Después de 259 días de conflicto, el frigorífico Euro de Villa Gobernador Gálvez tiene fecha de regreso. Este jueves, en la sede local del Ministerio de Trabajo de Santa Fe, quedó homologado el acuerdo entre los trabajadores y un nuevo grupo inversor, poniendo fin a uno de los conflictos laborales más prolongados y dolorosos del Gran Rosario en los últimos años.
La reactivación será gradual y escalonada. El primer paso, previsto para la semana próxima, será el ingreso de 30 trabajadores que realizarán tareas de mantenimiento para poner en condiciones la planta ubicada en calle San Diego al 1900. A medida que avance la producción, se incorporará más personal con el objetivo declarado de recuperar la totalidad de los puestos de trabajo que existían al momento del cierre.
"La reactivación será escalonada y el primer paso será el ingreso de 30 trabajadores", confirmó Walter Navarro, delegado gremial de la planta, quien agregó que "el objetivo es recuperar la totalidad de los puestos de trabajo". El acuerdo, que ya había sido firmado el lunes, establece que el nuevo grupo inversor dispone de un plazo de cinco años para administrar el frigorífico, con opción de compra.
El grupo que tomará las riendas del establecimiento es de la ciudad de Buenos Aires y está encabezado por Sergio García, empresario del rubro de embutidos y menudencias. García y su equipo asumieron el compromiso de aportar la materia prima necesaria para reanudar la actividad, cancelar los salarios adeudados a los trabajadores y garantizar la provisión de insumos esenciales para el funcionamiento del establecimiento. Datos que, en un conflicto donde los sueldos dejaron de pagarse en septiembre de 2025, no son un detalle menor.
La historia del frigorífico Euro es la historia de una caída lenta y anunciada. La empresa, originalmente Tripería Euro SA, fue creada en 1999 por la familia Lequio, oriunda de Villa Gobernador Gálvez. En su mejor momento llegó a emplear a unas 400 personas. Pero la caída de producción y ventas fue erosionando la actividad hasta que, a principios de 2025, los trabajadores comenzaron a cobrar bajo el régimen de garantía horaria, una señal de alerta que nadie atendió a tiempo.
En septiembre de ese año la empresa dejó de pagar los sueldos. El Ministerio de Trabajo de Santa Fe dictó una conciliación obligatoria que no se cumplió. En paralelo, Euro envió telegramas de despido a 46 operarios argumentando falta de materia prima y el impacto de productos importados. El 11 de noviembre de 2025, los trabajadores decidieron ocupar la planta. Desde entonces, un grupo de familias permaneció dentro del establecimiento durante meses.
Lo que vino después fue una muestra de resiliencia que incomoda a cualquiera que prefiera mirar para otro lado: algunos trabajadores vendían tortas fritas y pastelitos, otros improvisaron un lavadero dentro del predio, y más recientemente lograron retomar una producción limitada gracias al aporte de un proveedor. También evaluaron conformar una cooperativa, aunque esa alternativa dependía de una definición legal de los propietarios que nunca llegó.
Al momento del cierre definitivo, a fines de 2025, la nómina activa era de entre 150 y 160 empleados, muy lejos de los 400 de los años de esplendor. Fue el Sindicato de la Carne de Rosario, encabezado por José Fantini, el que gestionó el acercamiento con el nuevo inversor. Según Navarro, "el entendimiento se gestó hace aproximadamente tres semanas, tras tomar contacto con los nuevos" empresarios. Tres semanas para cerrar lo que 259 días no habían podido resolver.
El desenlace es auspicioso, aunque la cautela es obligatoria. Que un frigorífico con historia de incumplimientos vuelva a abrir bajo una nueva administración es una buena noticia. Que esa apertura dependa de que un grupo inversor porteño cumpla sus compromisos en una industria tan volátil como la cárnica es, al mismo tiempo, una advertencia que los propios trabajadores conocen mejor que nadie.

Comentarios (15)
Deja tu comentario
Por fin una buena noticia para los trabajadores de Villa Gálvez. 259 días es una eternidad. Ojalá esta vez el inversor cumpla y no sea otro cuento del tío como la familia Lequio.
Vendiendo tortas fritas para sobrevivir mientras los dueños se lavaban las manos. Eso es lo que el Estado dejó pasar durante meses. Una vergüenza.
El Estado no "dejó pasar" nada, dictó conciliación obligatoria y la empresa no la cumplió. El problema fue la empresa, no el Estado. Hay que leer antes de opinar.
Dictó una conciliación que no se cumplió y no hizo nada más. Eso es dejar pasar. Si el Estado tuviera dientes reales, esto no duraba 259 días.
Me alegra mucho por las familias. Pero que un grupo de Buenos Aires venga a manejar un frigorífico de acá... espero que no sea solo para quedarse con los activos y después rajarse.
Cinco años con opción de compra es una figura interesante. Le da tiempo al inversor de ver si el negocio es viable antes de comprometerse del todo. No me parece mal estructurado el acuerdo.
Mi marido trabajó ahí hasta que lo echaron con telegrama. Ojalá lo llamen de vuelta. Fue un año muy duro para nuestra familia.
¿Y Fantini dónde estaba los primeros 200 días? Recién apareció cuando ya estaba todo cocinado. Los gremios siempre llegan tarde.
No estés tan seguro, Pipa. El sindicato estuvo desde el principio apoyando la olla popular y la ocupación. Que no salga en los diarios no significa que no estén.
Lo que hicieron estos trabajadores es admirable. Lavadero improvisado, tortas fritas, producción limitada... resistieron como pudieron. Merecen que esto salga bien.
30 trabajadores para empezar sobre 150 que había. Queda un largo camino. No cantemos victoria todavía.
La nota dice que el inversor aporta materia prima y se compromete a pagar deudas salariales. Si cumple eso solo ya es más de lo que hizo la familia Lequio en el último año.
Ojalá sea verdad y no otra promesa que dura tres meses. Ya vi esto antes en otros frigoríficos del sur. Entran, se llevan lo que pueden y chau.
Lo que queda claro es que cuando el Estado se corre y deja que el mercado resuelva, los trabajadores terminan vendiendo tortas fritas para comer. Eso no es libertad, es abandono.
Al contrario. Fue el mercado el que trajo al nuevo inversor. Si dependía solo del Estado seguirían esperando una cooperativa que nunca se formó.