La visita del Papa León XIV a la Argentina ya dejó su primera escena incómoda: Luis Lacalle Herrera intentó besarle el anillo y el pontífice retiró la mano.
El episodio ocurrió el viernes en la plaza Independencia de Montevideo, cuando el expresidente uruguayo se inclinó para besarle el anillo y el Papa evitó el gesto.
El exmandatario insistió durante algunos segundos, pero el Papa volvió a evitarlo. Finalmente, ambos terminaron por estrecharse las manos mientras se miraban a los ojos. La secuencia quedó registrada y rápidamente se viralizó en redes sociales.
La escena no fue la única que generó conversación. El Papa habló de su reciente operación de pulmón y la vinculó con la necesidad de garantizar el acceso a la atención sanitaria.
“La enfermedad, la discapacidad, el dolor físico, la pérdida de autonomía, la pobreza, la falta de trabajo o la exclusión pueden hacer especialmente necesaria la ayuda de los demás”, dijo tras ser recibido por unas 30.000 personas en Montevideo.
Para este sábado, la agenda difundida prevé que el Sumo Pontífice viaje a Paysandú para celebrar una misa en el Parque París Londres y luego regrese a Montevideo para una vigilia de oración en el Estadio Centenario.
La llegada a la Argentina, en cambio, se presenta como una visita inédita: el texto de La Nación recuerda que a ese país nunca viajó su predecesor, Francisco.
El Papa, descrito como manso, sereno, parco y diplomático, llega con un estilo diferente al de Francisco, pero con una visión que el medio considera muy parecida del mundo y de la Iglesia.
El texto lo pinta como muy determinado y como un hombre que, cuando tiene que decir las cosas, saca las garras pero sin rugir.
“Viste como Benedicto, pero habla como Francisco”, resumió el abad benedictino británico Christopher Jamison en diálogo con la corresponsal.
La expectativa por la visita se extiende más allá de las ciudades que recibirán al Pontífice. Desde Tierra del Fuego hasta Misiones, miles de fieles se preparan para recorrer cientos y hasta miles de kilómetros.
El objetivo es participar de misas y encuentros previstos en Buenos Aires, Córdoba y Luján.
El fenómeno también aparece en las conversaciones cotidianas. La pregunta “¿Vas a ir?” se convirtió, según el texto, en la puerta de entrada a charlas sobre religión, creencias y última misa.
El dato de fondo es que la adscripción católica en Argentina sigue siendo mayoritaria, pero está en su nivel más bajo: aproximadamente 59% de los ciudadanos se consideran católicos, según un compilado de la Universidad Católica Argentina.
El texto recuerda que en el censo nacional de 1960, el último que midió la adscripción religiosa, el 90,5% de los habitantes dijeron profesar el catolicismo.
La brecha también aparece por edad: entre los adultos mayores la adscripción es más alta, del orden del 76%, mientras que entre los adultos jóvenes ronda el 50%.
La visita del Papa León XIV, entonces, no llega solo como un evento religioso. También aparece como un espejo de una sociedad que sigue hablando de fe, aunque cada vez con menos certezas.
Con información de: La Nación y su cobertura en vivo.

Comentarios (11)
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La visita del Papa siempre mueve a mucha gente. Ver que viajan desde Tierra del Fuego hasta Misiones muestra la fuerza de la Iglesia.
Lo de Lacalle Herrera con el anillo me pareció incómodo. El Papa fue claro y no dejó pasar el gesto.
El Papa se defiende solo. No es que Lacalle le haya hecho algo, pero la imagen quedó.
Mientras se habla del Papa, la gente sigue sin acceso a salud. Esa frase sobre la enfermedad y la pobreza debería ser política pública.
Coincido con la bronca, pero el Papa no gobierna. Al menos puso el tema sobre la mesa.
No es foto, es una señal. Pero si no hay políticas, sí, queda en aire.
El dato del 59% de católicos es importante. En Argentina cambió mucho la adscripción religiosa desde 1960.
El dato de los jóvenes al 50% católicos explica por qué la Iglesia necesita renovar el discurso. No alcanza con la visita.
La frase de Christopher Jamison es buena: viste como Benedicto, habla como Francisco. Eso dice mucho del estilo.
Me parece raro que en 2026 todavía se hable de religión como tema tabú. La pregunta ¿Vas a ir? abre conversaciones.
Esperemos que la visita a Buenos Aires, Córdoba y Luján sea tranquila. La gente viaja mucho para estar.