Lo que parecía una entrega más de una app de delivery terminó siendo el final de un búnker de drogas en barrio Fisherton. Motos con cajas de reparto, cascos y todo el equipo. Pero adentro de esos cascos no había repartidores: había policías.
Agentes de la Policía de Investigaciones (PDI) de Santa Fe, específicamente de la División Microtráfico, ejecutaron un operativo que mezcla ingenio con trabajo de inteligencia previo. La táctica fue simple pero efectiva: disfrazarse de cadetes de una aplicación de delivery para ingresar al pasillo donde funcionaba el domicilio investigado sin despertar sospechas entre los ocupantes ni entre los vecinos del lugar.
El punto de venta estaba ubicado en un pasillo, uno de esos accesos angostos y semiocultos que son marca registrada de los búnkeres barriales en Rosario. Ese tipo de geografía urbana complica cualquier procedimiento convencional: el ruido de un patrullero, la presencia de uniformados en la vereda, o simplemente una cara desconocida que no encaja en el barrio puede ser suficiente para que los ocupantes se den cuenta y destruyan evidencia o escapen. La solución que encontró la PDI fue entrar por donde nadie iba a mirar dos veces: con una moto y una caja de reparto.
Una vez dentro del pasillo, los efectivos concretaron el allanamiento sin que los ocupantes pudieran reaccionar a tiempo. El operativo fue coordinado con el respaldo necesario para asegurar el lugar y evitar que la situación escalara.
¿Cuántos búnkeres similares siguen funcionando en los barrios de Rosario mientras las fuerzas de seguridad trabajan con recursos limitados? La pregunta no es retórica: es el contexto en el que se mueve la PDI todos los días. El microtráfico sigue siendo uno de los principales vectores de violencia en la ciudad, y cada punto de venta desarticulado es un eslabón menos en una cadena que, hay que decirlo, se regenera con una velocidad preocupante.
El operativo en Fisherton —un barrio que históricamente se asocia a sectores medios y altos del noroeste rosarino, pero que en sus bordes convive con problemáticas sociales complejas— muestra que el microtráfico no respeta geografías ni códigos postales. Y también muestra que la PDI, cuando tiene información y creatividad, puede dar golpes efectivos.
El trabajo de la División Microtráfico viene acumulando procedimientos en distintos puntos de la ciudad. Este tipo de operativos encubiertos requieren semanas de seguimiento, construcción de inteligencia y coordinación entre distintas áreas. No son improvisados. El disfraz de delivery fue el último paso de un proceso que empezó mucho antes.
Los detalles sobre detenidos, material secuestrado y la causa judicial en curso no fueron informados de manera oficial al cierre de esta nota, algo que la PDI suele reservar para no comprometer investigaciones en curso. Lo que sí quedó claro es que el búnker fue desarticulado y que el método usado va a quedar en los manuales de procedimiento como un ejemplo de adaptación táctica a la realidad del territorio.
En una ciudad que lleva años peleando contra el narcomenudeo con resultados dispares, cada operativo que sale bien importa. No como solución definitiva —nadie debería engañarse con eso— sino como señal de que todavía hay capacidad operativa para dar pelea en la calle.

Comentarios (13)
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Esto es lo que necesitamos: creatividad y trabajo de inteligencia. Felicitaciones a los efectivos de la PDI. Ojalá haya más operativos así.
Muy bien el operativo, pero seamos honestos: en dos semanas ese pasillo tiene otro búnker funcionando. El problema es estructural, no se resuelve con allanamientos.
Che cuervo_central, y entonces qué hacemos? ¿No allanamos porque total vuelven? Algo es algo. Mejor que no hacer nada.
Nadie dijo que no hay que allanar, Tano. Dije que sin políticas sociales y judiciales de fondo, esto es un parche. Pero bueno, si te conformás con el parche...
Vivir en Fisherton y enterarme de esto me parte el alma. Uno cree que está en un barrio tranquilo y resulta que teníamos un búnker a la vuelta. Gracias a la PDI por actuar.
Lo del disfraz de delivery es un golazo. Los del búnker jamás lo vieron venir. Eso es usar la cabeza.
Fisherton no es lo que era. Antes era el barrio más tranquilo de Rosario. Ahora esto. Qué tristeza.
Diego, no exageremos. El barrio sigue siendo tranquilo en general. Que haya habido un búnker no significa que sea una villa. La PDI actuó y eso es lo importante.
Muy ingenioso el operativo, pero me pregunto si los vecinos del pasillo sabían lo que pasaba ahí adentro. Siempre hay alguien que ve y calla.
Jajaja los narcos pidieron delivery y les llegó la PDI. Karma puro.
Ojalá publiquen cuánto material secuestraron y si hubo detenidos. Siempre hacen el operativo y después no se sabe nada más. La transparencia también importa.
estos son los policias que necesitamos, no los que estan en la esquina mirando el celular
Muy bien la PDI, pero que no se quede en el allanamiento. Que investiguen la cadena completa: quién les proveía, quién financiaba. Eso es lo que realmente importa.