Lo que pasó en Santo Tomé no se olvida fácil. Un hombre que debía ser refugio y protección para su nieta se convirtió en su peor pesadilla, y esta semana la Justicia de Santa Fe le puso nombre y número a esa condena: nueve años de prisión.
El condenado es un hombre de 61 años, abuelo de la víctima, una menor de edad que soportó los abusos en silencio bajo una de las amenazas más crueles que puede imaginar una nena: si hablaba, su abuela moriría. Esa fue la herramienta de sometimiento que usó el acusado para garantizar el silencio de la chica. No solo el abuso, sino el terror psicológico montado sobre el amor que la niña sentía por otra persona de su familia.
La jueza Cecilia Labanca fue quien dictó la sentencia en el marco de un juicio oral que se desarrolló en los tribunales de la ciudad de Santa Fe. La magistrada tuvo ante sí un caso que condensa lo peor del abuso intrafamiliar: el agresor es alguien de máxima confianza, el delito ocurre puertas adentro, y la víctima queda atrapada entre el miedo y el amor a su propia familia.
¿Cuántos casos como este siguen sin llegar a juicio porque la amenaza funciona, porque la vergüenza aplasta, porque nadie pregunta lo suficiente? La condena de hoy es un paso, pero también es un recordatorio brutal de lo que ocurre cuando los adultos fallan en la tarea más básica: cuidar a los chicos.
El abuso sexual intrafamiliar es, según los datos del Ministerio Público de la Acusación de Santa Fe, una de las formas más frecuentes y más subregistradas de violencia contra la infancia. Los agresores suelen ser figuras de autoridad o afecto dentro del núcleo familiar, lo que convierte a las víctimas en prisioneras de su propio entorno. En la mayoría de los casos, el silencio se sostiene durante años antes de que alguien intervenga.
En este caso, la Justicia llegó. La niña habló, o alguien escuchó. Y eso, en un sistema que muchas veces falla antes de llegar al juicio, no es un detalle menor.
La condena a nueve años implica que el hombre deberá cumplir la pena en prisión efectiva. El fallo de la jueza Labanca cierra el proceso judicial, pero para la víctima el camino de reconstrucción recién empieza. Eso es algo que ninguna sentencia puede resolver sola.

Comentarios (13)
Deja tu comentario
Que se pudra adentro. Nueve años me parecen pocos para lo que le hizo a esa nena, pero al menos algo es algo. Ojalá la chica pueda reconstruir su vida.
9 años y sale con 70. Encima con los dos tercios puede salir antes. La Justicia argentina es una joda.
Lo de amenazarla con la muerte de la abuela es lo más retorcido que leí en mucho tiempo. Ese tipo calculó todo para que la nena no hablara. Eso habla de alguien muy peligroso.
Hay que hablar con los chicos en casa, gente. Preguntarles, escucharlos. Estos casos salen a la luz porque alguien finalmente escuchó. Cuántos no salen nunca.
Exacto Tere, y no solo escuchar sino creerles. Porque muchas veces los chicos dicen algo y los adultos no les dan bola o los mandan a callar.
Para mí que 9 años está bien, el tipo tiene 61, cuando salga va a tener 70 y pico. Ya está. Que la Justicia haya llegado es lo importante.
No está bien Pipa, con los beneficios penitenciarios puede salir en 6. Y la nena va a cargar con esto toda la vida. No es lo mismo.
Che, no te digo que es justo, te digo que al menos cayó preso. Hay tipos que hacen esto y nunca ven una celda. Bajemos un cambio.
La jueza Labanca hizo bien su trabajo. Ojalá todos los casos lleguen a juicio, porque la mayoría se cae antes o la víctima no puede sostener el proceso.
y la abuela sabia algo? pregunto en serio, no para defenderlo
Esa es una pregunta que siempre aparece y que la Justicia tiene que investigar. En muchos casos hay adultos que saben y miran para otro lado. Espero que en este caso también se haya investigado el entorno.
Monstruo. No hay otra palabra.
Lo que me parte el alma es pensar en esa nena queriendo proteger a su abuela y siendo usada por eso mismo. El daño psicológico de eso es enorme. Necesita acompañamiento profesional urgente.