Lo que pudo haber sido una tarde de pánico en el corazón de Rosario terminó siendo una falsa alarma con consecuencias legales para su autor. Este miércoles, una amenaza de bomba en pleno microcentro movilizó a la policía rosarina y generó tensión en una de las zonas más transitadas de la ciudad.
Según confirmaron fuentes policiales, el operativo preventivo se desplegó con rapidez en el área céntrica. Los efectivos revisaron el sector comprometido y, tras el rastrillaje correspondiente, determinaron que no existía ningún artefacto explosivo ni peligro real para la población. La amenaza era falsa.
Pero alguien la había hecho. Y eso tiene un costo.
El resultado de la investigación fue la detención de un hombre de 34 años, cuya identidad no fue difundida de manera oficial. Las autoridades no precisaron de inmediato el método utilizado para realizar la amenaza —si fue telefónica, escrita o por otro medio— ni los motivos que habrían llevado al sujeto a generar semejante alerta en una zona donde a diario circulan miles de rosarinos.
El microcentro de Rosario, delimitado entre las calles Córdoba, Corrientes, el río y Balcarce, concentra bancos, comercios, reparticiones públicas y una densidad peatonal altísima durante las horas hábiles. Una amenaza de bomba en ese contexto no es un chiste: implica evacuaciones, cortes de tránsito, movilización de recursos policiales y, sobre todo, el miedo real de la gente que trabaja o pasa por ahí.
¿Cuánto le cuesta a la ciudad cada vez que alguien decide jugar con el miedo ajeno? No es solo el operativo policial. Es el comerciante que cierra por precaución, el empleado que no puede entrar a su trabajo, el tiempo y el dinero del Estado destinados a desactivar una mentira.
Las falsas amenazas de bomba están tipificadas en el Código Penal argentino bajo el artículo que reprime la intimidación pública, con penas que pueden ir de dos a seis años de prisión. No es una travesura. Es un delito que los fiscales rosarinos han perseguido con mayor firmeza en los últimos años, especialmente desde que este tipo de llamados comenzó a usarse también como distracción o herramienta de presión en contextos más complejos.
El detenido quedó a disposición de la Justicia, que deberá determinar si existió dolo, qué motivó la amenaza y si hay algún agravante en el caso. Por ahora, el microcentro respiró tranquilo. Pero la pregunta queda flotando: en una ciudad que ya carga con demasiada tensión cotidiana, ¿hace falta sumarle este tipo de episodios?
Con información de: La Capital

Comentarios (12)
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Qué manera de hacer perder el tiempo a la policía. Con todo lo que pasa en Rosario, encima tienen que salir a desactivar amenazas de un tarado. Espero que le caiga todo el peso de la ley.
Igual hay que reconocer que la policía actuó rápido. Operativo preventivo, confirmaron que no había nada y detuvieron al tipo. Para lo que suele pasar acá, no estuvo mal.
Yo trabajo en el microcentro y cuando hay este tipo de alertas el miedo es real. No importa si es falsa, vos en el momento no sabés nada. Que le den la pena máxima.
A ver, tampoco exageremos. Que esté detenido está bien, pero pedir pena máxima por esto cuando hay asesinos sueltos en la ciudad me parece un poco desproporcionado.
No estoy diciendo que es peor que un homicidio, Tere. Digo que tiene que haber consecuencias reales, porque si no esto se repite cada dos por tres.
34 años tiene el tipo. No es un pibe. Sabía perfectamente lo que hacía.
Me pregunto si no hay algo más detrás. A veces estas amenazas las usan para distraer a la policía mientras pasa otra cosa en otro lado. Ojalá investiguen bien.
Buen punto el de la nota sobre el costo para la ciudad. Cada operativo de estos sale plata, y al final la pagamos todos nosotros.
Che, ¿y no dijeron por qué lo hizo? Eso es lo que me gustaría saber. Capaz el tipo tiene algún problema serio.
Problema serio o no, hay formas de pedir ayuda que no implican paralizar el centro de la ciudad. Ninguna justificación alcanza para esto.
igual es raro que no digan el nombre. siempre que agarran a alguien lo publican todo. algo raro hay
Los nombres no siempre se difunden hasta que hay procesamiento formal, Braian. Es parte del procedimiento legal. No hay nada raro en eso.