La economía argentina crece. Los números no mienten: el PBI subió 2,3% interanual en el primer trimestre de 2026 y 2,1% en el cuarto trimestre de 2025. El presidente Javier Milei tiene razón cuando lo dice. Pero hay una trampa en ese titular: el crecimiento no es parejo, y en Rosario eso se siente con nombre y apellido.
Porque mientras energía, petróleo, gas y agroindustria traccionan el promedio hacia arriba, el comercio, la industria y la construcción se hunden. No es una convivencia de ganadores y perdedores: es una convivencia de ganadores muy ganadores con perdedores muy perdedores. Y en esa segunda categoría, dos marcas históricas de la ciudad acaban de encender las alarmas.
Casa Bureau, el corralón con cien años de historia en el rubro de la construcción, está en plena reestructuración. La caída de ventas fue tan profunda que no alcanzó con los esfuerzos previos de reconversión: la empresa venía enviando personal administrativo a tareas comerciales e incorporando tecnología en sus procesos. No fue suficiente. El ajuste en marcha incluye el cierre de unidades de negocio y decenas de despidos. Hay una fecha clave en el horizonte: el 9 de agosto, cuando se definirá el futuro de la firma.
En paralelo, Casa D Ricco, la cadena de electrodomésticos que tuvo una expansión muy fuerte durante la década pasada, comenzó a anticiparles a sus proveedores que se presentará en convocatoria de acreedores. La empresa viene achicando su staff desde hace meses ante la caída sostenida de las ventas, pero la situación llegó a un punto de quiebre que ya no admite más parches.
Lo que hace especialmente significativo este momento es que ninguna de estas dos empresas representa el viejo modelo. No son firmas que vivían de stockearse para remarcar con inflación, ni de ingeniería financiera, ni de consumo artificial. Son empresas que intentaron adaptarse: ajustaron costos, profesionalizaron su gestión, diversificaron financiamiento. Y aun así, cuando el mercado se achica lo suficiente, la supervivencia queda en riesgo.
Ese es el diagnóstico más preocupante que circula hoy en los despachos empresariales de Rosario: ya no están cayendo solo los que no supieron leer el cambio. Ahora caen también los que lo leyeron bien pero no tienen con quién vender. La demanda interna en los sectores vinculados al mercado local está tan deprimida que incluso las estructuras eficientes crujen.
A esto se suma un cambio estructural que acelera el problema: la compra online de importaciones vía plataformas extranjeras rompe récords mes a mes. Ya no es solo ropa o tecnología. Es prácticamente todo. Y eso le quita mercado a cualquier comercio local que compita en precio con productos importados que llegan directo al consumidor sin intermediarios.
El debate de fondo sigue abierto. Hay quienes ven este momento como el escalón previo al desarrollo integral, una transición dolorosa pero necesaria hacia una economía más productiva y competitiva. Hay quienes lo leen como la antesala de una crisis mayor, con un mercado interno que no se recupera y empresas que cierran sin que nada las reemplace. Lo que está claro es que el mercado que emerja del otro lado será más chico y más concentrado. Y que en ese proceso, marcas con décadas de historia en Rosario están pagando el costo más alto.

Comentarios (13)
Deja tu comentario
Casa Bureau tiene cien años de historia en Rosario. Cien años. Que llegue a este punto dice todo sobre el estado del mercado interno. No es que hicieron las cosas mal, es que no hay demanda. Eso no se arregla con eficiencia.
Y sí, cuando abrís las importaciones sin ningún tipo de gradualismo esto pasa. El libre mercado en un país sin infraestructura ni crédito barato es un chiste para los que tienen guita.
Discrepo. El problema no son las importaciones, el problema son décadas de mercado interno artificial sostenido con inflación y cepo. Que duela el ajuste no significa que el diagnóstico sea equivocado.
Trabajo en construcción hace 20 años. Nunca vi una parada tan larga y tan profunda. No es una crisis de meses, esto ya lleva más de un año sin señales reales de rebote en obra privada.
Casa D Ricco me vendió la heladera, el lavarropas y el aire acondicionado. Siempre bien. Una pena lo que está pasando, espero que puedan salir adelante.
Lo que describe la nota es exactamente lo que predijo la teoría económica: en una apertura comercial brusca, los sectores no transables sufren antes de recomponerse. La pregunta es si el Estado tiene herramientas para amortiguar sin volver al populismo. Yo creo que sí, pero requiere tiempo.
¿Tiempo? Cuánto tiempo más? Ya van dos años diciéndonos que hay que esperar. Mientras tanto los locales cierran y los que quedan son franquicias internacionales o delivery.
El tema del comercio online importado es el elefante en la habitación que nadie quiere discutir. Compro en Shein, en Amazon, en AliExpress. Todos lo hacemos. Y después nos sorprendemos que cierren los locales.
Que quede claro: esto no empezó con Milei. El kirchnerismo destruyó la competitividad industrial durante 20 años con impuestos, regulaciones y tipo de cambio atrasado. Ahora se paga la cuenta. Duele, pero era inevitable.
mi viejo trabajó 15 años en casa bureau. ojalá se pueda salvar la empresa pero con lo que cuentan no pinta bien
Lo más preocupante de la nota es eso: ya no caen las empresas que no supieron adaptarse. Caen las que SÍ se adaptaron. Eso es una señal de alarma muy seria que el gobierno debería leer con atención.
Mientras tanto los políticos de la Municipalidad siguen cobrando sus sueldos, los entes regulatorios siguen con sus planteles inflados y las empresas privadas que generan empleo real se funden. El Estado nunca ajusta de verdad.