En el campo rosarino, el clima volvió a mover el tablero. El Niño, que venía previsto con una intensidad muy fuerte, podría bajar a fuerte y cambiar el escenario de lluvias para los próximos meses.
Según planteó Cristian Russo, jefe de la Guía Estratégica para el Agro de la Bolsa de Comercio de Rosario, ese cambio reduciría las lluvias esperadas para octubre, noviembre y diciembre.
La idea no es menor: si el fenómeno pierde intensidad, el riesgo de excesos hídricos se aliviaría, pero aparece otra duda de fondo sobre si habrá agua suficiente para sostener el trigo y avanzar con la siembra de maíz.
El dato es delicado porque el campo no puede planificar con un clima que se mueve. Menos lluvia puede ser una buena noticia frente a los excesos hídricos, pero también puede convertirse en un problema si no hay humedad suficiente para sostener el cultivo.
Por eso, la duda que queda en el aire es simple y dura: el alivio frente a los excesos hídricos puede terminar siendo un problema de agua insuficiente para el trigo y el maíz.
En plena campaña, el campo rosarino mira el pronóstico con una mezcla de alivio y preocupación. El Niño no es solo un fenómeno climático: es un factor que pesa en la decisión de siembra y en el futuro de la campaña.
La señal que deja Cristian Russo es clara: el cambio de intensidad no resuelve todo. Aliviaría el riesgo de excesos hídricos, pero abre un interrogante sobre el agua disponible para sostener el trigo y avanzar con la siembra de maíz.
El punto sensible está en el tiempo: octubre, noviembre y diciembre son meses que definen si el trigo puede sostener su potencial y si el maíz puede avanzar con la siembra.
Si el fenómeno baja de muy fuerte a fuerte, el escenario no es ni bueno ni malo en términos absolutos. Es una señal que obliga a revisar el plan, a mirar la humedad y a decidir con más cautela.
El desconcierto crece porque el campo necesita certezas. Menos agua puede evitar problemas de excesos hídricos, pero también puede dejar al trigo y al maíz en una posición más vulnerable.
La lectura de la Bolsa de Comercio de Rosario, a través de la Guía Estratégica para el Agro, pone el foco en un equilibrio difícil: evitar el agua de más sin quedarse con agua de menos.
Si El Niño pierde fuerza justo cuando el campo necesita agua, la señal no es menor: puede cambiar el ritmo de la campaña, el manejo del trigo y la decisión sobre el maíz.
Por ahora, lo concreto es que el pronóstico se modifica y el desconcierto se instala. El Niño podría perder intensidad, pero el campo rosarino sigue mirando el pronóstico con la misma pregunta: ¿habrá agua para sostener la producción?

Comentarios (10)
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Me preocupa que baje la lluvia justo para el trigo. Ojalá no falte agua.
No todo es malo: si viene muy fuerte, el agua de más también arruina. Hay que ver el balance.
El balance lo dice el cielo, no la GEA. Yo quiero ver lluvia, no pronósticos.
Lo que no entiendo es por qué bajan de muy fuerte a fuerte y no dicen si va a llover en octubre.
Porque el clima no es exacto. Pero el dato sirve para no quedarse dormido.
Si el maíz se siembra tarde, después se paga. Ojalá no pase.
En mi zona el trigo ya está sufriendo. Menos lluvia no me parece buena noticia.
Lo bueno es que alivian los excesos hídricos. Lo malo es que no hay agua para todo.
Cada año lo mismo: el Niño, la lluvia, la sequía. El campo no puede vivir así.