Lo que está pasando en el Conicet Rosario no es un número en una planilla. Son 78 personas que se fueron, que empacaron años de formación y se fueron a otra parte. Algunos al exterior, algunos al sector privado, algunos simplemente hartos. Y la frase que resume todo viene de adentro: "Somos resilientes, pero hay un límite".
Desde enero de 2024, cuando el gobierno de Javier Milei empezó a aplicar el bisturí —o más bien el hacha— sobre el sistema científico nacional, el Centro Científico Tecnológico (CCT) Conicet Rosario perdió 78 trabajadores. El dato surge de un informe interno del organismo al que accedió La Capital, y es tan contundente como preocupante.
De esas 78 bajas, 54 fueron renuncias voluntarias. No los echaron. Se fueron solos. Y eso, en términos de política científica, es todavía más grave: significa que el Estado no tuvo que pagar indemnizaciones, pero sí perdió décadas de formación acumulada, proyectos en curso, vínculos internacionales y conocimiento que no se recupera de un día para el otro.
¿Cuánto cuesta formar a un investigador del Conicet? La respuesta no es sencilla, pero los especialistas en política científica coinciden en que entre la beca doctoral, el posdoctorado, los años de carrera y la infraestructura asociada, estamos hablando de inversiones que se miden en décadas y en millones de pesos. Cada renuncia es, en términos concretos, un subsidio que el Estado argentino le hace a otro país o a otra economía.
El Conicet Rosario es uno de los centros más importantes del país. Nuclea institutos de referencia en áreas como biología molecular, física, química, ciencias sociales y tecnología, muchos de ellos en articulación con la Universidad Nacional de Rosario (UNR). La ciudad tiene una tradición científica que se construyó durante décadas y que hoy está en riesgo real.
El ajuste sobre el Conicet no es nuevo ni exclusivo de esta gestión, pero la velocidad y la profundidad del recorte desde 2024 no tienen precedentes recientes. El presupuesto del organismo perdió poder adquisitivo de manera sostenida, los ingresos a la carrera investigadora se congelaron, y los salarios quedaron muy por debajo de la inflación acumulada. En ese contexto, la pregunta no es por qué se van: es por qué todavía quedan.
La frase que circula puertas adentro del CCT —"somos resilientes, pero hay un límite"— no es una queja menor. Es una advertencia. Los científicos argentinos tienen una historia larga de aguantar crisis, de trabajar con recursos escasos, de hacer ciencia de calidad con presupuestos de tercer mundo. Pero la resiliencia tiene un techo, y ese techo se llama dignidad profesional y proyecto de vida.
Cuando un investigador formado en Rosario se va a trabajar a España, Alemania o Brasil, no solo se lleva su talento: se lleva redes de colaboración, proyectos en desarrollo, y la posibilidad de que esa ciencia vuelva en forma de tecnología, de salud, de conocimiento aplicado a los problemas de esta región. La fuga de cerebros no es una metáfora: es una hemorragia silenciosa que el país viene sufriendo en oleadas desde hace décadas, y que esta vez parece más intensa que nunca.
El gobierno nacional sostiene que el ajuste es necesario para equilibrar las cuentas y que el sistema científico debe ser más eficiente. Puede ser un argumento válido en abstracto. Pero cuando se traduce en 54 renuncias en año y medio en un solo centro regional, el debate sobre eficiencia empieza a sonar a otra cosa.
Rosario tiene mucho para perder en esta historia. Y, por ahora, parece que está perdiendo.
Con información de: La Capital

Comentarios (13)
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Mi marido es investigador del Conicet acá en Rosario. Lleva 15 años. Está mirando ofertas en Portugal desde hace seis meses. No lo culpo para nada, pero me parte el alma pensar en irnos.
Y bueno, si el Estado no puede pagar sueldos dignos, que se vayan al privado. Así funciona el mercado. No todo lo tiene que sostener el Estado.
Claro, 'el mercado'. El mercado no financia investigación básica porque no da ganancia inmediata. Eso lo sabe cualquiera que haya pisado una facultad. La ciencia pública existe porque el privado no la hace.
Entonces que el Estado sea más eficiente con lo que tiene. No es tirar plata sin control.
54 renuncias voluntarias. Eso significa que no los echaron, se fueron solos. El Estado se ahorró indemnizaciones pero perdió décadas de formación. Alguien en el gobierno entiende lo que eso significa a largo plazo?
Che, yo banco el ajuste en general pero acá me parece que se están pasando. La ciencia no es un gasto, es una inversión. Distinto.
Qué inversión ni inversión, cuántos años hace que el Conicet no genera nada concreto para el ciudadano común? Pregunta genuina.
Respondo la pregunta genuina: la vacuna Arvac contra el Covid fue desarrollada en parte por investigadores del Conicet. El test de Chagas que se usa en hospitales públicos también. El dengue que estamos sufriendo tiene protocolos de diagnóstico desarrollados acá. Eso para empezar.
Tengo una hija que terminó el doctorado el año pasado. No entró al Conicet porque no hay vacantes. Se fue a Alemania. Tiene 31 años. Eso es lo que estamos perdiendo.
Lo de 'somos resilientes pero hay un límite' me parece la frase más honesta que escuché en mucho tiempo. Esa gente aguantó crisis del 2001, del 2018, de la pandemia. Si ellos dicen que ya no pueden más, hay que escuchar.
igual tampoco es que el conicet era perfecto antes jaja habia mucho acomodo politico y gente que no producía nada. algo de limpieza no viene mal
El problema es que cuando hacés un ajuste a lo bruto, no se van los que 'no producen'. Se van los que tienen más opciones afuera, que suelen ser los mejores. Eso es lo que muestran todos los estudios sobre fuga de cerebros.
Rosario siempre fue una ciudad con mucha tradición científica y universitaria. Perder ese capital humano es un golpe que se va a sentir por décadas, no por años.