Hay nombres que no necesitan presentación. Novak Djokovic es uno de ellos. Y sin embargo, en las últimas semanas, el serbio volvió a ser tendencia en Argentina no por un título, sino por algo que pocos imaginaban ver: la duda. La pregunta que nadie quería hacerse en voz alta empieza a circular con fuerza en los foros, los grupos de WhatsApp y las mesas de café rosarinas: ¿está Djokovic en el ocaso de su carrera?
El tema explota en Google Argentina con cientos de búsquedas diarias, y Rosario no es la excepción. En los clubes de tenis de la ciudad, donde el deporte blanco tiene una tradición fuerte y una base de seguidores apasionados, el debate está servido. Algunos lo defienden a capa y espada. Otros, con más frialdad, empiezan a hacer las cuentas.
Y las cuentas no mienten: Djokovic tiene más de 37 años, una edad en la que el tenis profesional de élite empieza a cobrar factura. El cuerpo no responde igual, los rivales jóvenes aprietan, y el circuito ATP no espera a nadie. Jannik Sinner y Carlos Alcaraz ya no son promesas: son realidad. Y esa realidad le pisa los talones al serbio con una ferocidad que hace tiempo no se veía.
¿Significa eso que Djokovic terminó? Acá hay que ser cuidadosos. Este tipo ya enterró a más de un analista que lo dio por muerto antes de tiempo. Veinticuatro títulos de Grand Slam, el récord absoluto de la historia del tenis, no se construyen con suerte. Se construyen con una mentalidad de acero, una preparación física obsesiva y una capacidad de reinvención que asombra incluso a sus rivales más encarnizados.
En Rosario, donde el tenis tiene raíces profundas y los debates deportivos se dan con la misma intensidad que los del fútbol, la figura de Djokovic genera sentimientos encontrados. Hay quienes nunca le perdonaron su frialdad, su distancia con el público, esa imagen de villano que él mismo alimentó durante años mientras Federer y Nadal se llevaban los aplausos. Pero también hay quienes, con el tiempo, aprendieron a respetar a un atleta que hizo del esfuerzo y la disciplina su bandera.
Lo cierto es que el tenis mundial está en un momento bisagra. Una generación legendaria se retira o se despide lentamente, y otra toma el mando con una energía arrolladora. En ese contexto, cada torneo que juega Djokovic tiene un sabor especial: puede ser el último gran capítulo o el inicio de una remontada épica. Con él, nunca se sabe.
Lo que sí se sabe es que Argentina sigue mirando. Que Rosario sigue debatiendo. Y que mientras haya una raqueta en la mano de Nole, el show no terminó.
Comentarios (4)
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Para mí Djokovic es el más grande de la historia, punto. Los números no mienten. Que no le caiga bien a la gente es otro tema.
Siempre fue el villano del circuito pero hay que reconocerle la carrera que hizo. Ahora sí creo que la nueva generación lo superó.
No lo den por muerto todavía. Este tipo ya volvió de situaciones peores. Yo le tengo fe para otro Grand Slam más.
En el club donde entreno todos hablan de esto. La mayoría cree que Alcaraz ya lo dejó atrás. El tenis cambió.