El 10 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental, una fecha que en Rosario vuelve a poner sobre la mesa un problema que ya no se puede esconder detrás de la agenda.
La fecha se instaló en 1992, impulsada por la Federación Mundial de la Salud Mental y la OMS. El lema de este año es «Escuchemos a las personas con experiencia vivida: voces reales, cambio real», y apunta a que las vivencias de los pacientes orienten las políticas y los servicios de salud.
El objetivo también es reducir el estigma y mejorar el acceso a una atención digna e integral. En un escenario donde el rendimiento y la eficiencia constante suelen priorizarse, promover entornos laborales de contención resulta indispensable para evitar que el desgaste se vuelva crónico.
El desgaste profesional, la hiperconectividad y la dificultad para desconectar al terminar la jornada son situaciones cada vez más frecuentes. Cuando las exigencias laborales afectan los límites entre la vida personal y la profesional, el cerebro se mantiene en un estado de alerta constante que dificulta la recuperación psíquica.
«Promover la salud mental requiere vínculos que brinden contención, espacios seguros y momentos de reflexión para conectar con el presente. Estos elementos son pilares para construir un bienestar psíquico genuino y duradero en el ámbito profesional», explicó Verónica Lapelle, directora de la Licenciatura en Psicología de la Universidad Hospital Italiano.
Bajo la falsa premisa de una permanente disponibilidad, el cerebro percibe una amenaza constante que obstaculiza la verdadera desconexión. Cuando la respuesta al estrés se sostiene en el tiempo, deja de ser un mecanismo adaptativo y da lugar a manifestaciones físicas y emocionales claras.
Según detalló Fátima Barragán, coordinadora de la mencionada Licenciatura, es clave aprender a diferenciar la fatiga habitual del agotamiento patológico. El cansancio ordinario es reversible y cede con el descanso nocturno o del fin de semana; el cuadro persistente hace que la persona se sienta extenuada incluso al iniciar la jornada y pierda su nivel habitual de funcionalidad.
«El organismo necesita señales claras que permitan procesar la finalización de las exigencias cotidianas y dar lugar a la recuperación psíquica. Sentirse desbordado no refleja una falta de voluntad; cuando el sufrimiento compromete la funcionalidad cotidiana, el desempeño o la salud física, es una señal clara para buscar acompañamiento profesional», señalaron las expertas.
En Argentina, el Estudio Argentino de Epidemiología en Salud Mental indica que el 14,8% de la población adulta presenta algún trastorno mental en los últimos 12 meses, y el 6,5% se encuentra en riesgo actual de desarrollar un trastorno psicológico.
Los trastornos de ansiedad afectan al 9,4% de los adultos. La depresión mayor tiene una prevalencia del 3,8% anual y cerca del 8,7% a lo largo de la vida.
Alrededor del 28,1% al 35% de los adultos manifiesta malestar psicológico general, con mayor incidencia en mujeres, jóvenes de 18 a 29 años y sectores de menor nivel socioeconómico.
El 58,69% de la población sufre alteraciones del sueño o insomnio. El Ministerio de Salud registró 3.488 muertes por suicidio en 2023, con una tasa de aproximadamente 7,5 por cada 100.000 habitantes.
En Rosario, la pregunta no es solo conmemorar la fecha, sino cuándo se decide pedir ayuda. Ante un problema, la recomendación es acudir a una consulta especializada y no esperar a que el desgaste se convierta en una señal de alarma más fuerte.
Con información de: El Ciudadano.

Comentarios (10)
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Me pasó con el trabajo: el celular no para y a la semana ya no dormía. La diferencia entre cansancio y agotamiento patológico es real.
Igual, yo pensé que era falta de voluntad. Hasta que el médico me dijo que no era eso.
Bancá lo que dice Silvia. En Rosario hay gente que se muere de trabajo y nadie lo toma en serio.
Me parece bien que lo digan en Rosario. El estigma todavía pesa mucho, sobre todo en los más jóvenes.
Coincido, pero falta que las empresas lo tomen en serio. No alcanza con un día al año.
Con todos estos números, 58% con insomnio, no me sorprende que la gente esté al borde.
Lo peor es que muchos no piden ayuda hasta que se caen. La consulta especializada tiene que ser más accesible.
El lema de este año está bueno: escuchar a los que vivieron el trastorno. Eso cambia la política de salud.
Sí, pero también hay que bajar el estigma. Mi hermano tardó años en hablar de su ansiedad.
En Rosario se habla mucho de salud mental, pero cuando uno necesita ayuda de verdad, la espera es larga.