Desde la vereda parece una lavandería más. Nada la distingue del resto del comercio del barrio. Pero adentro de Coopelav pasa algo que en Rosario todavía cuesta creer: personas que hace apenas unos años estaban prácticamente en situación de calle hoy son los dueños, los administradores y los trabajadores de su propia empresa cooperativa.
La historia de Coopelav es la historia de lo que puede pasar cuando el Estado y la sociedad civil deciden tomarse en serio la Ley Nacional de Salud Mental. Esta cooperativa de inclusión sociolaboral, integrada por personas en tratamiento de salud mental, arrancó en 2023 y desde entonces cambió la vida de sus integrantes de una manera que ningún manicomio jamás pudo ofrecer: con trabajo genuino, ingresos propios y autonomía real.
"Prácticamente en situación de calle" es la descripción que usaron los propios protagonistas para definir dónde estaban antes. Hoy, en cambio, tienen ingresos que les permiten ahorrar y hasta salir de vacaciones. No es un dato menor. Es la diferencia entre existir y vivir.
El modelo cooperativo no es casual. Es la forma jurídica que mejor expresa los principios de la desmanicomialización: horizontalidad, autonomía y dignidad. En una cooperativa no hay jefes que mandan y pacientes que obedecen. Hay socios que deciden juntos. Esa lógica, que parece simple, es en realidad una revolución para personas que durante años fueron tratadas como objetos de la medicina y no como sujetos de derecho.
La Ley 26.657 de Salud Mental, sancionada en 2010, estableció que la internación debe ser el último recurso y que el objetivo del sistema tiene que ser la inclusión social plena. Pero entre la letra de la ley y la realidad cotidiana suele haber una distancia enorme. Coopelav achica esa distancia. Demuestra que la desmanicomialización no es una utopía de académicos sino una práctica posible, concreta, medible en kilos de ropa lavada y en pesos ahorrados.
En Rosario, ciudad que históricamente tuvo una fuerte tradición en salud mental comunitaria, este tipo de experiencias tienen un terreno fértil. La red de dispositivos de salud mental del municipio, los centros de día, los hogares de convivencia y las cooperativas de trabajo forman un ecosistema que, cuando funciona articulado, produce resultados como Coopelav.
El desafío que queda es la escala. Una sola cooperativa no alcanza para dar respuesta a la enorme cantidad de personas con padecimiento mental que hoy están en situación de calle o en instituciones que no garantizan sus derechos. Pero Coopelav prueba que el camino existe. Que no hace falta encerrar a nadie para que esté "contenido". Que el trabajo, la pertenencia y el ingreso propio son, en muchos casos, la mejor terapia.
En tiempos en que el ajuste nacional amenaza los presupuestos de salud mental en todo el país, experiencias como esta se vuelven más urgentes y más valiosas. Porque demuestran, con hechos, que invertir en inclusión sociolaboral no es un gasto: es la única inversión que realmente transforma vidas.
Con información de: La Capital

Comentarios (13)
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Esto es lo que debería replicarse en toda la provincia. Cuánta gente en situación de calle tiene algún padecimiento mental y nadie les da una oportunidad real. Acá les dieron trabajo y dignidad. Eso vale más que cualquier pastilla.
Muy buena nota. Ojalá el municipio amplíe el apoyo a este tipo de proyectos. La salud mental comunitaria funciona cuando hay recursos y voluntad política. Las dos cosas hacen falta.
Y mientras tanto Milei ajusta el presupuesto de salud mental a nivel nacional. Qué paradoja: desde abajo construyen esto y desde arriba lo destrozan.
Perdón pero no todo se resuelve con cooperativas. Hay casos muy graves que necesitan internación y tratamiento intensivo. No podemos romantizar la desmanicomialización como si fuera la solución para todos.
Nadie dijo que es para todos los casos, Federico. La ley habla de que la internación sea el ÚLTIMO recurso, no que no exista. Justamente Coopelav es para personas que ya están en tratamiento y pueden trabajar. Leé bien antes de opinar.
Claudia, te entiendo, pero el problema es que en la práctica los recursos para los casos graves se recortan con el argumento de la desmanicomialización. No es un ataque al proyecto, es una advertencia sobre cómo se usa políticamente el concepto.
Yo llevo ropa a lavar ahí desde hace meses y la verdad que el servicio es excelente. Ni sabía toda esta historia hasta que leí la nota. Me alegra saber que con mi plata estoy apoyando algo así.
Esto debería estar en todos los medios nacionales. Pero claro, no genera rating. Prefieren mostrar casos policiales con personas con problemas de salud mental que esto.
Trabajo en salud y puedo decir que la inclusión laboral es uno de los factores más potentes para la recuperación. No es ideología, es evidencia clínica. Proyectos como Coopelav deberían ser política de Estado.
Salir de vacaciones con lo que ganan en una lavandería cooperativa... no sé si creerles o no. Suena muy bonito todo.
No hace falta irse al Caribe para salir de vacaciones. Un fin de semana en el río ya es un logro enorme para alguien que estuvo en situación de calle. Bajá un cambio con el escepticismo.
Nota necesaria. En Rosario hay mucho potencial en la economía social y solidaria. Falta que el Estado municipal y provincial acompañen con compras públicas a estas cooperativas. Eso sería apoyo real.
Mi hermano tiene esquizofrenia y siempre me pregunté si algún día iba a poder trabajar. Ver esto me da esperanza. Voy a averiguar si hay algo similar para él.