La esquina de Dorrego y Zeballos amaneció este jueves con su ritmo habitual, pero con una ausencia que pesa: la farmacia Marketing Farm, uno de los locales más concurridos de esa zona céntrica de Rosario, permanece cerrada por duelo y no reabrirá hasta el viernes. Adentro, el miércoles a la mañana, ocurrió un femicidio-de-carina-en-la.html" class="auto-link">femicidio que sacudió a toda la ciudad.
Carina Candelas trabajaba como de costumbre cuando, a las 9.39 del miércoles, su exesposo Martín Banchero entró al local, la buscó entre los pasillos y la acorraló en el depósito. Allí le asestó siete puñaladas. Todo ocurrió en apenas dos minutos, ante la impotencia de sus compañeras que intentaron interponerse y el espanto de los clientes que, sin ver lo que pasaba, escucharon los gritos y llamaron al 911.
La reconstrucción de los hechos fue posible gracias a las cámaras de seguridad de la zona. Las imágenes muestran que a las 9.41, Banchero ya huía en su Citroen azul, el mismo vehículo con el que había llegado y dejado estacionado en doble fila frente al local, un detalle que habla de la premeditación del ataque: entrar, matar y escapar lo más rápido posible.
El femicida fue detenido horas después en el edificio donde residía, en Colón al 2000. No hubo resistencia. La velocidad de la detención no alcanza para aliviar el dolor de una comunidad que vuelve a enfrentarse a la brutalidad de la violencia de género en el corazón de la ciudad.
Lo que pasó en esa farmacia no fue un hecho aislado ni imprevisible en el sentido estadístico: Argentina registra un femicidio cada 29 horas en promedio, según datos del Observatorio de las Violencias de Género. Rosario, como tantas otras ciudades, no escapa a esa realidad que golpea con más fuerza a las mujeres que intentan rehacer su vida después de una relación violenta. El momento de la separación es, según los especialistas, el de mayor riesgo para las víctimas.
Las compañeras de Carina que intentaron defenderla, los clientes que llamaron al 911, los vecinos que este jueves pasan frente a la persiana baja y leen el cartel de duelo: todos son parte de una comunidad que llora a una mujer que simplemente fue a trabajar y no volvió. La farmacia reabrirá el viernes, pero nada volverá a ser igual en esa esquina.
Con información de: Rosario3

Comentarios (13)
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Me enteré esta mañana y no puedo dejar de pensar en Carina. Fue a trabajar como cualquier día y no volvió. Esto no puede seguir pasando. Basta de femicidios.
Lo dejaron en doble fila. Sabía lo que iba a hacer. Esto es premeditado, no es un crimen pasional como van a decir algunos medios. Que quede claro.
Siete puñaladas. SIETE. Y sus compañeras intentando frenarlo con las manos vacías. Esas mujeres son heroínas y también necesitan contención psicológica urgente.
Yo compro en esa farmacia hace años. Ver la persiana baja esta mañana fue un golpe en el pecho. Una empleada que te atendía con una sonrisa. No lo puedo creer.
Y ahora van a pedir más cámaras, más patrulleros, más todo. Las cámaras sirvieron para reconstruir el crimen, no para evitarlo. El problema es otro.
Totalmente de acuerdo. El problema es cultural, es la educación, es cómo los hombres aprenden a relacionarse con las mujeres. Las cámaras no salvan vidas.
Perdón pero yo creo que más presencia policial en la zona sí ayuda. No es solo un tema cultural, también es de seguridad concreta. Las dos cosas pueden ser ciertas.
Lo que me parte el alma es que las compañeras intentaron defenderla. Eso habla de la solidaridad entre mujeres trabajadoras. Ojalá tengan todo el apoyo que necesitan.
Otro femicidio y la respuesta del Estado siempre llega tarde. ¿Tenía medidas de protección? ¿Había denuncias previas? Eso es lo que hay que investigar.
Muy buena pregunta. Si había denuncias y no se actuó, hay responsabilidades institucionales que no se pueden ignorar. Espero que la Justicia investigue todo.
descanse en paz Carina. fuerza para su familia y sus compañeras de trabajo que vivieron algo horrible
Cada vez que pase por esa esquina voy a acordarme de ella. Rosario tiene que despertar de una vez. No podemos normalizarlo.