Lo que parecía un delivery más en Fisherton terminó siendo una trampa perfecta. El lunes 21 de julio, efectivos de la Policía de Investigaciones (PDI) llegaron en moto con una caja de comida a un pasillo de José Ingenieros al 7600 y desbarataron un búnker de narcomenudeo que operaba en el fondo de ese corredor. Tres hombres cayeron sin saber qué los había golpeado.
El procedimiento se llamó "Operativo Rapi", un nombre que no deja lugar a dudas sobre el método elegido. La maniobra fue el resultado de una investigación previa por comercialización de estupefacientes que derivó en un trabajo de inteligencia criminal: se identificó el inmueble sospechoso, se planificó el ingreso encubierto y se ejecutó con precisión quirúrgica. La ubicación al fondo de un pasillo, que normalmente funciona como escudo para los vendedores, esta vez no sirvió de nada.
El secretario de Gestión Institucional del Ministerio de Justicia y Seguridad, Federico Angelini, fue el encargado de dar la cara ante la prensa y explicar cómo se hizo: "Los efectivos llegaron en una motocicleta con una caja de delivery, ingresaron por los pasillos y lograron sorprender a quienes estaban comercializando estupefacientes". Simple, efectivo, sin disparos.
El botín del operativo habla por sí solo: 44 dosis de cocaína, una suma no especificada de dinero en pesos y dólares en efectivo, teléfonos celulares y otros elementos que la fiscalía ya analiza. Angelini subrayó que los objetos incautados "son muy importantes" porque "permiten abrir nuevas líneas de investigación y avanzar sobre las distintas cadenas de distribución del narcomenudeo". En criollo: los celulares pueden ser una bomba de datos sobre quién provee, quién cobra y quién manda.
Fisherton, el barrio del noroeste rosarino históricamente asociado a los sectores de mayor poder adquisitivo de la ciudad, viene siendo escenario en los últimos años de una expansión silenciosa del narcomenudeo hacia zonas que antes parecían ajenas al problema. Los búnkeres ya no son exclusividad de los barrios más vulnerables: se meten en los pasillos, en las casas de fondo, en cualquier rincón donde la geografía les dé ventaja.
¿Cuántos puntos de venta similares siguen funcionando en la ciudad mientras se lee esta nota? La pregunta no es retórica: es el dato que las fuerzas de seguridad manejan y que rara vez se hace público. Lo que sí quedó claro este lunes es que la PDI tiene en el trabajo de inteligencia previa su herramienta más eficaz. No es el operativo espectacular con helicóptero y cámaras: es el agente que llega en moto con una caja de pizza y te desarma el negocio antes de que puedas reaccionar.
Los tres detenidos quedaron a disposición de la Justicia. La investigación continúa, y según Angelini, los elementos secuestrados podrían llevar a nuevos eslabones de la cadena. En el narcomenudeo rosarino, cada búnker caído es una puerta que puede abrirse hacia arriba. Si la PDI sabe aprovechar lo que encontró en ese pasillo de Fisherton, este lunes puede haber sido mucho más que un golpe menor.

Comentarios (12)
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Excelente trabajo de la PDI. Así se hace: con inteligencia y sin tiroteos. Ojalá haya más operativos de este tipo y menos show mediático.
44 dosis. Cuarenta y cuatro. Y se lo festejamos como si hubieran desbaratado al cartel de Sinaloa. El problema es diez mil veces más grande.
Algo es algo, cuervo. Prefiero que hagan esto a que no hagan nada. Cada búnker que cae es uno menos en el barrio.
Silvia, mientras cae uno abren tres. Eso es lo que no entienden. Sin atacar la raíz esto es vaciar el mar con un balde.
Vivo a pocas cuadras de José Ingenieros y la verdad que da miedo saber que había un búnker tan cerca. Gracias a los policías que se jugaron entrando por ese pasillo.
Lo del disfraz de delivery es ingenioso, hay que reconocerlo. Pero me pregunto cuántos de esos búnkeres siguen funcionando en Fisherton y en el resto de la ciudad sin que nadie haga nada.
Angelini sale a dar conferencia de prensa por 44 dosis. Che, un poco de seriedad. Eso es lo que vende un punto de venta en una tarde.
Lo más importante no son las dosis sino los celulares. Si los peritos hacen bien su trabajo eso puede llevar a los proveedores. Ahí está la clave.
Diego tiene razón en lo de los celulares. En el caso Funes el año pasado fue exactamente así: de los teléfonos tiraron del hilo y llegaron a los jefes. Esperemos que acá pase lo mismo.
jaja el operativo rapi, le pusieron rapi como rappi el delivery, se mandaron con el nombre
Fisherton siempre fue un barrio tranquilo y seguro. Que haya búnkeres ahí adentro muestra que el narco no respeta ninguna zona de la ciudad. Hay que estar alertas todos.
Bien por la PDI. Pero Angelini que no se olvide de los barrios del sur y el oeste donde hay diez búnkeres por cuadra y nadie entra ni en moto ni a pie.