Susana Giménez volvió a dominar las búsquedas de Google Argentina y una vez más demuestra que, guste o no, es una de las figuras más poderosas de la cultura popular del país. Con más de 200 búsquedas en tiempo real, el nombre de la diva se instala como tendencia nacional y dispara el debate en redes sociales, bares y hasta en las mesas de los rosarinos.
La conductora, que hace años eligió Uruguay como residencia permanente huyendo de la presión impositiva argentina, es en sí misma un símbolo de algo que desde esta columna venimos señalando hace tiempo: cuando el Estado ahoga con impuestos y regulaciones absurdas, los que pueden se van. Susana no fue la excepción. Fue una de las primeras en votar con los pies, como diría cualquier liberal que se precie.
En Rosario y Santa Fe, la figura de Susana genera sentimientos encontrados. Para una generación entera, la diva representa la televisión de los domingos, los vestidos brillantes, los invitados internacionales y una Argentina que todavía creía en sí misma. Para otros, es el espejo de una élite del espectáculo que supo alejarse a tiempo de un país que castiga el éxito con una presión tributaria récord.
Lo cierto es que Susana Giménez sigue siendo noticia sin necesidad de hacer demasiado. Su nombre alcanza para generar tendencia, y eso habla de un fenómeno cultural que trasciende generaciones. Desde sus inicios como modelo hasta convertirse en la conductora más influyente de la televisión argentina, Susana construyó una marca personal que ningún gobierno pudo destruir, aunque varios lo intentaron con sus políticas de saqueo fiscal.
El debate que su figura reactiva es siempre el mismo: ¿por qué Argentina expulsa a sus talentos? La respuesta es incómoda para la casta política que durante décadas administró el declive. Impuestos confiscatorios, inseguridad jurídica, inflación crónica. Susana eligió Punta del Este. Otros eligieron Miami, Madrid o Montevideo. El patrón se repite y la responsabilidad histórica del peronismo y el kirchnerismo en esta diáspora de talentos y capitales es innegable.
Mientras tanto, en Rosario, la gente sigue buscando a Susana en Google porque, en el fondo, extraña algo más que a una conductora. Extraña una televisión que entretenía de verdad, una Argentina que producía figuras de ese calibre y una época en que el país no expulsaba sistemáticamente a quienes más aportaban. Esa nostalgia tiene nombre y apellido: Susana Beatriz Giménez.
El fenómeno trending de hoy es un recordatorio de que la cultura popular argentina sigue siendo enorme, a pesar del Estado y no gracias a él.
Comentarios (4)
Deja tu comentario
Susana se fue porque este país la ahogaba a impuestos. No la culpo para nada. Ojalá el gobierno de Milei logre que los talentos se queden.
Extraño los domingos con Susana en la tele. Era otra época, otra Argentina. Ahora todo es política y pelea.
Acá en Rosario mi vieja siempre la miraba. Para ella Susana era un domingo de familia. Eso no tiene precio.
Se fue a Uruguay y la entiendo perfectamente. Con la presión impositiva que hay acá cualquiera se va. El kirchnerismo destruyó todo.