Lo que encontraron en esa mochila lo dice todo: 239 dosis de cocaína, elementos para fraccionar y cuatro celulares. El lugar donde operaba el búnker no era cualquier esquina: era el Santuario del Gauchito Gil, en Ituzaingó al 200 bis, en pleno barrio República de la Sexta.
Diego Cantero, de 40 años, quedó en prisión preventiva efectiva luego de que la fiscal de Microtráfico Mercedes Banchio presentara la imputación este lunes ante el juez Alejandro Negroni. El magistrado tuvo por formalizada la acusación y ordenó que Cantero permanezca detenido durante 90 días.
La investigación no fue un operativo de un día. Personal de Prefectura Naval comenzó a detectar la actividad el 8 de junio de este año, a partir de denuncias vecinales que alertaban sobre un movimiento sostenido de narcomenudeo en el sector. Durante casi tres meses, los efectivos desplegaron tareas de seguimiento y vigilancia hasta que el 3 de septiembre procedieron a la detención de Cantero.
Según la acusación fiscal, el hombre no operaba en un solo punto. La venta de cocaína se realizaba en domicilios de Ituzaingó al 100 bis y 200 bis, pero también en la calle, aprovechando la concurrencia de fieles al santuario popular. El lugar de devoción al Gauchito Gil, una figura de culto arraigada en los sectores populares de toda Argentina, funcionaba como cobertura o punto de referencia para la actividad ilícita.
¿Cuánto tiempo puede sostenerse un búnker en plena vía pública antes de que alguien lo denuncie? En este caso, los vecinos no tardaron. Las denuncias fueron el puntapié inicial de una investigación que terminó con el allanamiento de la vivienda de Ituzaingó al 200 bis, donde los efectivos hallaron la mochila con las dosis, fragmentos de sustancia blanca y el material de fraccionamiento que confirmó la hipótesis investigativa.
La fiscal Banchio imputó a Cantero por el delito de comercialización de estupefacientes en calidad de autor. No como simple tenedor, no como consumidor: como el que vendía. El juez Negroni aceptó el planteo y dispuso la preventiva. Noventa días que, en el lenguaje judicial, son el primer paso hacia un proceso que puede terminar en condena.
El barrio República de la Sexta es uno de los sectores de Rosario con mayor densidad poblacional en su zona norte, y la presencia de narcomenudeo en espacios públicos —incluso en lugares de culto— es una de las formas más visibles del problema estructural que la ciudad arrastra hace años. Que un santuario popular haya sido usado como punto de referencia para la venta de droga no es solo un dato policial: es un síntoma de hasta dónde puede llegar la penetración del narco en la vida cotidiana de los barrios.
La causa queda ahora en manos de la Justicia. Cantero seguirá detenido mientras avanza el proceso. Y el santuario del Gauchito Gil, que para miles de rosarinos es un lugar de fe y de promesas, tendrá que sacudirse esta historia encima.

Comentarios (13)
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Vivo a tres cuadras de ahí y todos sabíamos lo que pasaba. Los vecinos lo denunciamos mil veces. Por lo menos ahora hicieron algo.
¿Y los que lo cubrían? ¿A esos cuándo los agarran? El que vende en la calle es el último eslabón, arriba hay toda una cadena que sigue intacta.
Exacto. Agarran al soldadito y los medios hacen nota. Los jefes siguen tomando mate en sus casas.
Che, algo es algo. No podemos criticar cuando hacen operativos y también criticar cuando no hacen nada. Prefectura laburó tres meses en esto.
Lo del santuario me parece lo más triste. Que usen un lugar de fe para vender droga dice todo de esta gente.
239 dosis en una mochila. No era un consumidor, era un negocio armado. Bien que le dieron la preventiva.
90 días de preventiva y después? Sale, vuelve al barrio y listo. El sistema es un chiste.
Los vecinos denunciaron y la Prefectura respondió. Eso hay que reconocerlo. No siempre pasa.
mi vieja pasa por ahi todos los dias para ir al laburo, una verguenza que esto pasara justo ahi
La fiscal Banchio viene trabajando bien en microtráfico. Ojalá esto no quede en una detención y haya una condena real.
Tres meses de investigación para agarrar a uno solo. Con todos los recursos que tiene el Estado, ¿no se puede hacer más?
Al menos los vecinos que denunciaron vieron resultados. Eso da un poco de esperanza para seguir confiando en las instituciones.