Lo que el campo produce también puede cobrar un precio. Un informe del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario acaba de poner sobre la mesa datos que incomodan: en nueve localidades santafesinas con fuerte actividad agrícola, las mujeres sufren más abortos espontáneos de lo que debería considerarse normal. Y eso no es todo.
El médico e investigador Facundo Fernández, integrante del equipo que elaboró el estudio, lo dijo sin rodeos este jueves en declaraciones a LT8: junto al aumento de interrupciones involuntarias del embarazo, el relevamiento también encontró "cifras muy altas en casos de hipotiroidismo" entre la población de esas comunidades. Dos patologías. Un denominador común: la exposición sistemática a agroquímicos.
El hipotiroidismo es una enfermedad que afecta la glándula tiroides y altera el metabolismo, el estado de ánimo y la fertilidad, entre otras funciones vitales. Su presencia elevada en zonas rurales fumigadas no es una casualidad que la ciencia pueda ignorar. Varios estudios internacionales ya habían señalado la relación entre ciertos pesticidas —en especial el glifosato y los organofosforados— y la disrupción del sistema endocrino, que regula precisamente las hormonas tiroideas.
¿Cuántas familias de esas localidades llevan años conviviendo con esto sin que nadie les explique por qué sus cuerpos fallan? Esa es la pregunta que este informe pone sobre la mesa, y que las autoridades provinciales y municipales van a tener que responder.
El trabajo fue realizado desde el Instituto de Salud Socioambiental, una unidad académica de la UNR que desde hace años investiga el impacto de los modelos productivos sobre la salud de las comunidades. No es un panfleto ambientalista: es ciencia universitaria con metodología, datos y nombres propios. El tipo de informe que debería llegar al escritorio de cada intendente de la región sojera de Santa Fe.
Las nueve localidades relevadas no fueron identificadas en el adelanto periodístico, pero el patrón que describe el estudio es el de tantos pueblos del interior santafesino: campos que llegan hasta el límite del ejido urbano, aviones y mosquitos que fumigan a metros de las casas, y vecinos que durante años reclamaron sin que nadie midiera nada. Ahora alguien midió.
El debate sobre los agroquímicos en Santa Fe tiene décadas de historia y muy pocas resoluciones concretas. Las ordenanzas de distancias mínimas de fumigación se aprueban, se impugnan, se incumplen. Los productores defienden sus métodos. Los vecinos de los bordes rurales acumulan historias de enfermedades que no terminan de explicarse. Y el Estado, en sus distintos niveles, suele llegar tarde o no llegar.
Este informe de la UNR no cierra el debate: lo reabre con evidencia nueva. Y eso, en un tema donde la negación fue durante mucho tiempo la respuesta oficial, ya es un paso que no es menor. Lo que venga después —si hay políticas, si hay controles, si hay justicia sanitaria para esas comunidades— depende de decisiones que exceden a los investigadores. Depende de la política. Y la política, en estos temas, tiene un historial para el que no alcanza el optimismo.

Comentarios (13)
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Vivo en un pueblo del sur de Santa Fe y hace años que los vecinos decimos lo mismo. Tres amigas mías perdieron embarazos en los últimos dos años. Nadie nos tomaba en serio. Ahora lo dice la UNR y quizás alguien escuche.
Y dale con el glifosato. Cuántos estudios más necesitan para entender que el campo argentino no puede funcionar sin agroquímicos? Esto es lobby ambientalista disfrazado de ciencia.
Che, el estudio lo hizo la UNR, no Greenpeace. Tiene metodología científica. Podés estar en desacuerdo pero descartarlo como lobby es no entender nada de cómo funciona la investigación universitaria.
La UNR también tiene sus sesgos ideológicos, no me vengas con el cuento de la ciencia neutral. Quiero ver el estudio completo antes de sacar conclusiones.
Soy médica clínica en Rosario y veo cada vez más pacientes jóvenes con hipotiroidismo sin antecedentes familiares. Que la UNR empiece a medir esto es fundamental. La correlación no es causalidad, sí, pero tampoco se puede ignorar el patrón.
Mi vieja vive en Armstrong y tiene hipotiroidismo hace 10 años. Nunca nadie le preguntó si vivía cerca de campos fumigados. Esto que dice la UNR me parte la cabeza.
Ojalá este informe llegue a los diputados provinciales. Aunque me parece que va a quedar cajoneado como siempre. La soja manda más que la salud en esta provincia.
Hay que leer el informe completo antes de hacer catarsis. Cuántas localidades, qué metodología, qué variables controlaron. La nota no da esos datos y eso también es un problema periodístico.
Totalmente de acuerdo con Roberto. Pero igual, que se haya medido ya es un avance. Antes ni eso había.
Mi hija tuvo dos abortos espontáneos viviendo en un pueblo del norte santafesino. Los médicos nunca encontraron causa. Leer esto me genera una mezcla de alivio y una bronca terrible.
Trabajo en el sector hace 20 años. Nadie defiende fumigar mal o cerca de las casas. Pero generalizar y decir que toda la actividad agrícola enferma a la gente es irresponsable. Hay que ver qué agroquímicos, qué dosis, qué distancias.
Qué bueno que exista el Instituto de Salud Socioambiental de la UNR. Eso es para lo que sirve la universidad pública. Para estudiar lo que al poder no le conviene que se sepa.
Y el gobernador Pullaro qué dice? Silencio total como siempre en estos temas.