Son 46 meses de caída ininterrumpida. La industria metalúrgica de Rosario no encuentra piso, y cada vez que parece que lo peor quedó atrás, aparece un dato nuevo que empuja un poco más hacia abajo. El último golpe tiene nombre y apellido: el costo de la energía eléctrica.
Mientras la inflación acumulada en los primeros siete meses de 2026 se ubicó en el 19,3%, los precios mayoristas de la energía eléctrica para la industria treparon un 44,6% en el mismo período, según datos del INDEC. Más del doble. Y esa brecha no es un tecnicismo estadístico: es la diferencia entre una empresa que sobrevive y una que cierra.
Rafael Catalano, presidente de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de Rosario (AIM), lo dijo sin rodeos: "Los precios los marca el mercado, pero los costos no te los marca el mercado. Nosotros no podemos trasladar esos valores directamente, y ahí es donde nuestra rentabilidad se va deteriorando". La frase resume con precisión el drama de un sector que vende a lo que puede y paga a lo que le imponen.
El problema es especialmente grave para las empresas de fundición, que son electrodependientes por naturaleza: sin energía abundante y barata, no hay producción posible. Para ellas, el incremento energético no es un costo más a ajustar en una planilla: es el corazón del negocio que late cada vez más caro.
Pero la energía no es el único frente abierto. La caída de la demanda interna sigue siendo, según los propios industriales, el problema más urgente. El Índice AIM de Facturación Real registró en junio una contracción interanual del 10,9%, y en el acumulado del primer semestre de 2026 la caída llegó al 14,1% respecto al mismo período del año anterior.
Para entender la magnitud del retroceso hay que mirar la foto completa: la actividad metalúrgica rosarina está hoy un 41,4% por debajo de los niveles de fines de 2023 y un 53,2% por debajo de septiembre de 2022. Casi la mitad del sector, medido en actividad real, desapareció en menos de cuatro años.
La apertura importadora también dejó su marca. En el segmento de línea blanca —heladeras, lavarropas, aires acondicionados— la proporción que antes era 80% nacional y 20% importado se invirtió por completo. Hoy el producto extranjero domina la góndola. Desde AIM reconocen que el flujo importador bajó en los últimos meses, pero advierten que el daño ya está hecho: el esquema productivo cambió y no se revierte de un día para el otro.
En términos nominales, los números tampoco son alentadores. En abril de 2026, los locales habilitados de la industria metalúrgica rosarina facturaron $95.328 millones a precios corrientes, apenas un 19% más que en el mismo mes del año anterior. Un crecimiento nominal que, frente a una inflación del 19,3%, equivale a quedarse quieto en el mejor de los casos.
¿Cuánto más puede aguantar un sector que lleva casi cuatro años perdiendo terreno en todos los frentes al mismo tiempo? La pregunta no es retórica: es la que se hacen cada mañana los dueños de talleres, fundiciones y fábricas metalúrgicas en el Gran Rosario. Por ahora, la respuesta sigue siendo la misma: un día más, a ver qué pasa.

Comentarios (13)
Deja tu comentario
Tengo un taller metalúrgico en Pérez hace 22 años. Nunca vi algo así. La factura de luz me come el 30% de los costos fijos. Si esto sigue así, en diciembre bajo la persiana y listo.
Y sin embargo hay gente que sigue aplaudiendo el ajuste. Che, la industria nacional se está cayendo a pedazos y nadie dice nada.
Durante años la industria metalúrgica vivió de subsidios y protección artificial. Ahora tienen que competir en serio. Duele, pero es lo que hay que hacer para tener una economía sana a largo plazo.
Fácil decirlo desde afuera. Yo pago sueldos, cargas sociales, alquiler, insumos y ahora la luz. No estoy pidiendo subsidios, estoy pidiendo que no me cobren el doble de la inflación en energía. ¿Eso es pedir demasiado?
El problema de fondo es que la energía tiene un componente impositivo enorme que nadie toca. No es solo el precio de generación, es todo lo que le cargan encima. Eso no es mercado libre, es recaudación disfrazada.
Coincido en eso, Paola. La carga impositiva es un problema real. Pero tampoco podemos negar que el sector estuvo sobreprotegido durante años.
53% abajo del 2022. CINCUENTA Y TRES POR CIENTO. Y me hablan de recuperación. Por favor.
Mi marido trabaja en una fundición en Rosario. Hace tres meses que están en jornada reducida. Esto no es un número en un informe, es la mesa de mi casa.
Lo de la línea blanca es gravísimo y no se habla suficiente. Pasamos de 80% producción nacional a 80% importado. ¿Alguien calculó cuántos puestos de trabajo se perdieron con eso?
Igual compremos nacional cuando podamos, gente. Sé que el importado es más barato pero algo podemos hacer desde el consumo.
Ojalá fuera tan simple, pero cuando el importado cuesta la mitad no le podés pedir al laburante que elija el nacional. El problema es estructural, no de conciencia del consumidor.
Catalano tiene razón en algo clave: los precios los pone el mercado pero los costos te los imponen. Esa asimetría es la que destruye la rentabilidad. No es ideología, es matemática.
46 meses cayendo y el gobierno habla de brote verde. Alguien que me explique.