La industria metalúrgica de Rosario y Santa Fe vive un presente que suena a alarma.
Rafael Catalano, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos, lo dijo en Radiópolis: “Estamos como si estuviéramos en terapia intensiva, esperemos que no nos saquen el respirador”.
El diagnóstico no es puntual: la actividad cae mes a mes, sin punto de estabilización en el corto plazo.
“Parece un tobogán hacia abajo, mes a mes siempre es uno peor que otro”, describió el dirigente. La caída ya no es un rumor: en agosto la medición interanual marcó una retracción del 6%.
La magnitud del estancamiento se ve en los talleres: hoy cuatro de diez máquinas están encendidas. Esa capacidad ociosa no es un dato menor, es un termómetro de la parálisis productiva.
El golpe llega al empleo, que no es un número frío: por cada puesto industrial se generan tres empleos indirectos. Cuando la fábrica se detiene, se apaga una cadena que sostiene hogares y consumo.
Ante la falta de respuestas macroeconómicas, el margen de maniobra se achicó. Las empresas agotan instancias: primero vacaciones, después subvenciones, y ya están en la etapa de despidos.
Lo más duro no es solo la cantidad de cesantías, sino el perfil del personal afectado. Históricamente, las fábricas intentan retener a los operarios de mayor antigüedad por su experiencia en las máquinas.
Pero la profundidad de la crisis obligó a muchas pymes a desvincular personas con hasta 20 años de trayectoria. Para esos talleres, eso marca un punto de cierre casi definitivo de la operatividad.
La preocupación crece frente a la posibilidad de que desaparezcan ramas completas de la producción. Es un tema que comparten de cerca con autoridades y apoderados de la UOM.
Desde la Asociación de Industriales exigieron cambios urgentes en el rumbo económico. No piden solo alivio: reclaman respuestas al consumo, facilidades impositivas y una mirada más inteligente sobre las importaciones.
“Por eso defendemos a la industria y vamos para adelante, porque generamos puestos de trabajo, generamos desarrollo, necesitamos gente capacitada y educación”, cerró Catalano. La frase no es un eslogan: es una advertencia sobre el peso de la producción local.
El mensaje llega en un contexto de caída constante, donde el sector no logra ver una salida clara. Para los empresarios, la incertidumbre ya no es solo económica: es operativa y social.
La advertencia de Catalano pone en el centro un debate urgente: si la industria se apaga, ¿qué pasa con el empleo, la capacitación y el desarrollo que sostiene a la región?
Con información de Rosario3, medio que publicó la entrevista.

Comentarios (12)
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Lamento pero es verdad, en el sur se nota que hay talleres con la mitad de gente. Ojalá no se apague todo.
Me preocupa que despidan a gente con 20 años de trayectoria. Eso no se recupera fácil.
Siempre la misma historia: primero vacaciones, después subvenciones y al final despidos. Falta política industrial.
No es solo política, también consumo. Si no hay plata en el bolsillo, la fábrica no vende.
Con todo respeto, el consumo también depende de salarios. Si hay despidos, menos consumo. Es un círculo vicioso.
Cuatro de diez máquinas encendidas es una barbaridad. Rosario no puede seguir perdiendo industria.
Al menos se está hablando del problema. Ojalá las respuestas no lleguen tarde.
¿Alguien sabe si esto afecta a todos los rubros metalúrgicos o solo a algunas pymes?
En la nota habla de pymes y de ramas completas, así que no es un caso aislado.
Me da bronca que la gente con 20 años de experiencia se quede sin laburo. Eso es perder capital humano.
Igual, no alcanza con la bronca. Hay que exigir que se capacite a esa gente para no perderla.
Que pidan facilidades impositivas y ordenar importaciones es lo justo. La industria genera trabajo.