Una investigación que llevó diez años y fue publicada este mes en la Revista de Salud Pública de la Universidad Nacional de Córdoba encendió una nueva alarma sobre los efectos del modelo agroindustrial en la salud de los santafesinos: las tasas de aborto espontáneo en el primer trimestre del embarazo se multiplicaron por 2,4 entre 2008 y 2018 en nueve localidades de la provincia rodeadas de campos pulverizados con plaguicidas.
El estudio, liderado por investigadores del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR —entre ellos el reconocido médico Damián Verzeñassi—, analizó los antecedentes reproductivos de 6.497 mujeres de entre 18 y 70 años mediante encuestas censales realizadas por estudiantes del último año de Medicina durante sus Campamentos Sanitarios, una instancia de examen final que los capacita durante tres meses para el relevamiento en terreno.
De los 2.870 embarazos registrados en el período, el 87% culminó en nacimientos y el 13% en pérdidas gestacionales. De esas 369 pérdidas, 285 ocurrieron en el primer trimestre. La evolución es contundente: la tasa de pérdidas en mujeres menores de 30 años pasó de 4,1% a 12,8%, mientras que en mayores de 31 años trepó de 11,1% a 19,8% a lo largo de la década estudiada.
El hipotiroidismo aparece como un factor de riesgo adicional y preocupante. Su prevalencia entre las encuestadas fue del 11,9%, con una incidencia que también se multiplicó por 2,5 veces en el mismo período. El estudio establece que las mujeres con hipotiroidismo tienen un riesgo de aborto espontáneo 40% mayor que el resto, ajustado por edad, lo que sugiere una cadena de efectos donde la exposición a agroquímicos podría estar afectando la función tiroidea y, a través de ella, la capacidad reproductiva.
Las localidades relevadas —ocho con menos de 6.000 habitantes y una, San Jorge, con aproximadamente 19.000— tienen en común una característica determinante: la mayoría de sus residentes vive a menos de 400 metros de los campos fumigados. En San Jorge, cerca de la mitad de los encuestados se encontraba entre los 400 y los 1.000 metros de distancia.
El contexto nacional que describe el informe es igualmente inquietante. Según estimaciones de la FAO para 2023, Argentina aplica 6,3 kg de agroquímicos por hectárea cultivada, más del doble que Estados Unidos (2,8 kg) y casi el doble que Francia (3,7 kg). El glifosato es el más utilizado, pero el problema va más allá: de los 340 ingredientes activos autorizados en el país, 120 no tienen aprobación en la Unión Europea, lo que implica que Argentina permite sustancias que mercados más exigentes rechazan por sus riesgos sanitarios.
A eso se suma otro dato que el propio informe señala como una deuda del Estado: no existen datos oficiales actualizados sobre los volúmenes de agroquímicos utilizados en el país. Una omisión que, en términos de política pública, equivale a operar a ciegas sobre uno de los sectores productivos más importantes de la economía argentina.
Los investigadores advierten que los efectos de los plaguicidas no se limitan al objetivo de ataque —malezas, hongos, insectos— sino que las derivas por tierra, aire y agua los convierten en un factor de riesgo para la salud humana tanto por intoxicación aguda como por exposición crónica. La vulnerabilidad es mayor en mujeres embarazadas y en el feto en desarrollo.
El trabajo suma evidencia a un debate que en Santa Fe lleva décadas sin resolución institucional: la tensión entre un modelo agroindustrial que genera divisas y empleo, y los costos sanitarios que recaen sobre las comunidades rurales que conviven con las fumigaciones. Los números de esta investigación no son una opinión: son diez años de datos recogidos casa por casa, en localidades que el mapa económico suele ignorar.

Comentarios (14)
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Viví diez años en Hughes y tuve dos abortos espontáneos. Siempre sospeché que algo tenía que ver con las fumigaciones, pero nadie te escuchaba. Ahora hay un estudio y espero que alguien lo tome en serio.
Antes de sacar conclusiones habría que ver si el estudio controla por otros factores: edad materna, tabaquismo, obesidad, acceso a salud. Una correlación no es causalidad. Lo digo con respeto pero con rigor.
Con todo respeto, el estudio ajusta por edad y lo dice explícitamente. Y diez años de datos censales en nueve localidades no es poca cosa. ¿Cuántas mujeres más tienen que perder embarazos para que se tome en serio?
La UNR lleva años haciendo estos campamentos sanitarios y los datos siempre apuntan en la misma dirección. En algún momento el Estado tiene que actuar, no puede seguir mirando para otro lado.
Y mientras tanto en Argentina no hay datos oficiales actualizados sobre cuánto agroquímico se usa. Eso solo ya es un escándalo. ¿Cómo vas a hacer política sanitaria sin información básica?
Soy productor y no soy el enemigo. Uso agroquímicos porque el sistema me obliga, los márgenes son finísimos y sin ellos no hay cosecha. El problema es sistémico, no es el chacarero el villano de la película.
Nadie dijo que el productor es el villano. El problema es el modelo que se instaló en los 90 y que hoy es hegemónico. Hay que discutir eso, no defender a las multinacionales que venden el paquete tecnológico.
Totalmente de acuerdo en eso. Pero cuando se habla de 'prohibir agroquímicos' sin dar alternativas reales, el que quiebra soy yo, no Monsanto.
120 ingredientes activos que no aprueban en Europa pero sí acá. Eso es todo lo que necesito saber sobre cómo nos cuida el Estado argentino.
Soy médica de familia en zona rural. Esto que describe el estudio lo vemos en el consultorio hace años. No es novedad para los que trabajamos en el territorio, pero al menos ahora hay evidencia publicada en una revista científica.
Verzeñassi viene diciendo esto desde hace 15 años y siempre lo ningunearon. Ahora con datos de una década publicados en revista indexada a ver quién se anima a decir que es un alarmista.
Nadie dijo que es un alarmista. Dije que hay que leer el estudio con rigor metodológico. Son cosas distintas. Pero si los datos son sólidos, hay que actuar. Punto.
Mi prima perdió tres embarazos viviendo en Cañada de Gómez. Nunca nadie le explicó por qué. Ojalá alguien le muestre este estudio a su médico.
Lo que más me impacta es que Argentina usa más del doble de agroquímicos por hectárea que Estados Unidos. Y los yanquis no son precisamente un ejemplo de regulación ambiental. Algo muy mal estamos haciendo.