Rosario envejece. Y con ese envejecimiento, cambia también el mapa de cómo mueren sus habitantes. El último informe de Estadísticas Vitales correspondiente al año 2025 revela que en la ciudad fallecieron 9.312 personas, una cifra que representa un 5,9% menos que en 2024, pero que al mismo tiempo confirma una tendencia estructural: casi la mitad de todas las muertes se concentran en apenas tres grandes grupos de causas.
Las enfermedades respiratorias, los tumores y las afecciones del sistema circulatorio explican cerca del 50% de los fallecimientos registrados en Rosario durante el año pasado. No son datos menores ni estadísticas frías: detrás de cada número hay una familia, un trabajador que no llegó a jubilarse, un jubilado que no tuvo acceso a tiempo al tratamiento que necesitaba.
El informe también señala que la edad promedio de muerte aumentó en los últimos dos años, lo que refleja una población que vive más pero que también demanda más del sistema de salud. Rosario, con más de un millón de habitantes, es una de las ciudades más envejecidas del interior del país, con una estructura demográfica que se asemeja cada vez más a la de las grandes urbes europeas que a la de una ciudad latinoamericana típica.
Este fenómeno no es casual ni espontáneo. El envejecimiento poblacional es el resultado de décadas de mejoras en las condiciones sanitarias básicas, pero también de una caída sostenida en la tasa de natalidad. Menos nacimientos y más años de vida promedio configuran una pirámide demográfica que se invierte lentamente, con más adultos mayores y menos jóvenes en la base.
El problema es que ese envejecimiento no viene acompañado de las políticas públicas necesarias para sostenerlo. Las enfermedades crónicas no transmisibles —que incluyen buena parte de los tumores y las afecciones cardiovasculares— requieren seguimiento prolongado, medicación continua y acceso regular al sistema de salud. En un contexto de ajuste como el que impone el gobierno nacional, donde el presupuesto en salud se recortó y los medicamentos para jubilados del PAMI fueron objeto de controversia, esa ecuación se vuelve cada vez más difícil de sostener para los sectores más vulnerables.
Las enfermedades del sistema circulatorio —infartos, accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca— son históricamente la primera causa de muerte en Argentina y en Rosario no es la excepción. Los tumores malignos ocupan el segundo lugar y su incidencia está fuertemente ligada a factores ambientales, laborales y al acceso oportuno al diagnóstico. Las enfermedades respiratorias, por su parte, se vieron potenciadas en los últimos años por los episodios de humo y contaminación que afectaron a la región, especialmente los incendios en el Delta del Paraná que durante varios años convirtieron el aire de Rosario en un problema de salud pública.
La reducción del 5,9% en la cantidad de fallecimientos respecto a 2024 es una buena noticia, pero no alcanza para cantar victoria. Los especialistas en salud pública advierten que la clave no está solo en cuánta gente muere, sino en cómo muere y a qué edad. Una muerte evitable a los 60 años por falta de acceso a tratamiento oncológico no es lo mismo que una muerte natural a los 85. Y en esa diferencia está el verdadero termómetro de la justicia sanitaria de una ciudad.
El desafío para la gestión municipal de Pablo Monteverde y para el sistema de salud provincial es claro: fortalecer la prevención, garantizar el acceso a diagnóstico temprano y sostener los programas de atención de enfermedades crónicas, especialmente para los sectores que menos recursos tienen. Porque envejecer con dignidad no debería ser un privilegio de pocos.

Comentarios (14)
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Mi marido murió de un infarto el año pasado a los 62 años. Llevaba meses esperando un turno en el cardiólogo del hospital. Estas estadísticas no son números, son personas reales que el sistema abandonó.
Y encima Milei recortando el presupuesto de salud. ¿Cómo querés que mejore algo si no hay plata para medicamentos ni para equipar los hospitales?
Che, el recorte de salud no es de ahora. Esto viene de hace décadas, de todos los gobiernos. No le cargues todo a uno solo. El sistema de salud argentino tiene problemas estructurales que ningún gobierno resolvió.
Sí, pero hay diferencia entre no resolver y directamente desfinanciar. Lo del PAMI con los remedios fue un escándalo. No es lo mismo.
Lo de las enfermedades respiratorias tiene mucho que ver con el humo de los incendios del Delta. Años y años respirando esa porquería. Y nadie hizo nada en serio para frenar los incendios.
Bueno, algo positivo hay: bajaron los fallecimientos un 6% respecto al año anterior. Eso también hay que reconocerlo, no todo es catástrofe.
¿Y qué mérito tiene eso? La gente murió menos porque hubo menos epidemias, no porque el sistema de salud mejoró. No confundamos.
Mi vieja tiene 78 años y va al PAMI. Cada vez que necesita un estudio tarda meses en conseguirlo. Con esa edad, los meses importan. El sistema te mata de a poco.
Lo del cáncer me preocupa mucho. El diagnóstico temprano salva vidas pero en los hospitales públicos los tiempos son eternos. Hay que invertir en eso, no en otras cosas.
Envejecer en Argentina es un deporte de riesgo. Si tenés plata, te atendés bien. Si no, rezás.
Sería interesante saber cómo se distribuyen esas muertes por barrio. Porque no es lo mismo vivir en Fisherton que en Empalme Graneros. La desigualdad sanitaria en Rosario es enorme.
Dato que falta en la nota: cuántas de esas muertes eran evitables con prevención y acceso a tiempo. Eso sería el verdadero indicador de si el sistema funciona o no.
Mientras tanto el municipio gasta en eventos y en el Paseo del Caminante. Prioridades, che.
No todo es culpa del municipio. La salud es un sistema complejo donde intervienen nación, provincia y municipio. Simplificar así no ayuda a entender el problema.