La madrugada del jueves dejó una escena que encendió la preocupación en San Francisquito: dos adolescentes, de 13 y 15 años, sufrieron heridas de arma de fuego en una balacera en Amenábar y Lavalle, en el sudoeste de Rosario.
El episodio se registró alrededor de las 2.30 y, según la información disponible, la secuencia del suceso no estaba clara por el momento. Esa incertidumbre es la que pesa sobre el barrio: sin una versión completa, cada vecino termina armando su propia película, pero la única certeza que queda es las heridas de bala que dejaron dos chicos que deberían estar durmiendo.
No se trata de un hecho menor. Cuando los disparos alcanzan a un adolescente de 13 años y a otro de 15, la pregunta no puede quedarse en el dato frío de una balacera. Hay una vida entera que puede quedar marcada, y hay una comunidad que vuelve a preguntarse por qué la violencia se instala en una esquina que, hasta hace poco, parecía ajena a este tipo de episodios.
El dato que complica el relato es que, por ahora, no hay una versión clara de cómo ocurrió. En una nota de estas, la tentación es llenar el vacío con suposiciones, pero el oficio manda a no hacerlo. Lo que se sabe es que hubo disparos, que hubo dos heridos y que el episodio se produjo en la madrugada, cuando el barrio duerme y la calle queda vacía.
San Francisquito vuelve a estar en el mapa de la inseguridad, y eso no es un detalle menor para Rosario. El sudoeste vuelve a quedar expuesto a una violencia que no se negocia, pero esta vez el golpe fue distinto: no fue un adulto, no fue un joven mayor, fueron dos adolescentes que quedaron expuestos a una violencia que no eligieron. Ahí está el punto que debería encender la alarma de todos los vecinos, de todos los funcionarios y de todos los que creen que la seguridad es un tema de otros.
La pregunta que queda abierta es simple y dura: ¿quién disparó y por qué? Mientras no haya una respuesta, el barrio va a seguir mirando Amenábar y Lavalle con desconfianza. Y Rosario, que ya cargó demasiado con la violencia, no puede permitir que cada balacera se convierta en una noticia más. Si no se corta la cadena, la próxima vez el dolor puede ser mayor.

Comentarios (9)
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Lo de San Francisquito me deja helado. Que sean de 13 y 15 años es lo que más me pesa. No es una balacera más, es un golpe directo a la infancia.
Yo vivo cerca de Amenábar y Lavalle. La verdad es que ya no se puede salir a la noche sin miedo. Necesitamos respuestas, no solo notas.
Lo que falta es que se sepa cómo pasó. Si la secuencia no está clara, hay que esperar a la investigación antes de tirar nombres.
Esperar a la investigación está bien, pero también hay que exigir que la policía haga su trabajo. No puede quedar en el aire.
Totalmente de acuerdo. En Rosario ya se acostumbró a que las balaceras se investiguen tarde y mal.
Ojalá los chicos se recuperen. Lo que más me preocupa es que no haya una versión clara todavía.
El sudoeste está pagando un precio muy alto. Ya no es un tema de un barrio, es un problema de toda la ciudad.
Sí, pero también hay que ver si hay presencia real del Estado en esos barrios. No alcanza con la bronca.
Coincido. La bronca no alcanza si no hay políticas serias. Ojalá este caso empuje a que se investigue a fondo.