Granja Tres Arroyos, la principal empresa avícola de la Argentina, despidió a 260 trabajadores de su planta industrial La China, ubicada en Concepción del Uruguay, Entre Ríos. La firma notificó formalmente las desvinculaciones argumentando una caída crítica de su actividad provocada por los brotes de influenza aviar que afectaron al país en los últimos meses.
La medida implica una reducción del 25% del personal de esa planta, que contaba con 900 empleados. En los telegramas de despido, la dirección de la compañía invocó una «grave disminución de trabajo no imputable a esta empleadora, originada en circunstancias extraordinarias y ajenas a su voluntad que afectaron de manera directa y sustancial el normal desenvolvimiento de la actividad».
Según la empresa, los brotes de gripe aviar registrados en el territorio nacional derivaron en el cierre de fronteras comerciales y bloquearon el acceso a mercados internacionales clave, entre ellos China, uno de los principales destinos de las exportaciones avícolas argentinas. Ese bloqueo sanitario generó, según el documento patronal, «una reducción de las exportaciones, una sobreoferta de producción en el mercado interno, una marcada caída de los precios de comercialización y un sostenido incremento de los costos de explotación».
La firma sostuvo que antes de llegar a los despidos aplicó medidas previas de adecuación que resultaron insuficientes, y justificó la reestructuración parcial como vía indispensable para «posibilitar la continuidad de la empresa y preservar las restantes fuentes de trabajo». El argumento es clásico en situaciones de crisis empresaria: proteger el todo sacrificando una parte. La pregunta que queda abierta es si esa lógica alcanza cuando detrás hay deudas que superan ampliamente la capacidad operativa.
Y es que el conflicto gremial no es más que la superficie visible de un problema financiero de fondo. Granja Tres Arroyos arrastra un pasivo de 350,9 millones de dólares y negocia actualmente con sus acreedores una reestructuración que contempla quitas de hasta el 75% del capital, plazos de pago a siete años y la venta de al menos cinco activos no estratégicos. A fines de 2024, la empresa ingresó en un proceso preventivo de crisis, desde cuando viene afrontando sus obligaciones «de manera escalonada y en cuotas» y ejecutando un programa de retiros voluntarios.
Ante este panorama, la Federación de Trabajadores de Industrias de la Alimentación (FTIA) repudió el proceder patronal en un comunicado, calificándolo de «artero e insensible». El gremio fue contundente: los despidos «no aportan soluciones y profundizan aún más la crisis» y advirtió que los trabajadores no quieren «ser una variable de ajuste descartable al momento de la especulación empresaria de licuar pasivos, previo a una maniobra concursal».
La FTIA también reveló que entre los cesanteados se encuentran delegados del personal, lo que agrava el conflicto desde el punto de vista sindical, y denunció que los empleados «vienen soportando el atraso de más de cinco quincenas de sus salarios», con el consecuente impacto en la vida familiar de cientos de hogares entrerrianos.
El caso de Granja Tres Arroyos pone sobre la mesa una tensión que no tiene respuesta fácil: cuando una empresa enfrenta una crisis de origen externo —en este caso, una emergencia sanitaria con consecuencias comerciales reales—, ¿hasta dónde puede trasladar el costo a sus trabajadores? La gripe aviar fue un shock real para el sector, pero la magnitud del pasivo acumulado sugiere que los problemas estructurales de la compañía preceden a la pandemia aviar. Los 260 despedidos de Concepción del Uruguay pagan hoy una cuenta que tiene múltiples deudores.

Comentarios (15)
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Una empresa que no paga salarios hace cinco quincenas y encima despide gente. Eso no es una crisis por la gripe aviar, eso es una empresa que ya estaba en default antes de que apareciera el primer pollo enfermo.
Che, pero la gripe aviar fue real. China cerró las importaciones de pollo argentino. No es que la empresa inventó el problema. Igual, no pagar los sueldos es imperdonable.
Sí, la gripe aviar fue real, pero mirá la deuda que tenían ANTES. 350 palos verdes no se acumulan en seis meses. Usaron la pandemia aviar como excusa para lo que ya venían planeando.
260 familias en la calle. Y los empresarios van a negociar quitas del 75% con los bancos. ¿Quién le hace una quita a los laburantes que perdieron el trabajo?
Hay que leer bien la nota. La empresa tiene una deuda de 350 millones de dólares. Eso no se genera de un año para el otro. La gripe aviar fue la gota que rebalsó el vaso, pero el vaso ya estaba lleno hace rato.
Concepción del Uruguay es una ciudad chica. 260 despidos ahí es un golpe enorme para toda la economía local, no solo para los trabajadores directos.
Trabajo en el sector alimentario y esto es una señal de alarma para todo el rubro. Si la empresa más grande del país avícola está así, imaginate las medianas y chicas.
El gremio dice que no quieren ser 'variable de ajuste'. Bueno, pero si la empresa cierra del todo, son 900 los que quedan en la calle, no 260. A veces hay que elegir el mal menor.
Lucho tiene razón en algo: si la empresa quiebra, pierden todos. Pero tampoco podés pedirle a los laburantes que banquen cinco meses sin sueldo mientras los dueños negocian con los bancos.
¿Y los delegados gremiales entre los despedidos? Eso no es casualidad. Eso es una empresa que aprovecha la crisis para sacar a los que organizan a los trabajadores. Hay que denunciarlo.
El problema de fondo es que Argentina no tiene un mercado de capitales que funcione. Una empresa que necesita reestructurar 350 millones de dólares en otro país lo hace ordenadamente. Acá termina en esto.
Mi primo trabaja ahí. Hace meses que cobran tarde y poco. Esto no es sorpresa para nadie adentro de la planta. Lo que sorprende es que tardaron tanto en explotar.
Que el Estado intervenga para qué exactamente? ¿Para sostener una empresa que ya debería haber quebrado hace tiempo? A veces el mercado manda señales que hay que escuchar.
Muy fácil decir 'el mercado manda' cuando no sos vos el que se queda sin trabajo con hijos que alimentar. Hay personas reales detrás de estos números.
Nadie dijo que es fácil, Marta. Pero sostener artificialmente una empresa quebrada con deuda de 350 millones tampoco ayuda a esas familias a largo plazo. El problema es estructural.