Lo que pasó este miércoles a las 9.39 de la mañana en la farmacia de Dorrego y Zeballos no va a olvidarse fácil en Rosario. En menos de lo que tarda un semáforo en cambiar, Carina Andrea Candelas, de 56 años, fue asesinada a puñaladas por su exmarido en el lugar donde trabajaba hace años. El reloj marcó dos minutos entre que el agresor entró y salió. Dos minutos que terminaron con una vida.
Las cámaras de videovigilancia de la esquina registraron cada movimiento de Martín Laureano Banchero, de 55 años. Llegó en su Citroën C-Elysee, lo dejó en doble fila sobre Zeballos, bajó con determinación y entró directo a Marketing Farm, la farmacia donde Carina cumplía su turno. No dudó. Preguntó por ella y se metió al depósito. Lo que siguió fue una carnicería: siete puñaladas con un cuchillo que después abandonó en el mismo lugar.
Una compañera de trabajo intentó intervenir. No pudo. Banchero manejaba un nivel de violencia que dejó sin margen de acción a quien quiso ayudar. El personal del SIES llegó rápido, pero no hubo nada que hacer: Carina ya había muerto. Las heridas fueron letales en cuestión de segundos.
A las 9.41, las mismas cámaras que lo vieron entrar lo captaron saliendo. Veinte segundos después, el auto aparece en la esquina y dobla por Zeballos en dirección a su casa. Una huida calculada, o al menos ejecutada con una frialdad que estremece.
Pero la historia no terminó ahí. Cuando la brigada motorizada llegó al edificio de Colón al 2000, aproximadamente diez minutos después del crimen, encontraron a Banchero en la terraza con una botella de alcohol en la mano, diciendo que quería quitarse la vida. Por razones que la investigación todavía no terminó de aclarar, bajó. Y fue en el ascensor, a la altura del primer piso, donde la Policía lo arrestó.
El rastrillaje del edificio aportó datos que hablan de alguien que venía preparado para lo que hizo. En la terraza se secuestró su iPhone 16 Pro Max, documentación personal y del vehículo, y un ticket de carga de combustible. Pero lo más revelador estaba en su departamento del cuarto piso: además de una computadora, los investigadores encontraron un recibo de sueldo de la víctima y, lo que más llama la atención, una piedra para afilar cuchillas. El cuchillo no fue una decisión del momento.
La fiscal Laura Riccardo, a cargo del caso, confirmó que Banchero no tenía denuncias previas por violencia de género. Ese dato, que podría leerse como un atenuante, en realidad revela una de las fallas más dolorosas del sistema: la violencia que no llega a la Justicia antes de convertirse en femicidio. Porque Riccardo también aclaró que desde la separación, en diciembre pasado, existió un hostigamiento constante hacia Carina: la seguía, pasaba por la farmacia para insultarla. Ocho meses de acoso que no dejaron registro formal.
¿Cuántas mujeres están hoy en la misma situación que estaba Carina hace una semana, conviviendo con un acoso que no llega a la denuncia porque el sistema no las convence de que vale la pena hacerla? La pregunta incomoda, pero hay que hacerla.
Riccardo solicitó audiencia para imputar formalmente a Banchero este viernes en el Centro de Justicia Penal. El cargo que corresponde es femicidio. La pena, prisión perpetua. Pero eso no le devuelve nada a Carina ni a quienes la querían.
Rosario suma otro nombre a una lista que no debería existir.

Comentarios (15)
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Ocho meses de acoso y nadie hizo nada. Ni la Justicia, ni el sistema, nadie. Carina pagó con su vida la indiferencia de todos. Estoy destrozada.
La piedra para afilar el cuchillo lo dice todo. Esto no fue un arrebato, fue premeditado. Perpetua y que se pudra adentro.
El problema es que sin denuncia previa el sistema no puede actuar. Hay que cambiar la ley para que el hostigamiento sin denuncia formal también quede registrado de alguna manera.
Cambiar la ley? Con qué, si las mujeres que denuncian tampoco están protegidas. El problema es estructural, no solo legal.
Tenés razón en eso, no lo digo como solución mágica. Pero algo hay que hacer porque el subregistro es enorme y termina en esto.
Dos minutos. Entró, la mató y salió. Y encima se fue caminando. La impunidad que debe haber sentido ese tipo es aterradora.
Trabajo en una farmacia y esto me dejó sin palabras. Uno va a laburar y no sabe si vuelve. Necesitamos protocolos de seguridad en los comercios para estos casos.
Protocolos? Si la compañera intentó ayudarla y no pudo porque el tipo tenía el cuchillo. No hay protocolo que pare a un asesino decidido.
No digo que pare al asesino, digo botón de pánico, comunicación directa con la policía, algo. No podemos estar completamente solos.
Y el tipo se va a la terraza con una botella de alcohol haciendo el show de que se quería matar. Cobarde hasta en eso.
Me pregunto si la familia de Carina sabía del hostigamiento. A veces las mujeres no cuentan todo para no preocupar a los suyos. Eso también hay que trabajarlo socialmente.
Encontraron el recibo de sueldo de ella en el departamento de él. Eso es control, obsesión, posesión. Hay que llamarlo por su nombre: este tipo era un peligro desde hace meses.
Que le den perpetua y nada más. No quiero escuchar que tiene atenuantes ni que estaba mal de la cabeza. Sabía perfectamente lo que hacía.
Ojalá la Justicia esta vez no decepcione. Porque el historial en estos casos no es para estar tranquilos.
Descanse en paz Carina. Y fuerza a su familia. Esto no puede seguir pasando.