Cinco veces. Cinco veces el oficialismo santafesino intentó sacar adelante la ley de tierras en el Senado provincial y cinco veces se fue con las manos vacías. Ahora, con el jueves marcado en el calendario como nueva fecha límite, el bloque gobernante volvió a la mesa de negociaciones para retocar el texto y ver si esta vez los números cierran.
La estrategia no es nueva pero sí revela el nivel de dificultad que tiene este proyecto: modificar sobre la marcha para sumar voluntades. Cada cambio en el articulado es una concesión, cada concesión es una señal de que los votos propios no alcanzan. En política, eso se llama debilidad legislativa, aunque nadie del oficialismo lo diga con esas palabras.
¿Qué es exactamente lo que se modifica? Los detalles precisos del nuevo texto todavía no trascendieron en su totalidad, lo que ya de por sí dice algo: las negociaciones siguen abiertas y nada está cerrado. Lo que sí está claro es que el proyecto original generó resistencias suficientes como para frenar cinco sesiones. No es un dato menor.
La ley de tierras en Santa Fe es uno de esos temas que cruzan intereses económicos, políticos y territoriales de manera simultánea. Regula el acceso, la tenencia y la transferencia de tierras en la provincia, con implicancias directas para el sector agropecuario, las comunidades rurales y los municipios del interior. En una provincia donde la tierra es sinónimo de poder real, cualquier modificación al marco legal toca nervios sensibles.
El oficialismo de Maximiliano Pullaro viene de una posición de relativa fortaleza electoral, pero eso no siempre se traduce en mayorías legislativas automáticas. El Senado santafesino tiene su propia dinámica, con bloques que negocian artículo por artículo y senadores del interior que responden a lógicas territoriales que no siempre coinciden con la línea del Ejecutivo provincial.
Lo que llama la atención es la acumulación de fracasos. Un proyecto que cae una vez puede ser mala suerte o mala táctica. Dos veces, un problema de comunicación. Pero cinco veces habla de algo más profundo: o el proyecto tiene fallas estructurales que no convencen a sectores clave, o las negociaciones políticas están mal encaminadas, o ambas cosas a la vez.
El jueves será, entonces, el sexto intento. Y el oficialismo apuesta a que los retoques de último momento sean suficientes para cruzar la línea. La pregunta que nadie responde todavía es cuánto del proyecto original queda en pie después de tantos cambios, y si lo que finalmente se vote —si es que se vota— tiene algo que ver con lo que se presentó en un principio.
En el Senado santafesino, como en cualquier cuerpo legislativo, los proyectos que llegan muy modificados a la sesión suelen generar nuevas dudas en el recinto. Porque cada cambio satisface a alguien pero puede incomodar a otro. El equilibrio es frágil y el tiempo, esta vez, juega en contra.
Si el jueves vuelve a caer, será difícil no hablar de un fracaso político de magnitud para el gobierno provincial. Seis intentos fallidos en un proyecto propio no tienen mucho maquillaje posible.

Comentarios (13)
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Cinco veces cayó y ahora le meten cambios de apuro el día antes. Si no convence así, menos va a convencer parcheado. Esto es un papelón para el gobierno de Pullaro.
Negociar y modificar proyectos es parte del proceso legislativo normal. No todo es conspiración. A veces los proyectos mejoran con el debate.
Marcelo, una cosa es mejorar con el debate y otra es llegar cinco veces al recinto sin los votos. Eso no es debate, es improvisación.
Hay que ver qué cambios le hacen, porque el proyecto original tenía artículos muy cuestionables para los pequeños productores del interior. Si mejoran eso, bienvenido sea.
Che, ¿alguien sabe exactamente qué le modificaron? Porque si no se sabe ni qué dice el nuevo texto, ¿cómo van a votar los senadores el jueves? Esto es un circo.
En el interior de la provincia esto se sigue con mucha atención. Los senadores del campo no van a votar cualquier cosa, y hacen bien.
Lo que me preocupa es que con tanto cambio de último momento, al final nadie sabe bien qué se está votando. Eso es peligroso en una ley que afecta la tierra.
Luciano, coincido en eso. La transparencia en el proceso es fundamental. Que el texto final se conozca con tiempo es una demanda razonable.
Si cae por sexta vez ya no hay forma de disimularlo. Va a ser un golpe político serio para el gobierno provincial.
Ojalá que esta vez salga bien y se regule de una vez el tema de las tierras. Hay mucho abuso en el interior con los grandes propietarios y los pequeños productores siempre pierden.
¿Y los senadores del PJ qué dicen? Porque si el oficialismo no tiene los votos propios, alguien tiene que estar negociando con la oposición. Eso también tiene un costo político.
Cinco intentos fallidos en un proyecto propio es demasiado. En algún momento hay que preguntarse si el problema es el proyecto o la conducción política del bloque.
Valeria, exacto. Y nadie en el oficialismo parece hacerse esa pregunta. Siguen empujando como si el problema fuera solo técnico.