En Rosario, más de 100 voluntarios de la Asociación Civil Alfabetización Santa Fe preparan un homenaje para Jorge Fandermole.
La cita será este lunes a las 18.30 en la Facultad de Humanidades y Artes, con una invitación abierta para todos.
El homenaje busca destacar el compromiso de Fandermole, quien acompaña a los voluntarios desde su oficio: la música.
La asociación lleva más de una década en la tarea y trabaja sin apoyo económico de ningún estamento del Estado.
Sus voluntarios sostienen la tarea con festivales de música, peñas, choripaneadas y las cuotas que pagan unos pocos socios.
«Nacimos en 2013, en la cárcel. Antes tuvimos algunas experiencias en algunos barrios, pero sin buenos resultados», cuenta Guillermo Cabruja, fundador y coordinador.
Empezaron en la entonces Alcaidía de la Jefatura de Policía de Santa Fe, hoy Unidad Penitenciaria 6, en avenida Francia al 5200.
El punto de partida fue el contacto con referentes del Pabellón 9, uno de los pabellones para reclusos evangélicos.
Allí aplicaron el programa Yo sí Puedo de educación popular, ideado en Cuba por la pedagoga Leonela Relys.
«Ahí hicimos nuestras primeras experiencias, encontramos un mundo que desconocíamos», recuerda Cabruja.
«Queríamos ir a los lugares donde existían las mayores desigualdades y nos pareció que la cárcel era uno de ellos».
Encontraron, según Cabruja, la cárcel de la pobreza, la marginalidad, los sin nombre y sin palabra.
En ese primer año, alfabetizaron a 18 jóvenes en la ex Alcaidía.
En 2019, un relevamiento en esa unidad penitenciaria arrojó que de 501 personas alojadas, el 90% tenían como máximo la primaria.
La mitad solo había llegado a tercer o cuarto grado.
Hoy, la asociación cuenta alrededor de 500 personas en condición de encierro alfabetizadas en la Unidad 6, la Unidad 3 y la Sub 3.
La Unidad 3 está en el viejo edificio de Zeballos y Suipacha, y la Sub 3 en el Complejo Penitenciario de 27 de Febrero al 7800.
El último Censo Nacional del Indec, en 2022, contabilizó 67.172 personas no alfabetizadas en Rosario.
En términos porcentuales parece poco, apenas el 1,1% de la población, pero la cifra es un subregistro.
Quien no sabe leer y escribir es muy probable que no lo admita, porque le da vergüenza y sabe que será estigmatizado.
En las cárceles, el porcentaje se multiplica, un llamado de atención que se pasa por alto o se ignora deliberadamente.
«Hay una vinculación entre delito, violencia, inseguridad y falta de educación. Nosotros decimos que acá no hace falta más seguridad (en términos punitivos), lo que hace falta es más educación», observa Cabruja.
Leer y escribir trasciende una competencia individual en torno al lenguaje.
Es una herramienta esencial para habitar el mundo con dignidad, entenderlo, cuestionarlo y cambiarlo.
Es un derecho sin el cual los otros están vedados.

Comentarios (10)
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Bien que se vea la alfabetización en cárceles, porque la escuela no alcanza. Fandermole merece el reconocimiento.
Concordo, pero no alcanza con un homenaje. Hay que sostenerlo con presupuesto.
Exacto, y no sirve el homenaje si no hay presupuesto. Los voluntarios no pueden sostenerlo solos.
Mientras el Estado no pone plata, los voluntarios hacen la tarea. Eso dice mucho de la desigualdad.
Mi hijo hizo un curso de lectura en un club y cambió su confianza. Ojalá haya más.
¿Alguien sabe si el curso es gratuito? Me interesa para mi vecino.
Sí, según la nota se sostienen con festivales, peñas, choripaneadas y cuotas. Yo puedo ayudar con una choripaneada.
Me parece importante que lo digan: la educación trae paz, no más punitivismo.
Fandermole siempre bancando causas buenas. Rosario tiene gente con garra.
El subregistro del censo me preocupa: muchos no admiten que no saben leer. Hay que desestigmatizar.