La transformación de Funes en los últimos años representa uno de los casos más llamativos de gestión municipal eficiente en Santa Fe. Según informó El Ciudadano, la ciudad que hace pocos años parecía "más un basural a cielo abierto que un lugar pensado para desarrollarse" logró un cambio radical basado en principios simples pero efectivos.
Los números hablan por sí solos: más de 1.300 cuadras pavimentadas que tejieron una trama urbana integrada, 24 plazas nuevas que devolvieron el espacio público a los vecinos, y una renovación completa de escuelas, jardines y dispensarios. La iluminación LED cambió la fisonomía nocturna, mientras que una central de monitoreo implementó un concepto de seguridad preventiva.
El aspecto más destacado del modelo funense es su enfoque en la seguridad como política de Estado. La presencia de Gendarmería Nacional Argentina, inexistente años atrás, llegó como resultado de gestiones concretas. Hoy la ciudad cuenta con 14 patrulleros de esa fuerza federal, coordinación con la policía provincial y una red de videovigilancia municipal que alcanza una proporción excepcional: una cámara cada 89 habitantes.
De acuerdo con lo publicado por El Ciudadano, la clave del éxito radica en una premisa clara: "sin infraestructura no hay desarrollo, y sin desarrollo no hay trabajo". Agua, energía, gas y conectividad fueron las bases sobre las cuales la ciudad construyó su perfil productivo, dejando de ser solo un lugar donde se vive para convertirse también en un lugar donde se trabaja.
La confianza del sector privado emerge como factor determinante. La previsibilidad, las reglas claras y la continuidad de políticas generaron un clima propicio para la inversión sostenida. Este modelo contrasta con la realidad de muchas localidades santafesinas que aún luchan con deudas estructurales y rutas deterioradas que condicionan el desarrollo productivo.
La pregunta que surge naturalmente es si esta experiencia puede escalarse a nivel provincial. Santa Fe presenta un territorio diverso: el sur industrial, el centro agrícola y el norte con deudas históricas. Sin embargo, los principios aplicados en Funes —planificar, invertir en infraestructura, incorporar tecnología, cuidar la seguridad y generar trabajo— no dependen del tamaño del mapa sino de la voluntad política para implementarlos.

Comentarios (12)
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Vivo en Funes hace 15 años y el cambio es impresionante. Antes era un quilombo total, ahora es otra ciudad. Las calles pavimentadas y las cámaras cambiaron todo.
Está bueno el modelo pero no se olviden que acá se invirtió mucha plata. No todas las ciudades tienen esos recursos.
¿Y por qué en Rosario no pueden hacer lo mismo? Siempre la misma historia, las ciudades chicas funcionan y las grandes son un desastre.
Marcelo, porque en Rosario hay otros intereses. Acá en Funes el intendente pudo trabajar tranquilo sin tanta presión política.
Una cámara cada 89 habitantes? Eso es Big Brother hermano. Mucha seguridad pero poca libertad.
Pipa, prefiero las cámaras a que me roben. Mi hermana vive ahí y sale tranquila a cualquier hora.
El tema es la continuidad de políticas. Acá cada 4 años cambia todo y se empieza de cero. Funes tuvo esa ventaja.
Mi viejo labura en una empresa que se instaló en Funes. Dice que es otro mundo comparado con otros municipios para hacer trámites.
Está bien pero que no vengan a vendernos que es el modelo perfecto. Funes es chica, es fácil administrarla.
Cuervo, justamente por eso hay que aprender. Si funciona en chico, se puede adaptar en grande. El tema es la voluntad política.
Lo que me gusta es que no prometieron boludeces, hicieron obras concretas. Pavimento, luces, seguridad. Lo básico que necesita cualquier ciudad.
Y mientras tanto en mi barrio de Rosario seguimos con calles de tierra y sin una cámara. La diferencia es abismal.