La palabra reforma volvió a dominar la agenda política argentina y es tendencia en Google con cientos de búsquedas en todo el país. No es casual: el gobierno de Javier Milei lleva adelante el proceso de transformación del Estado más ambicioso —y más discutido— desde la convertibilidad. Y Rosario, como segunda ciudad del país, no está al margen de lo que esto implica.
La reforma del Estado impulsada por La Libertad Avanza apunta a reducir la estructura burocrática que, según el oficialismo, consumió durante décadas los recursos de los argentinos sin generar resultados. Ministerios fusionados, organismos disueltos, contratos no renovados y una revisión profunda del gasto público son las herramientas que el Ejecutivo nacional viene aplicando con una velocidad que incomoda a la política tradicional. Y con razón: nadie quiere que le toquen el presupuesto propio.
En Santa Fe y Rosario, la reforma tiene cara concreta. Organismos nacionales con delegaciones en la ciudad —desde entes reguladores hasta dependencias del ANSES, AFIP y ministerios desarticulados— atraviesan procesos de reestructuración que afectan tanto al empleo público como a los servicios que prestan. El debate local no es menor: ¿cuántos de esos puestos eran genuinamente necesarios y cuántos eran producto de décadas de clientelismo político?
La respuesta, para quienes miran los números con honestidad, es incómoda. Argentina llegó a tener uno de los Estados más costosos e ineficientes de la región, con una presión impositiva récord que asfixió a las empresas rosarinas, destruyó empleo privado genuino y financió una estructura pública que creció sin control durante los gobiernos kirchneristas. Cada reforma que se frena, cada organismo que se salva por presión sindical o corporativa, es un costo que paga el sector privado.
Los gremios estatales, previsiblemente, salieron a resistir. En Rosario hubo movilizaciones y declaraciones de dirigentes que defienden el statu quo con el argumento del empleo y los derechos adquiridos. Lo que no dicen es quién financia esos derechos: el contribuyente, el comerciante, el trabajador privado que paga impuestos sin parar y ve cómo su esfuerzo sostiene una estructura que no le da nada a cambio.
El debate sobre la reforma no es ideológico en abstracto: es una discusión sobre quién paga y quién cobra en la Argentina. Y durante demasiado tiempo, los que pagaron fueron los de siempre. La reforma, con sus costos y sus tensiones, es el intento más serio en décadas de cambiar esa ecuación. Que genere resistencia no es una señal de que está mal. Es exactamente la señal de que está tocando donde duele.
En Rosario, ciudad golpeada por años de desinversión, inseguridad y presión fiscal, la reforma del Estado nacional no es un tema lejano. Es la diferencia entre seguir financiando la misma decadencia o empezar a construir algo distinto. El camino es difícil. Pero el anterior ya demostró adónde lleva.
Comentarios (4)
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Por fin alguien que lo dice claro. Años bancando con mis impuestos a una estructura que no sirve para nada. La reforma era necesaria y urgente.
Muy fácil hablar de reforma desde un portal. Los que pierden el trabajo son personas reales con familias. No todo es un número en una planilla.
El problema es que la reforma no toca los privilegios de los políticos. Dietas, asesores, viáticos... eso sigue intacto mientras ajustan al empleado de ventanilla.
Rosario necesita que el Estado nacional funcione bien, no que desaparezca. Hay servicios que sin presencia estatal simplemente no existen. Eso también es un dato.