Miles de argentinos están buscando hoy información sobre el viento y sus efectos, y no es para menos. Las condiciones meteorológicas en gran parte del país, incluyendo la provincia de Santa Fe y nuestra querida Rosario, vienen mostrando episodios de vientos intensos que complican la vida de la gente común, esa que labura, que va en bici al trabajo, que espera el colectivo en la esquina sin abrigo porque no le alcanza para comprarse uno nuevo con este ajuste que nos metieron desde Buenos Aires.
El viento fuerte en la región litoral no es ninguna novedad. Rosario, por su geografía sobre el río Paraná y su ubicación en la llanura pampeana, es una ciudad particularmente expuesta a los vientos del sur y del norte que barren sin piedad las calles, vuelan techos en los barrios más humildes y generan cortes de luz que siempre, pero siempre, duran más en los sectores populares que en los barrios acomodados. Eso no es casualidad, compañero, eso es política.
Cuando el viento arrecia en los barrios como Empalme Graneros, Las Flores o Villa Gobernador Gálvez, los vecinos saben lo que significa: chapas que salen volando, árboles que caen sobre cables, pibes que no pueden ir a la escuela porque el camino se vuelve peligroso. Mientras tanto, desde el gobierno nacional de Milei se recortan fondos para infraestructura, para el mantenimiento del arbolado urbano, para los sistemas eléctricos que deberían proteger a los más vulnerables. El ajuste tiene cara, y tiene dirección postal: la del trabajador.
Desde la gestión de Pablo Monteverde en Rosario se vienen tomando medidas para reforzar la atención municipal ante eventos climáticos extremos, coordinando con Defensa Civil y los centros de distrito para asistir a los vecinos afectados. Pero la verdad es que ninguna gestión local puede sola cuando el Estado nacional abandona su rol y deja a los municipios sin recursos para enfrentar emergencias. Eso también hay que decirlo fuerte y claro.
El Servicio Meteorológico Nacional es la fuente oficial que todos deberían consultar ante alertas por viento. Ante ráfagas intensas, las recomendaciones básicas son no circular innecesariamente, asegurar objetos en balcones y terrazas, alejarse de árboles y carteles, y tener a mano los números de emergencia municipales. En Rosario, el sistema de alertas tempranas funciona a través de los canales oficiales del municipio y las redes sociales de Defensa Civil.
El viento como fenómeno natural no discrimina, pero sus consecuencias sí. Los que más sufren siempre son los mismos: los que viven en casas precarias, los que trabajan a la intemperie, los que no tienen con qué reparar lo que se rompe. Por eso, informarse y organizarse colectivamente sigue siendo la mejor herramienta del pueblo. Como siempre fue.
Comentarios (4)
Deja tu comentario
Acá en Las Flores cada vez que hay viento fuerte se nos va la luz y tardamos horas en que vengan a arreglarla. En Fisherton en diez minutos está solucionado. Eso es lo que hay que cambiar.
Buen artículo Hugo, pero seamos honestos: el arbolado de Rosario hace años que está abandonado. Árboles enfermos que con cualquier viento se caen encima de los cables. Eso es gestión municipal también.
Siempre politizando todo. El viento es el viento, no tiene ideología. Cuiden a la gente y listo.
Marcela, el viento no tiene ideología, pero las políticas que deciden quién tiene techo seguro y quién no, sí la tienen. Eso es lo que señalamos desde acá.