Lo dijo sin rodeos y sin anestesia. El ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó esta semana que el gobierno de Javier Milei no tiene en carpeta ningún plan ni régimen especial para asistir a las familias que hoy no pueden pagar sus deudas. La frase que quedó resonando fue directa: "Tienen que hacerse cargo".
El contexto en el que cayó esa declaración no es menor. Según los últimos datos disponibles, 5,8 millones de argentinos ya figuran como deudores morosos, es decir, personas que registran atrasos superiores a 90 días en el pago de sus obligaciones financieras. No son números abstractos: son familias que no llegan a fin de mes, que tomaron créditos cuando el dólar estaba en otro valor, que apostaron a que la situación iba a mejorar y hoy están ahogadas.
¿Cuánto más puede crecer ese número antes de que el Estado decida mirar para otro lado con algo de vergüenza?
La postura de Caputo es coherente con la línea ideológica del gobierno libertario: el Estado no rescata, el mercado regula, cada uno se hace responsable de sus decisiones. En teoría, suena razonable. En la práctica, cuando hablamos de casi 6 millones de personas que no pueden cumplir con sus compromisos financieros, la pregunta es si estamos ante una falla individual o ante un problema estructural que el propio modelo económico contribuyó a generar.
No es la primera vez que una gestión económica argentina deja a los deudores a la intemperie. En el pasado, distintos gobiernos implementaron refinanciaciones, quitas o planes de regularización que permitieron a miles de familias salir del pozo sin que el sistema financiero colapsara. Caputo, en cambio, opta por el camino más duro: sin red de contención, sin plan B.
Desde el sector financiero, algunos analistas defienden la postura argumentando que cualquier tipo de rescate genera "riesgo moral": si el Estado siempre aparece a salvar a los que no pagan, nadie tiene incentivos para cumplir. El argumento tiene su lógica. Pero aplicarlo en un país donde la inflación acumulada de los últimos años licuó salarios y donde las tasas de interés fueron durante mucho tiempo un instrumento de especulación más que de crédito productivo, es al menos discutible.
En Rosario y el interior de Santa Fe, la situación se siente con fuerza. Comerciantes, trabajadores informales y empleados en relación de dependencia que tomaron préstamos personales o usaron tarjetas de crédito durante los picos inflacionarios hoy enfrentan cuotas que se comieron el sueldo. Las consultas a estudios jurídicos por concursos de acreedores y acuerdos extrajudiciales crecieron notablemente en los últimos meses.
La declaración de Caputo no sorprendió a nadie que siga de cerca la política económica del gobierno. Pero dicha en voz alta, con esa contundencia, tiene un efecto político concreto: le cierra la puerta en la cara a millones de personas que todavía esperaban alguna señal de alivio. El mensaje es claro: el ajuste es para todos, pero el rescate no es para nadie.
Habrá que ver si esa postura se sostiene cuando los números de morosidad sigan subiendo y el costo social empiece a pasarle la factura al propio gobierno.

Comentarios (13)
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Fácil decirlo desde un ministerio. Que venga a vivir con un sueldo de 400 mil pesos y me explica cómo me 'hago cargo' de una deuda que tomé cuando el dólar estaba en otro valor.
Tiene razón Caputo. Si tomaste deuda, la tenés que pagar. ¿O ahora el Estado tiene que salvar a todos los que gastaron de más? En algún momento hay que aprender a vivir dentro de las posibilidades.
Rodrigo, ¿'gastaron de más'? Mucha gente se endeudó para comer, para medicamentos, para pagar el alquiler. No todos se compraron un plasma en 36 cuotas.
Bueno, casos hay de todo. Pero el Estado no puede rescatar a todos tampoco. Si lo hace, ¿quién paga eso? Los que sí pagamos.
5,8 millones de personas y el tipo dice 'que se hagan cargo'. Eso es casi la población de toda la provincia de Buenos Aires. No es un problema individual, es un desastre colectivo.
Como economista te digo: el argumento del 'riesgo moral' tiene validez teórica pero aplicarlo en Argentina, donde las tasas fueron usurarias durante años, es una hipocresía. El sistema financiero también tiene responsabilidad en esto.
En mi barrio hay tres negocios que cerraron este año por no poder pagar las deudas. No son vagos, son laburantes que quedaron aplastados. Esto no es ideología, es realidad.
Yo banco la postura. Alguien tiene que decir la verdad de una vez: Argentina no puede seguir con planes de rescate cada dos años. La gente tiene que aprender a no endeudarse más de lo que puede pagar.
Gustavo, ¿y los que se endeudaron con tasas del 200% anual que el propio BCRA habilitó? ¿Eso también es culpa de la gente?
Lo que me parece grave es que lo digan tan tranquilos, como si 6 millones de personas fueran un dato estadístico y no familias de carne y hueso.
Yo pagué mis deudas con mucho sacrificio y no me parece justo que después vengan planes para los que no pagaron. Entiendo la bronca pero también hay que ser responsable.
Acá en Rosario la morosidad está por las nubes. Los estudios jurídicos están llenos de gente que no sabe qué hacer. Y el ministro en Buenos Aires diciendo 'que se hagan cargo'. Una vergüenza.
La nota está bien pero le faltó preguntar qué alternativas tienen esas familias. Porque si no hay plan del Estado y el sistema judicial es lento y caro, ¿adónde va la gente?