La madrugada del miércoles dejó una postal que ya conocemos de memoria en Rosario: banderas narco colgadas en instituciones públicas y ataques incendiarios que esta vez apuntaron directo a los murales de Central. ¿Hasta cuándo vamos a naturalizar que los chicos vayan a la escuela y se encuentren con amenazas de muerte?
Según informó Rosario3, el primer episodio se registró el martes antes de las 6.30 de la mañana en la escuela Luis Drago, sobre Buenos Aires al 5300. El personal que llegaba para abrir el establecimiento se topó con una tela blanca colgada en las rejas, con nombres y apellidos de delincuentes vinculados a Los Monos y la barra brava canalla.
Entre los mencionados aparece Andrés Bracamonte, hijo del fallecido líder del paravalanchas de Central, quien fue atacado en noviembre de 2024. Un mensaje claro: acá no se olvida nada y las cuentas pendientes se cobran en las calles de la ciudad.
Pero la cosa no quedó ahí. Este miércoles, antes de las 7 de la mañana, apareció una bandera similar en el centro de salud de Bolonia al 5300, en el suroeste rosarino. Los mismos nombres, la misma metodología, el mismo mensaje de terror que busca instalar miedo en la población.
Como si fuera poco, la madrugada del miércoles también fue escenario de tres ataques incendiarios contra murales de Rosario Central. El primero ocurrió en Curupaytí y Liniers, donde prendieron fuego un neumático pegado a una gran pintada auriazul. A pocas cuadras, en Liniers y Garay, los bomberos tuvieron que actuar para sofocar las llamas sobre una pintura canalla en la fachada de un galpón.
El tercer episodio se registró en Garzón y La Paz, donde la policía encontró otro neumático incendiado sobre una pared con un mural de Central. La metodología es siempre la misma: neumáticos como combustible y la simbología del club como blanco.
¿Qué está pasando realmente? Estos ataques no son casuales ni aislados. Forman parte de una guerra territorial que mezcla narcotráfico, barras bravas y venganzas personales, donde los símbolos del fútbol se convierten en objetivos militares de una batalla que no da tregua.
La pregunta que nos hacemos todos los rosarinos es la misma de siempre: ¿cuánto más vamos a tolerar que conviertan a nuestra ciudad en un campo de batalla? Porque mientras los responsables de la seguridad siguen con sus discursos, los narcos siguen marcando territorio en escuelas y centros de salud, lugares donde deberían reinar la paz y la tranquilidad.

Comentarios (12)
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Ya no se puede ni mandar a los chicos a la escuela tranquilo. Esto es tierra de nadie, donde están las autoridades?
Siempre la misma historia, atacan a Central pero nunca tocan nada de Newell's. Casualidad?
No tiene nada que ver con el fútbol esto, es pura guerra narco. Dejen de mezclar al club con estas lacras.
Mi hijo va a esa escuela, imaginate el susto que nos pegamos cuando nos enteramos. No puede ser que tengamos que vivir así.
Mientras sigan peleando entre ellos mejor, que se maten todos y nos dejen en paz a los laburantes.
Qué fácil hablar desde Fisherton, pero los que vivimos en estas zonas la sufrimos todos los días. Un poco de empatía.
Dejen de usar los colores del club para sus porquerías. Central es una institución centenaria, no se merece esto.
Los Bracamonte ya fueron, ahora andan otros manejando todo. Esto es venganza vieja que no termina nunca.
Y después se quejan cuando uno dice que hay que mano dura. Así estamos, con narcos poniendo banderas en las escuelas.
Mano dura dice... como si no hubiera habido ya mil operativos. El problema es más profundo, hay que atacar las causas.
Yo trabajo en salud pública y cada día tenemos más miedo de ir a trabajar. Esto no puede seguir así.
En el sur siempre fuimos los olvidados, ahora que explota todo recién se acuerdan de nosotros. Tarde.