La euforia mundialista no se tradujo en mesas llenas ni en cajas que repiquen. Los partidos de la Selección Argentina en el Mundial 2026 no alcanzaron para revertir el difícil momento que atraviesa la gastronomía rosarina, y el sector lo dice sin rodeos: el impacto fue mínimo, casi anecdótico.
A pesar de que dos encuentros del seleccionado cayeron durante el fin de semana —viernes y sábado—, una combinación que en teoría debería favorecer la salida nocturna y el consumo en bares y restaurantes, los propietarios del rubro aseguran que la respuesta del público fue muy por debajo de las expectativas. La ilusión de un efecto Mundial que dinamizara las ventas se diluyó rápidamente frente a una realidad económica que no cede.
Según los referentes del sector, las variables que realmente determinan el nivel de actividad gastronómica en Rosario son otras: el clima invernal, que desalienta la salida, las vacaciones de julio, que vacían la ciudad de familias con hijos en edad escolar, y —sobre todo— el poder adquisitivo de los consumidores, que sigue sin recuperarse a un ritmo que se sienta en el mostrador.
La gastronomía es uno de los sectores más sensibles al ciclo económico. Cuando el bolsillo aprieta, comer afuera es uno de los primeros gastos que las familias recortan. En ese contexto, ni el fervor por la camiseta albiceleste logra torcer la tendencia. Los bares y restaurantes que apostaron a promociones especiales para los días de partido reportaron una leve mejora puntual, pero nada que cambie el panorama general del mes.
El escenario se inscribe en una tendencia más amplia que el sector viene denunciando desde comienzos de año. La combinación de costos operativos en alza —alquileres, insumos, personal— con una demanda que no termina de recomponerse genera una presión sostenida sobre los márgenes. Muchos locales que sobrevivieron la pandemia y la posterior escalada inflacionaria hoy enfrentan un nuevo umbral de resistencia.
Para el sector, la temporada invernal es históricamente la más exigente del año en una ciudad como Rosario, donde el frío reduce la circulación nocturna y la competencia con el consumo hogareño —delivery incluido— se intensifica. En ese marco, el Mundial llegó como una esperanza de oxígeno, pero los números no acompañaron el deseo.
La mirada del sector hacia los próximos meses es cautelosa. La expectativa está puesta en una eventual mejora del consumo hacia el último trimestre del año, cuando la temperatura suba y el ciclo económico —si las proyecciones se cumplen— muestre señales más claras de recuperación. Por ahora, el partido más difícil para la gastronomía rosarina no se juega en ningún estadio mundialista.

Comentarios (12)
Deja tu comentario
Tengo un bar en el centro y lo viví en carne propia. El partido del viernes fue un chiste, tres mesas ocupadas cuando normalmente un viernes de invierno tengo diez. La gente mira el partido en casa con delivery o con lo que tiene en la heladera. El Mundial no mueve el amperímetro cuando el bolsillo no da.
Igual hay que ser honestos: los precios de los bares están por las nubes. Un chopp y una picada te sale una fortuna. No es solo la economía general, también es que el sector se pasó de rosca con los precios y ahora se quejan de que no va nadie.
Fácil decirlo desde afuera. Los costos nuestros también se dispararon: el alquiler, la luz, los insumos, el personal con los nuevos convenios. No subimos los precios por capricho, los subimos para no cerrar. Igual cerramos al 30% de los locales del rubro en los últimos dos años.
Entiendo los costos, no soy ciega. Pero el consumidor tampoco tiene magia. Algo tiene que ceder en algún lado, y por ahora cede el que menos puede: el que labura y no llega a fin de mes.
Curioso que en el 2022 con el Mundial de Qatar sí se notó el movimiento en los bares. La diferencia es que en ese momento la economía estaba un poco menos destruida que ahora. El fútbol solo no alcanza para tapar un problema estructural.
¿Y qué esperaban? Con este gobierno la plata no alcanza para nada. Salir a comer es un lujo de pocos. Que no vengan a llorar ahora.
Yo salí a ver el partido del sábado con mi marido y los chicos a un bar de Pichincha y estaba bastante lleno, la verdad. Capaz depende de la zona y del local. No todos la pasaron igual.
Pichincha siempre tiene movimiento porque es una zona turística y de salida nocturna consolidada. El problema es el resto de los barrios, donde los locales de barrio no ven un cliente ni a palos.
Lo que me parece grave es que el sector venía esperando el Mundial como una especie de salvavidas y no funcionó. ¿Qué viene ahora? ¿Qué otro evento van a esperar para que mejore? En algún momento hay que asumir que el problema es más profundo.
Economista de profesión. El consumo gastronómico es un indicador muy sensible del ingreso disponible real. Que el Mundial no haya movido la aguja confirma que la recuperación del salario real todavía no llegó a los sectores medios que son el público natural de bares y restaurantes. No hay atajo futbolístico para eso.
jajaja el mundial no alcanza para pagar un bife de chorizo en rosario, todo carísimo
Ojalá que la segunda parte del año traiga algo de alivio. Hay mucha gente que trabaja en gastronomía y cada cierre es una familia que queda sin ingresos. No es solo el dueño del local, son los mozos, los cocineros, los bacheros.