El barrio Itatí amaneció este jueves con una nueva tragedia. Juan José 'Juancito' Gómez, exintegrante de la barra brava de Rosario Central, fue asesinado durante la noche del miércoles en lo que las fuerzas de seguridad ya investigan como un crimen vinculado a la violencia entre facciones de las hinchadas de los dos clubes más grandes de la ciudad.
La Policía de Santa Fe confirmó el hecho en las primeras horas de este jueves. Según las fuentes consultadas, el cuerpo de Gómez fue hallado con impactos de bala en el barrio ubicado en la zona noroeste de Rosario, uno de los sectores históricamente más castigados por la pobreza y la violencia narco que desde hace años tiene a la ciudad en estado de alerta permanente.
Lo que convierte a este crimen en algo más que un episodio más de mujeres-e.html" class="auto-link">violencia urbana es el trasfondo político que lo rodea. 'Juancito' era un exbarra canalla que, tras la muerte de Andrés 'Pillín' Bracamonte —el histórico y temido líder de la hinchada de Central—, había intentado dar el salto hacia la tribuna de Newell's Old Boys. Un movimiento que en el mundo de las barras bravas rosarinas no se hace sin consecuencias.
La desaparición de Bracamonte, que durante años fue el eje de poder de la barra canalla y cuya figura trascendió ampliamente el ámbito del fútbol para insertarse en redes de extorsión, comercio ilegal y vínculos con el narcotráfico, dejó un vacío que distintos sectores intentaron ocupar. Ese proceso de reconfiguración del poder en las hinchadas rosarinas ha sido, según los investigadores, una fuente constante de conflictos violentos en los últimos tiempos.
El caso de 'Juancito' Gómez ilustra con crudeza esa dinámica. Cambiar de barra en Rosario no es simplemente cruzar de vereda: implica traicionar lealtades, disputar territorios y, en muchos casos, poner en riesgo la propia vida. Las barras bravas locales hace décadas que dejaron de ser solo grupos de hinchas para convertirse en estructuras con intereses económicos propios, ligadas al control de espacios en los estadios, la reventa de entradas y, en los casos más graves, a actividades delictivas de mayor escala.
Barrio Itatí, donde ocurrió el crimen, es un territorio que concentra décadas de deuda social. Ubicado en el noroeste rosarino, es uno de los barrios populares donde el Estado históricamente llegó tarde y poco, y donde la presencia de organizaciones criminales llenó ese vacío. Que un crimen vinculado a las barras bravas haya ocurrido allí no sorprende a quienes conocen la geografía del conflicto en la ciudad.
La investigación quedó en manos de la Fiscalía competente, que deberá determinar quiénes ordenaron y ejecutaron el asesinato. Por ahora, no hay detenidos. El crimen de 'Juancito' Gómez suma otro nombre a una lista que no para de crecer: la de los que pagaron con la vida el precio de moverse en los márgenes del fútbol y el poder en Rosario.

Comentarios (13)
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Esto no es solo un crimen de barras, es el resultado de años de abandono del Estado en los barrios populares. Itatí no aparece en las noticias cuando se habla de inversión social, solo cuando hay muertos.
Che, no confundamos. Esto no es un 'hincha', era un delincuente metido en la barra. Llamemos las cosas por su nombre.
Tano, y el delincuente no se hizo solo. Creció en un barrio sin escuela, sin trabajo, sin nada. El contexto importa aunque no te guste.
El que se pasa a la otra barra sabe lo que arriesga. No lo justifico, pero tampoco me hago el sorprendido.
Pasarse de la barra de Central a la de Newell's en Rosario... eso es firmarte la sentencia de muerte. Todos lo saben.
¿Cuántos muertos más necesitamos para que alguien haga algo con las barras bravas de verdad? Esto pasa hace décadas y nadie los toca.
Lo de Pillín abrió una caja de Pandora. Desde que murió no paró la sangre. Alguien tiene que poner orden pero nadie quiere meterse.
Qué triste. Un pibe más que termina así. No importa de qué barra era, hay una familia que hoy está llorando.
Y mientras tanto los dirigentes de los clubes miran para otro lado como si las barras no existieran. Cómplices.
La Fiscalía tiene que ir a fondo con esto. Si no hay detenidos en una semana, ya sabemos cómo termina: en la nada.
Ojalá algún día podamos hablar del fútbol rosarino sin que aparezca una nota así. Pero parece que ese día no llega.
El barrio Itatí necesita políticas concretas, no solo patrullajes. Mientras no haya trabajo y educación real, esto se va a repetir.