Lo que se cayó este lunes no fue un operativo menor: la Policía de Investigaciones detuvo a Cintia Paola Hurt, de 34 años, por su presunta participación en extorsiones que su pareja, un recluso, llevaba adelante desde una cárcel provincial a través de un celular. El dato que complica la historia no es solo el teléfono: es que, según la causa, el preso no actuaba solo, sino junto con su pareja y una tercera persona.
La mujer tenía pedido de captura y había sido buscada en allanamientos realizados hace tres semanas en barrio Las Flores, donde la PDI secuestró una gran cantidad de armas de fuego. Es decir, la detención no cayó de la nada: la causa ya venía moviéndose sobre el terreno, con operativos, aprehensiones y secuestros que ahora se conectan con la presunta red de extorsión.
Según explicó el secretario de Gestión Institucional de Santa Fe, Federico Angelini, en el programa De 12 a 14 de El Tres, el recluso actuó junto con su pareja y una tercera persona para extorsionar “tanto a vecinos como a comerciantes, pidiendo dinero en efectivo como también que hagan abandono de sus viviendas”. Ahí aparece el modus operandi: no era un cobro puntual, sino una presión sostenida sobre el barrio, con pedidos que buscaban vaciar viviendas y afectar comercios.
La causa está a cargo del fiscal Carlos Covani y en su transcurso se hicieron múltiples allanamientos, con aprehensiones e incautaciones de siete armas de fuego, entre ellas, una ametralladora. Ese número no es menor: siete armas, entre ellas una ametralladora, muestran que la red no se limitaba a pedir plata, sino que tenía capacidad de fuego para sostener la intimidación. La pregunta que queda en el aire es cómo se coordinaba todo desde adentro de la cárcel.
Angelini remarcó que “antiguamente, los celulares se ingresaban permanentemente, los celulares estaban permanentemente en uso; desde las propias cárceles se manejaban a esas organizaciones y desde ahí, desde que se asumió el gobierno de Maximiliano Pullaro, hay una fuerte decisión en que eso no suceda nunca más”. La frase pone el foco en un problema viejo: el teléfono como puente entre el preso y la calle, y la posibilidad de que una estructura criminal se dirija desde una cárcel.
El funcionario garantizó que la estructura criminal “quedó totalmente desarticulada” y pidió a los vecinos que denuncien, que llamen al 911, “por más que no sea una emergencia”. Aseguró que no necesitan moverse de su casa: con una llamada, dijo, basta para avanzar en una investigación y obtener “resultados positivos como estos”. El mensaje es claro: la denuncia no tiene que esperar a que el vecino esté en riesgo directo, porque la información puede ser la que rompa el hilo de la red.

Comentarios (10)
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Que un preso mande desde la cárcel con un celular es inaceptable. Espero que no sea solo un titular y que se caiga toda la red.
Totalmente de acuerdo. En la nota se menciona que pedían a comerciantes, y eso es lo que más preocupa. Ojalá que la denuncia al 911 sirva.
Lo que me preocupa es si el teléfono entró por adentro de la cárcel. Si no se controla eso, cualquier operativo queda en nada.
Exacto, el problema es el ingreso de celulares. Pero al menos ahora hay una estructura desarticulada, según Angelini.
Siete armas y una ametralladora? Eso no es extorsión, es terror. Espero que el fiscal Covani no suelte a nadie.
No exageres, la ametralladora está en la nota. Pero también hay que ver si la detención de la mujer alcanza para cerrar el caso.
Lo bueno es que piden que llamen al 911 aunque no sea emergencia. A veces la gente no denuncia por miedo o por no querer problemas.
Siempre cae la pareja o el pibe de afuera. El preso que mandaba desde adentro, ¿qué pasa con él?
La nota dice que el recluso actuó con su pareja y una tercera persona. No es solo la mujer, hay más gente en la causa.
Bien que se haya caído. En el barrio se nota cuando hay menos presión y los comercios pueden trabajar tranquilos.