El surf argentino está viviendo un momento de auge sin precedentes. Las búsquedas en Google Argentina sobre este deporte se dispararon en las últimas semanas, ubicándolo como uno de los temas más consultados a nivel nacional. Y aunque Rosario no tiene mar, la pasión por las olas no le es ajena a la ciudad.
El interés por el surf creció de manera sostenida en los últimos años, impulsado en parte por la exposición mediática que tienen los competidores argentinos en circuitos internacionales y por el boom del turismo de playa en destinos como Mar del Plata, Las Grutas, Pinamar y la costa atlántica bonaerense. Cada vez más familias rosarinas eligen esos destinos en verano con tabla bajo el brazo o con ganas de tomar su primera lección.
En Rosario, el fenómeno se vive de una manera particular. Si bien el río Paraná no genera las olas necesarias para el surf tradicional, la comunidad local encontró en el wakesurfing y el skimboarding alternativas para mantenerse conectados con la cultura de las olas. Escuelas de deportes acuáticos en la costa rosarina ofrecen actividades relacionadas, y cada temporada suma más inscriptos, especialmente entre los jóvenes de entre 15 y 30 años.
Desde una mirada económica, el surf representa también un mercado en expansión. La industria del equipamiento —tablas, trajes de neoprene, accesorios— mueve millones de pesos al año en el país. La desregulación y la apertura de importaciones impulsada por el gobierno nacional podría facilitar el acceso a materiales de mejor calidad a precios más competitivos, algo que los practicantes argentinos esperan con expectativa, ya que históricamente el equipamiento importado estuvo gravado con aranceles que encarecían el acceso al deporte.
A nivel competitivo, Argentina tiene representantes que participan en torneos regionales y algunos que aspiran a circuitos internacionales. La Federación Argentina de Surf trabaja en el desarrollo de categorías juveniles y en la profesionalización del deporte, aunque los recursos siguen siendo un desafío estructural. El apoyo privado y los sponsors locales son, en muchos casos, el motor real de los surfistas que quieren llegar lejos.
Para los rosarinos que quieren iniciarse, la recomendación de los instructores es aprovechar los viajes a la costa para tomar clases con escuelas habilitadas, que ofrecen paquetes para principiantes con equipamiento incluido. La curva de aprendizaje es exigente, pero la comunidad surfera es reconocida por su espíritu de camaradería y bienvenida a los nuevos practicantes.
El surf ya no es un deporte de élite ni exclusivo de los que viven frente al mar. Es una tendencia cultural que llegó para quedarse, y Rosario, como siempre, no se queda afuera de lo que mueve al país.
Comentarios (4)
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Justo el verano pasado fui a Mar del Plata y tomé clases de surf por primera vez. ¡Enganchan un montón! Ya estoy planeando volver. Ojalá hubiera algo así más cerca de Rosario.
El problema es el equipamiento. Una tabla decente sale una fortuna acá. Si bajan los aranceles de importación como dice el gobierno, capaz se democratiza un poco más el deporte.
Yo hago wakesurfing en el Paraná hace dos años y es increíble. La gente no sabe que en Rosario se puede vivir algo parecido a la cultura surfera. La comunidad es muy buena onda.
Buen artículo, pero me parece que falta más apoyo estatal al deporte amateur. No todo puede quedar en manos del mercado privado y los sponsors.