El Niño no solo se nota en el cielo de Rosario: también empieza a aparecer en la canasta de verduras y hortalizas. Según advierten desde el Mercado de Concentración de Fisherton, el aumento de lluvias ya complica la oferta y presiona los precios de los productos más consumidos.
El fenómeno climático, que se traduce en días prolongados de lluvia y tormentas, podría tener consecuencias que van mucho más allá del clima. En el mercado, la señal es directa: cuando la producción, la cosecha o el traslado se complican, la mercadería disponible baja y el precio sube.
Entre los alimentos que ya muestran presión de precio están papa, cebolla, calabaza, tomate y pimiento rojo. Son productos de alta rotación, presentes en la cocina cotidiana, y por eso cualquier variación en su oferta termina de inmediato en el bolsillo de las familias.
Desde el Mercado de Concentración de Fisherton explican que el exceso de precipitaciones o los fenómenos climáticos extremos afectan todo el circuito: la producción, la cosecha y el traslado de verduras y hortalizas. Cuando ese circuito se deteriora, la mercadería que llega al mercado es menor y el precio se mueve hacia arriba.
El mecanismo es simple y conocido: si hay menos producto disponible, el precio tiende a subir. En un mercado de alimentos, donde la demanda no desaparece por más que llueva, la escasez de oferta se transmite rápido. Por eso, una semana de lluvias intensas puede convertirse en una suba visible en el mostrador.
La lectura económica es clara: el clima no es un dato menor, sino un factor que modifica la oferta. En un contexto de precios sensibles, cualquier interrupción en la cadena de producción, cosecha o traslado puede convertirse en una presión inflacionaria para los alimentos. El mercado de Fisherton funciona como termómetro de ese impacto.
Para el consumidor, el efecto es inmediato: se compra menos cantidad o se reemplaza el producto. La papa, la cebolla y el tomate son de los primeros que se sienten en el gasto familiar. No es un lujo: son insumos básicos para comidas cotidianas, y su precio pesa en el presupuesto mensual.
El fenómeno de El Niño vuelve a poner sobre la mesa la vulnerabilidad de la cadena alimentaria frente al clima. En Rosario, el Mercado de Concentración de Fisherton es el punto donde se advierte el impacto: si las lluvias continúan, la presión sobre los precios puede extenderse.
La pregunta que queda es cuánto tiempo va a durar la presión. Si el clima mejora, la oferta podría recomponerse y aliviar los precios. Pero mientras sigan las tormentas y las lluvias, el mercado va a seguir ajustando la oferta y el precio. En la economía de los alimentos, el clima también cobra su parte.

Comentarios (10)
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Por fin se nota que el clima también afecta la canasta. En mi barrio la papa ya está más cara.
En el centro también. La papa ya no se compra igual.
Lo que pasa es que siempre sube y nunca baja. Con El Niño tienen excusa.
No es excusa, es oferta. Si llueve y no se puede cosechar, hay menos mercadería.
Igual, hay que ver si baja cuando pare. En Rosario se nota rápido en Fisherton.
En el mercado se ve la diferencia. El tomate y la cebolla ya no se consiguen tan fácil.
En mi casa ya no compro tanto. Se nota en el gasto.
Ojalá no se estire. La calabaza y el pimiento rojo son lo que más uso.
Bien que lo adviertan desde el mercado. Mejor saberlo antes de ir a comprar.
La cebolla es lo que más me preocupa. En la cocina se usa todos los días.