Lo que tardó casi seis décadas en construirse, el Gobierno de Javier Milei lo borró con un decreto. El Coro Nacional de Niños, creado en 1967 y considerado uno de los organismos culturales más emblemáticos del país, fue disuelto esta semana por decisión del Ejecutivo nacional. En su lugar, prometen un programa de formación artística. La promesa suena bonita. El problema es lo que se pierde en el camino.
La medida fue oficializada este jueves y la justificación oficial no puede ser más burocrática: el decreto sostiene que la disolución responde a la necesidad de "adecuar el funcionamiento del organismo a incompatibilidades administrativas vinculadas con la participación de menores de edad en la estructura de la Administración Pública Nacional". Dicho en criollo: no encontraron cómo encajar a los chicos en el organigrama del Estado y decidieron que era más fácil cerrar que resolver.
La Secretaría de Cultura anunció que el reemplazo será un programa de alcance federal orientado al canto coral y la danza, con convocatorias permanentes y clases magistrales a cargo de integrantes de los elencos estables nacionales. El Ejecutivo asegura que de ese esquema surgirá "un nuevo coro infantil de alto nivel artístico". Habrá que ver.
Quien no tiene dudas sobre lo que se perdió es María Isabel Sanz, directora del coro hasta la suspensión de sus actividades. "El cierre implica la desaparición de un organismo especializado cuya función no puede ser sustituida por una escuela de formación", advirtió. Sanz reveló además un detalle que habla a las claras de cómo se manejó todo: el elenco llevaba suspendido desde el 1° de abril, y cuando el personal y los niños volvieron tras el receso de Semana Santa, encontraron el edificio cerrado. Sin aviso. Sin explicaciones. Así nomás.
El deterioro venía de antes. La directora explicó que la planta del coro, prevista para cuarenta integrantes, había quedado reducida a apenas veinte porque la gestión no permitía incorporar nuevos coreutas. Los chicos que cumplían la edad límite se iban, y no entraba nadie nuevo. Un vaciamiento silencioso antes del golpe final.
El periodista Nelson Castro, en Radio Rivadavia, lo puso en números con una frase que circuló rápido: "Qué muestra de ignorancia. Presidente, el costo presupuestario de todo el coro era el sueldo de un senador". Es el tipo de dato que incomoda porque es difícil de rebatir. No se trata de un gasto millonario ni de una estructura elefantiásica. Se trata de una institución que formó a generaciones de músicos argentinos, que participó de producciones sinfónico-corales de nivel internacional, y que costaba, en términos presupuestarios, una fracción mínima del Estado.
¿Cuánto vale eso? La pregunta no es retórica. Tiene respuesta en cada uno de los cantantes que pasaron por ese coro, en cada concierto que representó a la Argentina en el exterior, en cada pibe de cualquier provincia que encontró en ese espacio una puerta de entrada al mundo de la música.
El cierre del Coro Nacional de Niños no es un hecho aislado. Se suma a una serie de reestructuraciones que el Gobierno viene aplicando sobre organismos culturales nacionales desde que asumió. El patrón se repite: primero el vaciamiento gradual, después la justificación técnica, finalmente el decreto. Y cuando alguien protesta, la respuesta es que habrá algo mejor en el futuro. Hasta ahora, ese futuro no llegó para ninguna de las instituciones que ya no están.
Una institución que sobrevivió dictaduras, crisis económicas y cambios de gobierno durante 59 años no resistió la motosierra. Eso también es un dato.

Comentarios (13)
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Mi hija estuvo en ese coro tres años. Lo que aprendió ahí no tiene precio. Que lo cierren por 'incompatibilidades administrativas' es una vergüenza. Podrían haber resuelto el problema legal sin destruir la institución.
Nelson Castro lo dijo perfecto: costaba lo mismo que el sueldo de un senador. Y a los senadores no los tocan. Ahí está todo dicho.
El Estado no tiene que financiar coros. Que lo sostenga el sector privado si hay demanda real. Simple.
¿El sector privado? Claro, como financia tan bien el teatro, la música clásica y la danza en el interior del país... Por favor. Hay cosas que el mercado no sostiene y la cultura es una de ellas. Para eso existe el Estado.
Si no hay demanda privada es porque no le interesa a nadie. El Estado no debería imponer gustos culturales con plata de todos.
59 años. Dictaduras, hiperinflación, el 2001, todo lo bancó. Y lo cerró este gobierno. Que orgullo.
Yo soy músico y puedo decir que el Coro Nacional de Niños era una escuela de vida, no solo de música. Formaba disciplina, trabajo en equipo, sensibilidad. No hay programa federal que reemplace eso.
El programa de reemplazo suena bien en el papel. Convocatorias federales, clases magistrales... Pero sin una institución permanente con sede, directores estables y continuidad, es todo humo. Lo vimos mil veces.
Igual hay que ser honestos: si el coro tenía 20 chicos de 40 previstos, algo no estaba funcionando bien antes también. No todo es culpa de Milei.
Tenía 20 porque no los dejaban incorporar nuevos. No porque no hubiera interesados. Eso lo explicó la directora. No es lo mismo.
Y mientras tanto los senadores cobran sus sueldos sin que nadie los toque. Pero el coro de los pibes sí hay que cerrarlo. Prioridades argentinas.
Ojalá el programa federal que prometieron sea real y no quede en nada. Pero la historia dice que cuando cierran algo 'para reemplazarlo por algo mejor', lo mejor nunca llega.