una camiseta auriazul con el número 10 y su apellido. Se fue emocionado. Todos lo estaban.
La ciudad también lo reconoció: en 2013 fue declarado Profesional Distinguido de Rosario, distinción que destacó específicamente la transformación que impulsó en el fútbol canalla. Un reconocimiento tardío, como suelen ser los reconocimientos a los que trabajan en silencio.
A los 99 años, Miguel Ubaldo Ignomiriello se fue con la tranquilidad de los que hicieron bien su trabajo. Formó jugadores, modernizó clubes, acompañó a una generación que llevó a Argentina al mundo. No necesitó gritar para que lo escucharan. Le bastó con saber de fútbol como pocos.

Comentarios (15)
Deja tu comentario
Un caballero del fútbol argentino. Lo vi hablar en la Ciudad Deportiva en el 2023 y tenía una lucidez increíble para sus años. Se va una enciclopedia viviente del fútbol.
Ocho clásicos sin perder. OCHO. Y encima formó a Aldo Poy. Este hombre merece un monumento en Arroyito, no solo una plaqueta.
Con todo respeto, pero yo no lo conocía. Habrá que ver qué tan importante fue realmente. Hoy cualquiera es 'histórico'.
Braian, en serio? El tipo formó a Kempes, creó la Tercera que Mata en Estudiantes y modernizó Central cuando acá todavía entrenaban en alpargatas. Informate antes de opinar.
Qué tristeza. 99 años de vida dedicados al fútbol y a los jóvenes. Ojalá los técnicos de hoy tuvieran la mitad de su visión.
Che, ¿y cuántos saben quién fue este hombre? El fútbol moderno no recuerda a los que realmente lo construyeron. Una pena.
Mi viejo siempre hablaba de Ignomiriello con una admiración enorme. Decía que fue el primero en tratar al fútbol como una ciencia en Argentina. Hoy lo lloro como si fuera de la familia.
99 años y hasta el final ligado al fútbol. Eso es vocación, no laburo. Descanse en paz, maestro.
Lo de la 'Selección Fantasma' es un capítulo que muy poca gente conoce de la historia del fútbol argentino. Gracias por rescatarlo. Ignomiriello fue clave en esa preparación.
Que le hayan dado una camiseta con el 10 y su apellido a los 96 años me parece lo más hermoso que leí en mucho tiempo. Eso sí es reconocimiento de verdad.
Hay que ser honesto: Central tardó décadas en reconocerlo bien. Una plaqueta en 2023 para alguien que hizo tanto en el '67... podría haber sido antes.
Totalmente de acuerdo con Jorge. Los clubes argentinos siempre recuerdan a los ídolos cuando ya es tarde. Igual, mejor tarde que nunca.
Kempes tuvo sus primeras experiencias internacionales con él. Eso solo ya lo pone en la historia grande del fútbol argentino. Un gigante.
99 años. Vivió casi un siglo viendo evolucionar el fútbol, y encima fue parte de esa evolución. Que se vayan así, con todo hecho, es lo más digno que existe.