El número no miente, aunque cueste creerlo: uno de cada siete rosarinos que ya tiene empleo sale a buscar otro. No porque sea ambicioso. No porque quiera crecer. Sino porque con lo que gana no le alcanza.
Los datos surgen de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) correspondiente al primer trimestre de 2026, el relevamiento más riguroso que existe sobre el mercado laboral argentino, elaborado por el INDEC. Y lo que muestran para el Gran Rosario es una paradoja que debería preocupar más de lo que preocupa: la desocupación no registra un salto dramático, la tasa de empleo se mantiene en niveles relativamente altos, pero debajo de esa superficie hay una cantidad creciente de personas que trabajan y aun así no llegan.
¿Qué significa esto en la práctica? Significa que el problema ya no es solo quedarse sin trabajo. El problema es tener trabajo y que no alcance. Es el empleado de comercio que termina su turno y se va a repartir pedidos en moto. Es la maestra que da clases particulares los sábados. Es el administrativo que hace changas los fines de semana. Rosario tiene empleo, sí. Pero cada vez más ese empleo es insuficiente.
Este fenómeno tiene nombre técnico: subempleo demandante. Son los trabajadores que tienen ocupación pero buscan activamente más horas o más fuentes de ingreso porque su situación actual no les permite cubrir sus necesidades básicas. Y en el contexto de la inflación acumulada de los últimos años, que pulverizó el poder adquisitivo de los salarios, no sorprende que este indicador esté en alza.
Lo que sí sorprende —o debería sorprender— es la velocidad con que esto se normalizó. Hoy en Rosario nadie se asombra de que alguien tenga dos o tres trabajos. Se asume como parte del paisaje. Se naturaliza. Y ahí está el peligro: cuando una anomalía se vuelve costumbre, deja de generar alarma y deja de generar respuesta política.
El mercado laboral del Gran Rosario viene mostrando señales mixtas desde hace varios trimestres. Por un lado, la creación de empleo formal no se detuvo del todo. Por el otro, la informalidad sigue siendo estructural: cerca de 4 de cada 10 trabajadores en el área metropolitana rosarina no tienen acceso a obra social, aportes jubilatorios ni protección ante el despido. Y dentro del empleo formal, los aumentos salariales en muchos sectores corrieron por detrás de la inflación durante demasiado tiempo.
El resultado es este: una ciudad que en los papeles tiene empleo, pero en la realidad tiene trabajadores agotados, pluriempleados por necesidad, que sacrifican tiempo libre, salud y vida familiar para poder pagar el alquiler, la comida y las expensas.
¿Cuánto más puede sostenerse este modelo? La pregunta no es retórica. Es urgente. Porque cuando el trabajo deja de ser una solución y se convierte en una condición insuficiente, algo en el contrato social se rompe. Y esa fractura no se ve en las estadísticas de desempleo. Se ve en la cara de la gente que sale de un trabajo y va directo al otro.
Los datos de la EPH son una fotografía. Lo que muestran en Rosario en el primer trimestre de 2026 es una ciudad que trabaja más que nunca para vivir cada vez peor. Eso no es un logro. Es una advertencia.
Con información de: La Capital

Comentarios (14)
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Esto lo vivo en carne propia. Trabajo en una empresa de lunes a viernes y los sábados hago tortas por encargo. No es hobby, es necesidad. Y lo peor es que ya ni me parece raro.
Y encima el gobierno dice que 'el empleo está bien'. Sí, todos trabajamos... tres trabajos para pagar un alquiler.
Hay que ser honesto: esto no empezó ahora. Viene de años de inflación que ningún gobierno pudo frenar. No es un problema de este gobierno solo, es estructural.
Estructural o no, alguien tiene que hacerse cargo. No podés gobernar y decir 'es un problema de siempre' como si eso te eximiera de resolverlo.
Mi marido es docente y yo trabajo en un comercio. Los dos laburamos full time y aun así a fin de mes miramos los números y no cierran. Dos sueldos, dos personas, y no alcanza. Eso es lo que hay.
El artículo habla de subempleo demandante pero no da el número exacto. ¿Cuántos son en términos absolutos? Uno de cada siete suena a mucho pero falta contexto histórico para saber si empeoró o mejoró.
Gustavo, el punto es que está creciendo. Que no tengamos el número exacto no cambia que la tendencia es mala.
Yo tengo tres trabajos y no me quejo. Hay que adaptarse. El que espera que el Estado le solucione todo está equivocado.
Diego, 'adaptarse' no puede ser el horizonte de una sociedad. Si todos necesitamos tres trabajos para vivir, el sistema falló. No es mérito personal, es un fracaso colectivo.
O quizás el problema es que la gente gasta más de lo que puede. No todo es culpa del sistema.
Lo que más me duele es que mis hijos ven esto como algo normal. Crecen pensando que tener dos trabajos es lo esperable. ¿Qué futuro les estamos mostrando?
Nota bien escrita, pero falta preguntarle a algún economista o sindicalista. Mucho relato, pocos datos concretos.
Comparto la nota porque describe exactamente lo que vivo. Pero también me pregunto: ¿alguien en el municipio o la provincia está leyendo esto? ¿O solo lo leemos los que ya lo sabemos?