El nombre de Fabio Grosso explota en las búsquedas de Google Argentina y los rosarinos, como siempre atentos al mundo del fútbol, no son la excepción. Este defensor y entrenador italiano, que marcó una época dorada del calcio, vuelve a estar en el centro de la escena futbolera internacional y eso se siente hasta en los bares del Bajo y las peñas de los barrios de nuestra ciudad.
Para los que no lo recuerdan o son más jóvenes: Fabio Grosso es una leyenda viva del fútbol italiano. Fue el hombre que convirtió el gol decisivo en la semifinal del Mundial de Alemania 2006 contra el anfitrión, y también fue quien pateó el último penal en la final contra Francia, sellando la cuarta estrella para Italia. Un tipo que en un mes se convirtió en héroe nacional. Esas cosas que el fútbol te da y que ningún político te puede quitar, aunque lo intenten.
Pero Grosso no se quedó solo en los recuerdos. Después de colgar los botines, se metió de lleno en el mundo del fútbol como entrenador, recorriendo distintos clubes de Europa, especialmente en Italia y Francia, donde dirigió al Olympique de Lyon, entre otros equipos. Su carrera técnica ha tenido altibajos, como la de cualquier entrenador que se anima a pararse en un banco y tomar decisiones bajo presión. No es fácil, y los que laburan saben lo que es jugársela.
El interés renovado por su figura a nivel nacional tiene que ver con los movimientos en el mercado de entrenadores europeos y las especulaciones sobre su futuro profesional, que generan atención en toda la comunidad futbolera hispanohablante. En Rosario, ciudad que respira fútbol por todos lados, cualquier nombre de peso en el ambiente genera debate. Desde las tribunas de Arroyito hasta el Coloso, los hinchas rosarinos tienen opinión formada sobre todo lo que pasa en el mundo del balompié.
Lo que está claro es que la figura de Grosso representa algo que en Argentina se valora muchísimo: el tipo que apareció en el momento justo, que no se achicó ante la presión y que le dio una alegría enorme a su pueblo. Eso, acá, lo entendemos perfectamente. Somos un país que vive el fútbol como una religión popular, como una herramienta de identidad colectiva, de los barrios, de los laburantes que los domingos se juntan a ver a su equipo y se olvidan por un rato de los tarifazos y el ajuste.
El fútbol sigue siendo uno de los pocos espacios donde el pueblo manda, donde la camiseta no distingue clase social. Y figuras como Fabio Grosso nos recuerdan por qué amamos este deporte con tanta pasión. Seguiremos informando sobre las novedades de su carrera desde Último Momento Noticias 24, el portal que nunca le da la espalda a lo que le interesa a la gente.
Comentarios (4)
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Grosso es un mito. Ese gol contra Alemania en el 2006 lo vi en el bar de la esquina con mi viejo, no lo olvido más. El fútbol tiene esas cosas.
Como entrenador no me convenció mucho la verdad, pero como jugador fue un fenómeno. Cada uno tiene su momento y el suyo fue ese Mundial.
Acá en Rosario somos muy futboleros y estos nombres siempre generan debate. Buen artículo Hugo, seguí así.
No entiendo por qué es tendencia ahora, habrá alguna novedad que no me enteré. Igual el tipo tiene historia de sobra.