Los números no mienten, aunque a veces cueste leerlos. En mayo de 2026, mientras el Gobierno celebraba la estabilidad cambiaria y el fin del cepo, las empresas con participación extranjera instaladas en Argentina giraron al exterior USD 484 millones solo en concepto de utilidades y dividendos. Y la inversión extranjera directa cerró ese mes con un saldo negativo de USD 798 millones. Más plata saliendo que entrando. Así de simple, así de preocupante.
El dato más duro lo presentó el propio vicepresidente del Banco Central, Vladimir Werning: en el primer semestre del año, las compañías giraron al exterior USD 2.600 millones en utilidades. El monto más alto en más de una década. Werning lo presentó casi como un logro: las empresas tienen hoy «libertad de pagos» para cancelar deudas, importaciones y distribuir dividendos. Lo que no dijo con la misma energía es que esa libertad, por ahora, fluye mayormente en una sola dirección.
El mecanismo que habilitó esta sangría ordenada tiene nombre y número: la Comunicación A 8226 del BCRA, emitida el 11 de abril de 2025. La norma abrió el Mercado Único y Libre de Cambios para transferir dividendos al exterior, aunque con una condición: solo los correspondientes a ejercicios iniciados desde el 1° de enero de 2025. Los dividendos acumulados durante los años de cepo siguen con restricciones. Es decir, lo que se viene cuando esa represa termine de abrirse podría ser considerablemente mayor.
¿Quién lidera la salida? El sector de petróleo, electricidad y gas, con egresos de USD 172 millones en utilidades y un saldo negativo de USD 883 millones en IED durante mayo. El mismo sector que el Gobierno presenta como motor del crecimiento a través del RIGI, el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones. La paradoja es evidente: el esquema estrella de atracción de capitales convive con números que muestran más salidas que entradas.
El contraste regional es demoledor. Según datos de la OCDE, en 2025 Argentina captó apenas USD 3.134 millones netos de inversión extranjera directa. Brasil recibió USD 76.877 millones. México, USD 40.871 millones. Incluso Costa Rica, con una economía incomparablemente más chica, atrajo USD 5.733 millones. Argentina quedó última entre las principales economías latinoamericanas. No es un mal año: es una tendencia que se consolida.
La red de profesionales Misión Productiva fue directa en su diagnóstico: el RIGI concentra inversiones en recursos naturales y energía, pero no genera un proceso amplio y sostenido de atracción de capitales. Y enumeró las razones estructurales que explican el freno: la caída del consumo y la demanda interna, la paralización de la obra pública, la escasez de crédito productivo, la apreciación cambiaria que deteriora la competitividad de los sectores transables, y el debilitamiento del entramado pyme. Un diagnóstico que resuena con fuerza en ciudades como Rosario, donde la industria metalmecánica, el comercio y las pymes de la cadena agroexportadora sienten en carne propia cada uno de esos factores.
El problema de fondo es que Argentina lleva años prometiendo ser un destino atractivo para la inversión. Tiene recursos naturales, litio, petróleo no convencional en Vaca Muerta, una agroindustria de escala mundial. Pero los capitales miran todo eso, calculan el riesgo político, la historia de defaults y cepos, y eligen otra ventanilla. Mientras tanto, los que ya están adentro aprovechan la primera oportunidad para sacar sus ganancias.
No se trata de demonizar a las empresas que giran dividendos: es su derecho y durante años no pudieron hacerlo. El problema es que el flujo neto sigue siendo negativo, y eso tiene consecuencias directas sobre el empleo, la producción y la capacidad del país para crecer. Cada dólar que sale sin que entre otro de reemplazo es una apuesta que se achica. Y en Rosario, ciudad que vive del comercio exterior y de una industria que necesita inversión para modernizarse, esa ecuación importa más que en cualquier otro lugar.

Comentarios (14)
Deja tu comentario
Y encima nos venden que el modelo funciona. 2.600 millones de dólares afuera en seis meses y Argentina última en inversión de toda América Latina. Pero bueno, la inflación bajó, dicen. Como si eso alcanzara.
Che, seamos honestos: durante años las empresas no pudieron sacar un peso. Que ahora giren dividendos es parte de normalizar la economía. No me parece tan dramático si a la larga genera confianza para que vengan más inversiones.
¿Confianza? ¿Qué confianza? Somos últimos en la región. Hasta Costa Rica nos pasó. COSTA RICA. Algo no está funcionando.
Costa Rica tiene décadas de estabilidad institucional, no compares. Argentina viene de un cepo de cuatro años. Los procesos llevan tiempo.
Lo del sector energético me parece lo más grave. El RIGI se vendió como la solución mágica para Vaca Muerta y resulta que es el sector que más plata saca del país. Algo no cierra.
Hay que distinguir: que una empresa gire dividendos no es lo mismo que desinvertir. El problema real es que no entran capitales nuevos. La IED negativa es la señal de alarma, no los dividendos en sí.
Muy técnico todo pero al final del día acá en Rosario hay locales cerrados en cada cuadra del centro. Eso es la economía real, no los informes del BCRA.
Werning presentó esto como un logro. Increíble. La libertad de pagos existe para los que tienen dólares para girar, no para el laburante que no llega a fin de mes.
Yo trabajo en comercio exterior acá en Rosario y la realidad es que la apreciación cambiaria nos está matando. Exportar se volvió menos rentable y los competidores brasileños y chilenos nos comen el mercado.
Che pero esto no es nuevo, ¿no? Siempre fue así. Vienen, se llevan la ganancia y chau. Lo nuevo es que ahora lo pueden hacer legalmente y rápido.
El problema estructural que describe Misión Productiva es exactamente lo que vive el sector pyme en Santa Fe. Sin crédito, sin obra pública y con el tipo de cambio atrasado, no hay forma de crecer. Esto no es ideología, son números.
Igual me parece que la nota es un poco tendenciosa. No todo es negativo. Que las empresas puedan operar con normalidad es un avance después de años de cepo. Hay que ver el largo plazo.
¿Largo plazo? Llevamos décadas esperando el largo plazo. En algún momento hay que mirar los resultados concretos, y los resultados dicen que somos últimos en la región.