En las islas del Paraná, la crecida del río volvió a poner a prueba el oficio de los productores y peones de Las Garzas, en Santa Fe. Cuando el agua avanza, los animales que conocen el camino se vuelven decisivos para sacar la hacienda de los campos anegados.
Se los conoce como siñuelos: en general, novillos castrados que encabezan los movimientos del rodeo. Cuando se abre una tranquera, suelen ser los primeros en avanzar y detrás de ellos sigue el resto de la tropa. Esa conducta los convierte en aliados indispensables para los productores isleños.
La creciente por El Niño obligó a trasladar miles de vacas hacia tierra firme. No se trata solo de llevarlas a un lugar más alto: en muchos casos deben atravesar kilómetros de terrenos anegados, malezales y cursos de agua, en plena época de parición y con terneros que todavía no tienen fuerzas suficientes.
“Todos los isleros tradicionales tienen sus siñuelos. Si no es imposible trabajar en la isla”, explicó a LA NACION Víctor Masat, productor ganadero y veterinario de Las Garzas. Según contó, estos animales también se usan para juntar terneros, trasladar animales o reunir una tropa.
La función se vuelve más delicada cuando hay que azotar la hacienda, el procedimiento para hacer que los animales crucen a nado un río o riacho. En esos casos, los siñuelos deben ir separados del resto del rodeo y avanzar adelante, porque conocen el recorrido. Las vacas preñadas y las que tienen cría observan cómo cruzan y siguen sus pasos.
El trabajo exige una maniobra precisa. Al llegar al río, algunos peones deben desensillar y cruzar con sus caballos sin montura ni otros elementos que sumen peso. El resto organiza el traslado de los aperos y acompaña la tropa de a tres o cuatro por vez, en una fila angosta, para evitar que se amontonen en la barranca.
Si el ganado entra al agua en un frente demasiado amplio, los animales que ya están nadando pueden intentar volver hacia la costa al ver a otros todavía en tierra. Ese movimiento genera situaciones peligrosas y puede formar remolinos. Por eso, para Masat, la tarea no puede quedar en manos de personal sin experiencia: los trabajadores deben ser baquianos, conocer el río y saber cómo conducir a la hacienda.
En la zona inundable de Las Garzas, la salida de los animales se convirtió en una carrera contra el agua. “En mis 50 años nunca vi una salida tan organizada y anticipada como esta, con una creciente tan importante como es la de ahora”, afirmó Masat. Según detalló, ya habían sido evacuados más de 45.000 animales.
La mayor parte de la hacienda salió por arreo y a nado, porque las condiciones del terreno todavía impedían ingresar con embarcaciones a determinados sectores. Algunos productores tuvieron que trasladar sus animales hasta 16 kilómetros para llegar a tierra firme. En ese trayecto, parte del ganado perdió estado y se estresó.
Los terneros más pequeños quedaron especialmente expuestos: algunos no pudieron seguir a sus madres entre los malezales, los esteros y los bañados. Masat calculó que, como mínimo, un 10% de los terneros nacidos se perdió durante esos traslados. La vegetación espesa complica la tarea: en campos donde antes predominaba el pajonal, hoy avanzan plantas espinosas como el aro.

Comentarios (10)
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Los siñuelos son la memoria del campo. Sin ese oficio, la crecida se lleva todo. Hay que bancar a los productores isleños.
Bancamos a los isleros. El conocimiento de los siñuelos vale oro.
Me preocupa el 10% de terneros perdidos. Es una pérdida enorme para el productor y también para el trabajo de todo el año.
Mientras se habla de siñuelos, no aparece el Estado para prevenir inundaciones. El ajuste deja a los productores solos.
No todo es el Estado, la crecida por El Niño es fuerte. Pero sí hace falta más coordinación para evacuar hacienda.
Coordinación no es lo que falta, es inversión en obras. En Las Garzas llevan años con el agua al cuello.
Lo de cruzar de a tres o cuatro por vez muestra la experiencia de los peones. Eso no lo aprende cualquiera.
¿Alguien sabe si hubo ayuda para los productores que perdieron terneros?
Por lo que se ve, la ayuda llega tarde. Primero el agua, después las promesas.