Lo que pasó en la zona oeste de Rosario en la madrugada de este jueves no fue un hecho aislado. La casa de la calle Cochabamba entre Gutenberg y Felipe Moré ya conoce el sonido de los tiros: la habían atacado antes, en diciembre de 2019, en el marco de un conflicto vinculado al Sindicato de Peones de Taxis. Siete años después, volvieron.
Según el llamado al 911, la balacera ocurrió alrededor de la 1 de la madrugada. Dos gatilleros a pie, encapuchados, descargaron una veintena de disparos contra el frente de la vivienda y salieron corriendo. Los esperaba un auto en las inmediaciones. Clásico: el trabajo sucio, la fuga organizada, el rastro mínimo.
La Policía llegó rápido al lugar y encontró un panorama elocuente: al menos 16 impactos de bala en la fachada del inmueble y 20 vainas servidas en el piso, que fueron secuestradas para ser peritadas por pedido del Ministerio Público de la Acusación. Uno de los atacantes, según los indicios relevados por los investigadores, llevaba puesta una bermuda. El detalle parece menor, pero en este tipo de causas cualquier dato cuenta.
¿Qué mensaje estaban mandando? Esa es la pregunta que queda flotando cuando una casa recibe veinte tiros en la cara. No es un error, no es un cruce de balas: es una advertencia deliberada, ejecutada con frialdad a la una de la mañana en un barrio de familias.
El antecedente de 2019 le da al hecho una dimensión que va más allá del episodio puntual. El Sindicato de Peones de Taxis ha sido históricamente un espacio de disputas internas que en algunos casos escalaron a la violencia. Si la conexión entre ambos ataques se confirma, los investigadores tendrán que rastrear si ese conflicto nunca se cerró del todo o si algo lo reactivó.
Por ahora, la causa está en manos del Ministerio Público de la Acusación, que trabaja para identificar a los agresores y establecer el móvil. Las cámaras de la zona, los testimonios de vecinos y el peritaje de las vainas serán claves. La zona oeste de Rosario acumula episodios de este tipo con una frecuencia que ya no sorprende a nadie, y eso en sí mismo es una señal de alarma que no debería normalizarse.
Nadie resultó herido en el ataque, al menos según lo informado hasta el momento. Pero veinte tiros contra una casa en plena madrugada no dejan de ser veinte tiros contra una casa. El miedo, ese sí, no tiene impactos contables.

Comentarios (13)
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Veinte tiros a la una de la mañana y nadie vio nada, nadie sabe nada. Así estamos en Rosario. Los vecinos tienen miedo de hablar y los que tienen que cuidarnos no aparecen.
Che, y el sindicato de los taxistas metido en esto otra vez? Eso es lo que nadie explica bien. ¿Qué pasa adentro de ese gremio?
El sindicato de peones de taxis tiene años de conflictos internos. Esto no es nuevo, lo que es nuevo es que nadie lo investiga en serio.
Ay sí, todo es culpa del sindicato. Seguro que es narco y punto, no busquen más.
Vivo a cuatro cuadras de ahí. Escuché los tiros pero pensé que era un caño que reventó. Cuando me enteré lo que fue, no pude dormir más. Esto no puede seguir así.
Bermuda y encapuchado a la una de la mañana en pleno invierno. Estos pibes no tienen frío o el miedo les da calor.
Me pregunto si en la casa había alguien durmiendo. Solo de pensarlo se me hiela la sangre. Menos mal que no hubo heridos.
Pullaro prometió seguridad y seguimos con esto. Ya perdí la cuenta de cuántas balaceras van este año en el oeste.
Para ser justos, la situación en Rosario venía de mucho antes de Pullaro. No se puede arreglar en dos años lo que se pudrió en veinte.
Sí, siempre la misma excusa. Mientras tanto los vecinos del oeste bancamos los tiros.
20 vainas en el piso y 16 impactos. Pésima puntería o tiraron para asustar nomás. Si querían matar, mataban.
El mensaje era claro: 'te estamos mirando'. Eso es peor que un herido en muchos sentidos, porque el terror queda instalado en todo el barrio.