Rosario lleva décadas reclamando el derecho a decidir sobre sus propios asuntos, y esa espera se cerró con la autonomía declarada. Ahora, la ciudad entra en una etapa nueva: la de discutir su primera Carta Orgánica. El punto de llegada está puesto: en 2027 se elegirán 28 convencionales para redactarla.
La palabra que ordena todo el proceso es escuchar. No es un adorno: es la condición para que la Carta Orgánica no sea un texto frío, sino una herramienta viva para la ciudad. Si Rosario quiere construir su futuro, primero tiene que aprender a dialogar.
El dato no es menor: 28 convencionales van a redactar la primera Carta Orgánica de Rosario. Eso significa que la ciudad va a tener una instancia propia para ordenar sus reglas, sus decisiones y su manera de gobernar. No es un trámite: es una transformación.
Pero el camino no empieza en 2027. Empieza ahora, cuando corresponde pensar cómo llegar a ese momento. La autonomía ya está declarada, pero la Carta Orgánica todavía no existe. Entre una cosa y la otra hay un espacio enorme para el debate, la participación y la responsabilidad.
La pregunta que queda en el aire es simple y difícil: ¿cómo se construye una Carta Orgánica que realmente represente a Rosario? No alcanza con convocar a 28 convencionales y esperar que el texto salga solo. Hace falta un proceso que escuche, que explique, que discuta y que no se quede en las palabras.
Hay una tentación que conviene evitar: tratar la Carta Orgánica como un asunto de especialistas. Puede haber técnica, puede haber forma, puede haber orden jurídico, pero el fondo es político. Es la ciudad decidiendo cómo quiere organizarse. Por eso, la escucha no puede ser un gesto: tiene que ser un método.
También hay que ser claros: la autonomía no resuelve todo. Abre una puerta, pero no garantiza que el debate sea sano, amplio ni profundo. La Carta Orgánica va a poner sobre la mesa temas que hoy están dispersos, incompletos o postergados. Ahí va a verse si Rosario está a la altura de su propia historia.
El 2027 se va a llegar con una pregunta de fondo: ¿se construyó un proceso que realmente escuchó a Rosario? O se armó una convención más para cumplir un trámite. La diferencia no es menor. Una Carta Orgánica no es un papel: es la manera en que la ciudad se ordena, se decide y se proyecta.
La Rosario que viene no se escribe sola. Se escribe con debate, con escucha y con la decisión de no postergar lo importante. La autonomía ya está; ahora viene la parte más difícil: convertir esa Carta Orgánica en una herramienta real para la ciudad.
Comentarios (10)
Deja tu comentario
Por fin Rosario puede decidir sobre sus propios asuntos. Ojalá el debate no se quede en discursos.
Siempre prometen escuchar y después se decide en los pasillos. Veremos.
No todo es pesimismo. Al menos ahora hay un marco de autonomía declarada.
La pregunta es cómo se va a organizar la elección de los 28 convencionales en 2027.
Me parece clave que la discusión empiece ahora, no recién en 2027.
28 convencionales es un número importante. Que no sean todos del mismo lado.
Exacto, si no hay diversidad de miradas la Carta Orgánica sale copypasta.
La frase de escuchar a la ciudad suena bien, pero hay que ver cómo se concreta.
Claro, la escucha no puede ser un slogan. Tiene que tener instancias reales.
Otra vez se habla de futuro y nadie explica el presente. Pero bueno, hay que bancar el proceso.