El segundo semestre arranca con movimiento en el Concejo Municipal de Rosario. La comisión de Planeamiento retoma el debate con tres proyectos que apuntan a transformar el corazón de la ciudad: un desarrollo de usos mixtos para el microcentro, la restauración de la histórica casona Cullen Poggi y la autorización final de una nueva torre de oficinas en Pichincha.
Los tres expedientes tienen en común su ubicación en el centro y área de influencia, una zona que desde la pandemia viene buscando reinventarse. El microcentro rosarino acumula años de vaciamiento comercial y residencial, y cualquier iniciativa que apunte a revitalizar esa área merece atención, aunque también escrutinio sobre qué tipo de regulaciones se imponen y cuánto margen se le da al sector privado para invertir.
El proyecto de usos mixtos es quizás el más ambicioso de los tres. La tendencia global de combinar vivienda, comercio y oficinas en un mismo edificio o manzana es una respuesta lógica al fracaso del urbanismo hipersegmentado que rigió durante décadas. Si el Concejo aprueba un marco normativo que permita esta mixtura sin ahogarla en burocracia, podría ser un paso real hacia la recuperación del microcentro. El interrogante es cuántas trabas administrativas acompañarán la aprobación.
La casona Cullen Poggi, por su parte, es uno de esos casos donde el patrimonio arquitectónico y el debate sobre el uso del suelo se cruzan inevitablemente. Restaurar un edificio histórico tiene valor cultural innegable, pero también implica definir quién paga, cómo se financia y si el Estado municipal tiene los recursos para sostener ese compromiso sin que el proyecto quede a mitad de camino, como tantos otros en la historia reciente de Rosario.
El tercer expediente, la torre de oficinas en Pichincha, es el que más directamente refleja la dinámica del mercado inmobiliario local. Pichincha es un barrio que en los últimos años consolidó su perfil gastronómico y cultural, y la llegada de oficinas podría potenciar esa transformación. La pregunta es si la normativa vigente acompaña o frena ese proceso. En Rosario, como en casi toda la Argentina, el código urbano suele ir varios pasos atrás de la realidad del mercado.
La comisión de Planeamiento tiene por delante un semestre con decisiones que no son menores. El centro de Rosario necesita inversión privada, marcos normativos claros y menos discrecionalidad política en las aprobaciones. Si los concejales logran despachar estos proyectos con criterio técnico y sin dilaciones, habrán hecho algo útil. Si los expedientes quedan girando en comisión hasta fin de año, será una vez más la historia de siempre.

Comentarios (13)
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Ya era hora de que hagan algo con el microcentro. Está lleno de locales cerrados y edificios abandonados. Si esto sale bien, puede ser un antes y un después para la zona.
¿Un antes y un después? Jaja, llevamos 20 años escuchando lo mismo y el microcentro sigue igual o peor. Cuando vea la obra terminada, creo.
Algo de razón tenés, pero en algún momento hay que empezar. Si no se aprueba nada nunca, tampoco pasa nada.
La casona Cullen Poggi es un patrimonio que hay que preservar sí o sí. Espero que esta vez no quede en promesas y realmente se restaure.
¿Y quién paga la restauración? ¿El municipio con la plata de todos nosotros? Que la compre un privado y que la restaure él.
No todo tiene que ser negocio privado. Hay patrimonio que el Estado tiene obligación de preservar. El problema es que acá nunca terminan lo que empiezan.
La torre en Pichincha me parece bien. El barrio creció un montón y necesita más infraestructura de oficinas. Eso genera trabajo y mueve la economía local.
Más torres en Pichincha lo único que van a hacer es arruinar el barrio. Ya está saturado de autos y no hay estacionamiento. Piensen en los vecinos.
Coincido con LaFlaca. El problema de Pichincha no es falta de inversión, es falta de planificación. Una torre más sin infraestructura vial es un desastre.
Ojalá que el Concejo no tarde seis meses en aprobar algo que debería resolverse en dos sesiones. La burocracia municipal es agotadora.
Lo de los usos mixtos en el microcentro es lo más interesante de los tres proyectos. Si se permite vivir, trabajar y comerciar en el mismo edificio, eso sí puede cambiar la dinámica del centro. Hay que ver qué restricciones le meten encima.
Tres proyectos 'estratégicos' para el centro y mientras tanto los barrios periféricos sin asfalto, sin cloacas, sin nada. Siempre el centro, siempre los mismos.
El punto de Rosarino indignado tiene algo de verdad, pero tampoco es que el centro no necesite inversión. El microcentro vacío no le sirve a nadie, ni a los del centro ni a los de los barrios.