Lo que pasó en Susana este martes no se olvida fácil. Mientras el pueblo celebraba sus fiestas patronales y la gente se juntaba en procesión, alguien aprovechó el momento para ejecutar uno de los robos más audaces que se recuerdan en esa zona del interior santafesino.
La víctima fue Jorge Perino, presidente comunal de Susana, una pequeña localidad del departamento Castellanos ubicada a apenas 11 kilómetros de Rafaela. Su casa fue desvalijada con una precisión que no parece casual: los ladrones sabían que la familia no estaba, sabían cuánto tiempo tenían, y sabían —o al menos sospechaban— lo que había adentro.
El botín fue descomunal para cualquier estándar: u$s100.000. Cien mil dólares. Una cifra que en un pueblo de pocos miles de habitantes suena a película, pero que esta semana se convirtió en la realidad más cruda del jefe comunal y su entorno.
El detalle que más indigna —y que más preguntas genera— es la ironía brutal de la situación: Perino y su familia estaban a pocos metros del domicilio, participando de la procesión junto al resto de la comunidad. Los delincuentes actuaron con el pueblo literalmente en la calle, en plena fiesta religiosa, con la atención de todos puesta en otro lado. Un timing que difícilmente sea producto del azar.
¿Hubo información previa? ¿Alguien del entorno cercano sabía de la existencia de esa suma en efectivo? Son las preguntas que inevitablemente empiezan a circular en Susana, como pasa siempre en los pueblos chicos cuando ocurre algo así. La investigación está en manos de la Policía de Santa Fe y la Justicia del departamento Castellanos, aunque por ahora no trascendieron detalles sobre detenidos ni líneas de investigación concretas.
El caso pone sobre la mesa una discusión que excede a Susana: la tenencia de grandes sumas en efectivo en dólares en domicilios particulares, una práctica que en la Argentina de la desconfianza bancaria es más común de lo que se admite públicamente, pero que convierte a cualquier vivienda en un blanco potencial. Cien mil dólares fuera del sistema, sin seguro, sin cámara de seguridad que alcance, son cien mil dólares que pueden desaparecer en minutos.
En el interior de Santa Fe, donde los presidentes comunales son figuras centrales de la vida pública —a veces el único referente institucional visible en pueblos de menos de dos mil habitantes— este tipo de hechos genera un impacto que va mucho más allá de lo económico. Perino no es solo un vecino más al que le robaron: es la cara del Estado local, y el golpe a su casa es leído por muchos como un golpe a la comunidad entera.
Susana va a tardar un tiempo en procesar lo que pasó este martes. La procesión terminó, la fiesta se apagó, y lo que quedó fue la imagen de una casa revuelta y una cifra que nadie en el pueblo va a olvidar pronto.

Comentarios (12)
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Qué cosa más rara que alguien tenga 100 mil dólares en la casa. No digo que se lo merezca, pero... ¿qué hacía esa plata ahí? Eso también hay que preguntarlo.
Exactamente lo que decís, Graciela. Un presidente comunal de un pueblo de dos mil personas con 100 palos verdes en el cajón. Alguien debería explicar de dónde salió esa fortuna.
Gente, acá todos conocemos a Jorge Perino y es una persona honesta que trabajó toda la vida. Tener ahorros en dólares no es ningún delito en este país. Dejen de ensuciar al que fue víctima.
Lo que me llama la atención es el timing perfecto. Sabían que estaba en la procesión, sabían lo que había adentro. Esto huele a alguien del entorno.
Pobre familia. Encima estaban celebrando la fiesta del pueblo. Qué bajón enorme.
En los pueblos chicos todos saben todo. Si alguien tenía esa plata guardada, más de uno lo sabía. La Policía debería empezar por ahí.
100 mil dolares en efectivo en la casa jajaja y despues se quejan de que hay inseguridad. Ponete una caja fuerte como minimo
No es gracioso Braian. Una familia fue víctima de un delito grave. El problema es la inseguridad, no cómo guardaba sus ahorros.
Esto pasa porque la policía no llega al interior. En los pueblos chicos estás solo. Si pasa algo, el patrullero tarda media hora en aparecer.
Ojalá den con los responsables rápido. En un pueblo de ese tamaño no es tan difícil rastrear movimientos sospechosos del día anterior.
Lo de guardar dólares en casa es una costumbre argentina de toda la vida. Después del corralito quién le va a reprochar algo a alguien por no confiar en los bancos. El problema es otro.