La investigación por el robo de fentanilo y morfina volvió a sacudir a la salud pública de Rosario con allanamientos en sanatorios, viviendas y una farmacia de Acebal.
Los procedimientos fueron realizados este jueves por la División Operativa de Investigaciones Especiales Rosario de la Policía Federal y se extendieron a un departamento de Buenos Aires al 1300, una propiedad de Maza al 1100 y los sanatorios Laprida, Delta y Norte.
En Acebal, los operativos alcanzaron un inmueble de Aristóbulo del Valle al 900 y una farmacia de María Saá Pereyra al 600. En los domicilios particulares de Rosario fueron encontrados Lisandro R. y Érica C., enfermeros, quienes fueron notificados de la causa en curso.
No hubo aprehendidos. Sí se secuestraron ampollas de distintos fármacos —diazepam, dexametasona y ondansetrón—, celulares, una computadora y documentación vinculada al movimiento y registro de medicamentos.
Los operativos fueron solicitados por los fiscales federales Federico Reynares Solari, Daniela Ghiorzi y Rocío Soledad Estrada, y autorizados por el juez Aurelio Cuello Murúa de Venado Tuerto.
La causa cobró impulso en junio pasado, cuando se hicieron operativos en Wheelwright y Acebal al cardiólogo Martín Gabriel A. y al enfermero Martín Andrés P., sospechados de haber defraudado al Pami.
En una casa relacionada con esos dos sospechados se incautaron 243 ampollas de fentanilo y 50 ampollas de morfina. Según la investigación, el lugar no tenía la habilitación correspondiente y se presume que ahí aplicaban los fármacos a pacientes “de forma irregular”.
La estafa se estima en 580 millones de pesos. Los fiscales siguieron la trazabilidad de los medicamentos y pudieron establecer que, posiblemente, podrían haber sido sustraídos de sanatorios de Rosario y de una farmacia de Acebal.
El dato central es la trazabilidad de los medicamentos: los fiscales no se quedaron en el secuestro de ampollas, sino que intentaron reconstruir de dónde salieron los fármacos que aparecieron en la casa vinculada a los dos sospechados.
Esa hipótesis explica por qué los operativos no se limitaron a un solo punto: se buscó en sanatorios de Rosario, en viviendas particulares y en una farmacia de Acebal. El recorrido muestra que la investigación avanza sobre el circuito completo de los fármacos.
La magnitud del caso no se mide solo por los allanamientos, sino por la estafa estimada en 580 millones de pesos al Pami. Detrás de cada ampolla de fentanilo o morfina hay una pregunta incómoda: ¿dónde estaban los controles?
¿Quién controla el circuito de los medicamentos más peligrosos? La pregunta queda flotando cuando los fármacos que deberían curar terminan siendo objeto de una causa por robo y estafa.
El caso vuelve a poner sobre la mesa la trazabilidad de los fármacos en el circuito de medicamentos. No alcanza con allanar: hay que cerrar las grietas por donde se mueven las ampollas que, en vez de llegar a un paciente, aparecen en una causa federal.

Comentarios (10)
Deja tu comentario
Me preocupa que los fármacos salgan de sanatorios y una farmacia. Si no hay controles, ¿quién responde?
No es solo controles, es que alguien movía fentanilo y morfina. Eso no se hace sin contactos.
Al menos se están siguiendo los movimientos de las ampollas. Si no hay aprehendidos, que no se cierre la causa.
Espero que la trazabilidad de los medicamentos permita identificar todos los eslabones, no solo los últimos.
580 millones al Pami es una barbaridad. Que se sepa si hubo cómplices dentro de los sanatorios.
Ojalá se investigue también la farmacia de Acebal, porque si entró por ahí, el daño puede ser mayor.
¿Quién controla los medicamentos más peligrosos? Esa pregunta debería tener respuesta urgente.
Que se investigue bien la casa donde encontraron 243 ampollas de fentanilo y 50 de morfina.
Que no quede en un allanamiento: se necesita saber de dónde salieron los medicamentos.