La economía argentina enfrenta un problema que crece en silencio: la morosidad de las familias alcanzó niveles récord y el mercado de crédito funciona de manera que excluye a quienes más lo necesitan. Así lo advirtió el economista y analista financiero Federico Fiscella en el stream de Economía de El Ciudadano, donde trazó un diagnóstico preocupante sobre el estado de las finanzas de los hogares y la fragilidad del equilibrio fiscal.
Según Fiscella, la economía atraviesa una combinación de factores que se retroalimentan negativamente: destrucción de empleo, caída del consumo, inflación que sigue por encima del 2% mensual y un atraso cambiario que comprime los márgenes de competitividad. Pero el punto que más le preocupa es la acumulación silenciosa de deudas en los hogares de ingresos medios y bajos.
"Tenemos por un lado una importante caída en los niveles de consumo, pero además el tema de la morosidad familiar", sostuvo el economista. Y fue más preciso: "Vemos una gran cantidad de deudas con montos pequeños, que en promedio alcanzan los 300.000 pesos. Estamos hablando de gente que cuando arranca el mes tiene un 25% menos de su ingreso disponible".
El dato es revelador. No se trata de grandes deudas corporativas ni de créditos hipotecarios impagos, sino de una masa de obligaciones chicas —tarjetas, cuotas, préstamos personales— que, al acumularse, terminan mordiendo una porción significativa del salario antes de que el trabajador pueda gastarlo en consumo. Para Fiscella, este fenómeno no debe leerse solo como un problema individual de cada deudor: "Está incubando algo que indefectiblemente va a terminar en una crisis", advirtió.
El mercado de crédito, lejos de ser parte de la solución, aparece en el análisis de Fiscella como parte del problema. El economista señaló una paradoja estructural: las tasas pasivas —las que los bancos pagan por depósitos— están tan bajas que nadie encuentra atractivo hacer un plazo fijo, mientras que las tasas activas —las que cobran por prestar— son tan elevadas que su principal efecto fue generar más morosidad.
"Hoy la tasa pasiva está bajísima. Nadie quiere hacer un plazo fijo, no sirve como inversión. Mientras tanto las tasas activas están tan altas que lo único que generaron fue morosidad", afirmó. Y describió la paradoja central del sistema: "El que puede tomar crédito en Argentina prefiere no tomarlo, mientras que el que lo necesita no puede tomarlo".
Esta brecha entre quienes califican para acceder a financiamiento y quienes efectivamente lo demandan revela una disfuncionalidad profunda. Hay personas con capacidad crediticia que no tienen incentivo para endeudarse, y personas que necesitan financiarse urgentemente pero que quedan afuera del sistema porque ya deben o porque no califican. El resultado es un spread fenomenal entre tasas activas y pasivas que beneficia a los bancos pero no derrama hacia la economía real.
El tercer eje del análisis de Fiscella apunta al superávit fiscal, que el gobierno nacional exhibe como uno de sus principales logros. Para el economista, ese equilibrio existe pero es frágil: lo calificó de "inestable" y advirtió que las variables que lo sostienen pueden cambiar de signo rápidamente, especialmente en un contexto donde el consumo no repunta y la presión sobre el gasto social tiende a crecer.
Todo este cuadro, según Fiscella, tiene una dimensión política que no puede ignorarse. "Va a empezar otro partido a partir del 2027", señaló, en referencia al impacto que tendrán las elecciones legislativas sobre las expectativas del sistema económico. En años electorales, la historia argentina muestra que la presión sobre el gasto público aumenta, los equilibrios fiscales se vuelven más difíciles de sostener y las expectativas cambiarias se tensan. Si para entonces la morosidad familiar sigue creciendo y el consumo no se recupera, el escenario político-económico podría volverse considerablemente más complejo para el oficialismo.
El diagnóstico de Fiscella no es el de un catastrofista, sino el de un analista que señala tendencias que, de no corregirse, pueden escalar. La pregunta que queda abierta es si el actual esquema de política económica —con tasas altas, ancla cambiaria y ajuste fiscal— tiene herramientas para desactivar esa acumulación de tensiones antes de que exploten.

Comentarios (14)
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Lo que describe Fiscella es exactamente lo que vivo yo y mis vecinos. Termino el mes con el sueldo ya comprometido en cuotas de cosas que compré hace seis meses. No es que gasté de más, es que los precios me obligaron a financiar lo básico.
Y encima el gobierno sale a mostrar el superávit como un logro histórico mientras la gente no llega a fin de mes. ¿De qué sirve el equilibrio fiscal si las familias están quebradas?
Discrepo con el enfoque. El superávit fiscal es necesario justamente para no seguir destruyendo el poder adquisitivo con emisión. El problema de la morosidad viene de años de populismo que acostumbró a la gente a gastar lo que no tiene. El ajuste duele pero era inevitable.
Claro, siempre la culpa es del populismo. ¿Y las tasas usurarias de los bancos? ¿Eso también es culpa del kirchnerismo? El spread que menciona Fiscella es un negocio del sistema financiero, no de los pobres que se endeudaron.
Lo más preocupante es lo que dice sobre el crédito: el que puede tomarlo no lo quiere, y el que lo necesita no califica. Eso resume perfectamente por qué la economía no arranca. No hay demanda porque no hay plata ni acceso al financiamiento.
300 mil pesos de deuda promedio parece poco pero si sos monotributista categoría B eso es casi la mitad de lo que facturás en un mes. No es chiste.
Economista que dice que se viene una crisis... ¿cuántas veces escuchamos eso? Siempre se viene la crisis y después la economía sigue funcionando de alguna manera. No digo que todo esté bien, pero tampoco me parece serio el alarmismo.
Valeria, el problema es que cuando la crisis llega, la gente que la predijo tiene razón pero los que la sufrieron ya perdieron el trabajo o el negocio. Que se repita el ciclo no significa que no sea grave.
Yo trabajo en un banco y confirmo lo del spread. Los márgenes que manejamos son obscenos comparados con cualquier país de la región. Pero eso no lo va a cambiar ningún gobierno porque el lobby bancario es demasiado fuerte.
El análisis de Fiscella es correcto pero le falta un dato: mucha de esa morosidad es en billeteras virtuales y financieras, no en bancos tradicionales. El sistema formal tiene sus problemas pero el informal es mucho peor en tasas.
Mi hija trabaja, tiene buen sueldo, y aun así no califica para un crédito hipotecario porque tiene una deuda de 150 mil pesos de una tarjeta de hace dos años. El sistema está roto.
Lo del 2027 es la clave de todo. Si Milei no puede mostrar recuperación del consumo antes de las elecciones, se complica. La gente vota con el bolsillo, siempre fue así.
Muy buen análisis el de Fiscella. Lo que me parece importante destacar es que no está pidiendo más gasto público ni emisión, está señalando una disfunción del mercado de crédito que el propio mercado debería corregir. Eso no es kirchnerismo, es diagnóstico.