Lo que empezó como un martes normal se convirtió en otra jornada perdida para cientos de chicos rosarinos. Dos establecimientos educativos de la zona sur amanecieron con banderas amenazantes colgadas en sus puertas, obligando a las autoridades a suspender las clases por seguridad.
Los mensajes mafiosos aparecieron en el jardín Nº 1.285 "San Casimiro" de Margis y Nuestra Señora del Rosario, y en la escuela Nº 1.347 "Atahualpa Yupanqui" de B. Suárez al 5000. Las telas con textos idénticos fueron secuestradas por la Policía de Investigaciones para realizar pericias que buscan identificar a los responsables.
"Suspendidas las clases por el día de hoy 28/4. Todos los niveles", rezaba el cartel que pegaron las autoridades de la escuela Yupanqui. Una imagen que se repite demasiado seguido en Rosario y que habla de una ciudad donde hasta los jardines de infantes son escenario de intimidaciones.
Los textos hallados estaban dirigidos a un policía y a Andrés Bracamonte, hijo del jefe de la barra brava de Rosario Central que fue asesinado en noviembre de 2024 en las inmediaciones del Gigante de Arroyito. Un nombre que se repite como una sombra en cada episodio de violencia que sacude a la ciudad.
¿Hasta cuándo vamos a permitir que los narcos conviertan las escuelas en carteleras de sus amenazas? Porque esto no es casualidad: en lo que va de abril ya se colgaron mensajes similares en escuelas primarias, secundarias y hasta en un centro de salud municipal. Siempre con nombres distintos, pero siempre con el de Bracamonte como denominador común.
La metodología es siempre la misma: aparecen de madrugada, cuelgan las banderas y se van. Dejan a directivos sin opciones, a padres desesperados buscando dónde dejar a sus hijos, y a una ciudad que se acostumbra a lo que no debería ser normal. Porque suspender clases por amenazas narco no puede ser la nueva rutina de Rosario.
Los investigadores trabajan ahora en determinar si existe conexión entre estos episodios y otros hechos de violencia registrados en la ciudad. Mientras tanto, las familias de la zona sur se preguntan cuándo podrán mandar a sus chicos al colegio sin miedo a que aparezca otra bandera amenazante.
La realidad es cruda: cuando los colegios se convierten en tablones de anuncios del narcotráfico, algo muy grave está pasando. Y la pregunta que todos se hacen es la misma: ¿quién va a ponerle freno a esta escalada?

Comentarios (12)
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Soy docente en zona sur y esto nos tiene aterrorizados. No podemos trabajar así, los chicos no merecen vivir con miedo.
Y después se quejan de que los pibes no van al colegio. Si cada dos por tres suspenden clases por estas cosas...
Mi nena va al San Casimiro. Llegué a las 8 y me encuentro con que no hay clases. Una bronca terrible, pero entiendo que es por seguridad.
Esto es culpa de Pullaro y su política de mano blanda. Con los narcos no se negocia, se los mete presos.
¿Mano blanda? Pullaro está haciendo más que cualquier gobernador anterior. El problema viene de años de abandono.
Que fácil es echarle la culpa al gobierno de turno. Esto es un problema social que viene de décadas.
Trabajo en seguridad privada y les digo: esto va a empeorar si no se toman medidas drásticas YA.
Por suerte mis nietos van a escuela privada, pero me da pena por los chicos de las públicas que sufren esto.
Marta, el problema es de todos. Hoy es en las públicas, mañana puede ser en cualquier lado.
Hay que poner custodia policial en todas las escuelas. No puede ser que los narcos hagan lo que quieren.
Mi hermana es directora y me cuenta que viven con el corazón en la boca. No saben qué se van a encontrar cada mañana.
Que dejen de usar el nombre de Bracamonte para estas cosas. El pibe ya no está, que descanse en paz.